Democracia en Jaque

De un tiempo a esta parte, hemos asistido a un fenómeno preocupante y que debería hacernos volver tras nuestros pasos o al menos reflexionar hacía donde nos dirigimos. Sucede que en Chile la democracia está en jaque, tal como en el ajedrez, por una espiral de violencia como también por el constante salto de nuestras propias reglas. Son variados los ejemplos del primer caso: al ex diputado Jaime Bellolio (UDI) lo amenazan de muerte por defender con argumentos su voto en contra del retiro de 10%, el senador Ricardo Lagos Weber (PPD) promovió una indicación para evitar la regresividad tributaria del proyecto siendo funado y amenazado -al punto que, entre otras razones, prefirió retirar la indicación-, por último el diputado Matías Walker (DC) también fue amenazado de muerte -siendo uno de los principales gestores del ruin proyecto en cuestión-.

Téngase presente que una democracia en que nuestros representantes son amenazados por las razones que esgriman en el hemiciclo o por el fundamento de sus votos, no tiene ningún futuro y nos acerca a pasos agigantados a una sociedad dominada por mafias o agrupaciones armadas o violentas de civiles. La deliberación democrática sujeta al revólver o a las shitstorms o “tormentas de mierda” de los enjambres virtuales de las redes sociales, de las cuales hace mención el filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

Téngase presente que una democracia en que nuestros representantes son amenazados por las razones que esgriman en el hemiciclo o por el fundamento de sus votos, no tiene ningún futuro y nos acerca a pasos agigantados a una sociedad dominada por mafias o agrupaciones armadas o violentas de civiles.

Nuestras propias reglas democráticas también están en jaque. Lo ocurrido con el postnatal de emergencia, el no corte de servicios básicos, el retiro de fondos previsionales -junto al venidero “impuesto a los súper ricos”-, no es más que la muestra clara de que no importa la iniciativa exclusiva del presidente de la República, ni la Constitución ni las leyes. Nadie desconoce que detrás de tales iniciativas subyacen problemas sociales presentes en buena parte de los chilenos, pero de ahí a la forma en que fueron abordados existe un abismo de distancia y un ninguneo a las reglas del juego democrático inaceptable. Resulta paradójico que los ciudadanos tengamos que cumplir al pie de la letra las normas, y en cambio, los congresistas de oposición -y una buena parte de RN y UDI- deciden saltárselas como si de competencia olímpica de salto se tratase. Esto solo contribuye a un clima social en el que prima el actuar a exclusiva propia voluntad sin respeto a nada ni a nadie. Recordemos a Cicerón “para ser libres hay que ser esclavos de la ley”.

Por último, creo que asistimos a un fenómeno de expansión creciente, vinculado a los dos mencionados, y que ha empapado la esfera pública el último tiempo, pues estamos viviendo un diálogo de sordos. En él existe soberbia, indisponibilidad de oír a adversarios y un abandono de las normas. Como diría el filósofo Ortega y Gasset en la rebelión de las masas “quien quiera tener ideas necesita antes disponerse a querer la verdad y a aceptar las reglas del juego que ella imponga. No vale hablar de ideas u opiniones donde no se admite una instancia que las regula, una serie de normas a que en la discusión cabe apelar. Estas normas son los principios de la cultura. No hay cultura donde no hay normas a que nuestros prójimos puedan recurrir. No hay cultura donde no hay principios de legalidad civil a que apelar. Cuando faltan todas esas cosas no hay cultura; hay, en el sentido más estricto de la palabra, barbarie”.

La barbarie ha puesto a nuestra democracia en jaque, es momento de mover las piezas.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: