Documentalistas perseguidos

Hace un par de años, unos secuaces del príncipe de Arabia Saudita agarraron a un periodista, Jamal Kashoggi, y lo trituraron dentro del consulado que tienen en Turquía. Kashoggi había ido a hacer unos trámites para casarse, pero lo metieron a una bolsa en pedazos y lo hicieron desaparecer. La verdad es que se mandaron un tremendo asado para camuflar todo, parece, porque ese día está registrada una compra de más de 30 kilos de carne en el consulado. Eso es lo que dice la CIA, al menos. La polola nunca supo de él, debe haber quedado sola esperando algún taxi afuera. Era una «amenaza para el reino»: escribía demasiado en el Washington Post. Mejor callarlo. La cosa es que ahora salió un documental, El Disidente, explicando todo esto, y tuvo varios problemas para ser distribuido. Eso es lo que hacen estos países autoritarios: censurar —además de matar—. Y lo mismo le ha pasado al documental sobre el coronavirus, Coronation, del artista Ai Weiwei, que China prohíbe allá, gracias a su censura oficial, pero también en Occidente, gracias a con su poder de compra.

“Jadue, principal aliado de China acá a través del Partido Comunista, se pasea “moderado” por radios y matinales ofreciendo republicanismo cuando ni siquiera cree en el periodismo”

Hace unos meses apareció un paper sobre «estudios asiáticos» que me nombraba a mí, un piñufla columnista, como difusor del racismo contra los chinos en Chile y Latinoamérica. No sé cómo pueden a llegar a semejantes delirios. Tengo los mejores recuerdos de los estudios escolares sobre la civilización china y sus dinastías —y especialmente de Qin Shi Huandi—, así que por suerte ya viajé meses creyéndome Marco Polo por pueblos empedrados y llenos de puentes arqueados como Lijiang. Las autoras del estudio se basan en una carta en la que yo criticaba el confundir la crítica a un régimen dictatorial como el del Partido Comunista —secretista, protectores del rapto y esclavización de niños para construir hornos, censores y generadores de amnesia forzada— con la crítica a una raza. Sinofobia le pusieron, una falsedad total, aunque una técnica retórica común: en Inglaterra le dicen xenófobo al historiador Niall Ferguson, siendo que está casado con una negra escapada de Somalia. No falta que luego empiecen a aparecer «estudios latinoamericanos» asociando las críticas al «socialismo del siglo XXI» con un racismo contra venezolanos o argentinos. Quién sabe, ya debe nadar algún tesista mareado en Francia haciendo esas conexiones, no me extrañaría.

Lo peor es que la gente lo cree. Lo que pasaba en Venezuela demoró años en ser reconocido. Jackson y Boric lo defendían sin matices. ¿Qué habrá que esperar con esto otro? Jadue, principal aliado de China acá a través del Partido Comunista, se pasea “moderado” por radios y matinales ofreciendo republicanismo cuando ni siquiera cree en el periodismo. No es inofensivo ni buena onda: no cree en libertades básicas, y menos en la de expresión. Amnésicos todos. Inentendible que ese partido no tenga la misma mala percepción que la dictadura de Pinochet o el nazismo.

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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
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