Desobediencia civil

Señor Director:

El término “desobediencia civil”, que tantos han invocado últimamente, fue popularizado por el intelectual norteamericano Henry David Thoreau en el siglo XIX. Thoreau era un libertario que veía en el Estado una fuente inagotable de males sociales e injusticias y que propuso el concepto de “desobediencia civil” para justificar, ante todo, una rebeldía pacífica ante el cobro de impuestos. Él mismo ejercería esa rebeldía terminando en la cárcel como consecuencia.

Más aún, la forma en que los políticos atacaban el mercado y el comercio, dijo Thoreau, permitía pensar que “si uno juzgara a estos hombres solo por los efectos de sus acciones y no en parte por su intenciones, merecerían ser clasificados y castigados con aquellos maleantes que obstruyen las vías del ferrocarril”.

Así las cosas, si quienes hablan de desobediencia civil realmente quisieran tomar en serio este concepto, en lugar de polarizar, atacar el mercado y proponer mayor control e intervención del Estado, se unirían y exigirían que este se retire, especialmente, de la vida económica. Pero esto no ocurrirá porque, como dijo el mismo Thoreau en su ensayo “Civil Disobedience”, “nuestros legisladores no han aprendido el valor del mercado libre, de la unión y de la rectitud para una nación”.

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