DELTAS, DE SASCHA HANNIG

“Deltas cuenta la historia de Gabriela Huck, una chica que puede viajar en el tiempo a través de los sueños, y que es perseguida por la orden de los Deltas, aquellos que han dejado de existir. La novela está basada en un Chile alternativo, en la democracia ha sido tergiversada y solo ha habido un presidente desde el regreso a la democracia”.

Lo anterior es la descripción de contratapa de la nueva novela de Sascha Hannig. Precoz escritora fantasía chilena, debutó con su primer libro Sombras de venganza a los 14 años, y a al año siguiente comenzó su saga de libros steampunk ambientada en el universo de Allasneda.

Ahora, con su quinto libro publicado, nos ofrece la mezcla perfecta de InceptionDr. Who y El Ministerio del Tiempo. Toca los mismos temas: sueños, viajes en el tiempo, y las paradojas temporales, y los lleva mucho más allá.

La primera página describe una escena muy visual, con una chica hablándole a una cámara, e inicia una narración casi pensada para guion de película, pero a la vez con una pluma poética y sensitivamente provocativa. A partir de aquí, la protagonista salta por distintos tiempos, lugares y escenarios. “¿Están confundidos mientras leen esto? Imagínense como soy yo”, llega a decir la narradora. Una frase que resume muy bien los primeros capítulos.

Esta es una historia adrenalínica, ambientada en distintas partes del mundo y con diálogos en distintos idiomas (se nota que la escribió una persona políglota y cosmopolita). En ninguna página la protagonista tiene un descanso. Gabriela se la pasa durmiendo, pero en ningún minuto descansa –por paradójico que suene-. Me dejó un sabor similar a la serie sesentera El túnel del tiempo, donde los protagonistas, al final de cada capítulo, apenas terminaban su aventura, eran transportados a otra época, donde una nueva amenaza dejaba el cliffhanger perfecto hasta la próxima semana.

La novela es muy ingeniosa con las paradojas temporales, y se maneja hábilmente con los códigos de una distopía y de las ucronías, parodiando los lugares comunes y dándoles una vuelta de tuerca. Pasando por el asesinato de Hitler y de Kennedy, y evitando referirse a Allende y Pinochet por “trillados” –sale literalmente esa palabra-.

No es una distopía adolescente como Los juegos del hambre, donde la joven heroína salva al mundo. De hecho tiene un final más bien orwelliano, similar a Fatherland. Quizás el mayor referente aquí es El Hombre en el castillo. La existencia de mundos alternos, o de varias líneas de tiempo en paralelo, es algo que bebe claramente del I Ching descrito en la obra de Phillip K Dick.

Como describe la contraportada, esta es una ucronía distópica (como casi todas las ucronías) ambientada en un 2015 alternativo, con un Chile regido desde 1992 por una dictadura izquierdista con tintes del orteguismo en Nicaragua (el país que describe no es tan pobre como para calificarlo de “Chilezuela”). Hannig escribió este libro antes de la pandemia y el 18 de octubre, pero la polarización que describe en sus páginas y el linchamiento social que sufren sus personajes hoy son algo bastante real. Aquí puso mucho de su propia experiencia como dirigente estudiantil, y de su trabajo en la Fundación Para el Progreso.

La metáfora política es más menos obvia: los deltas, no-muertos o cuasifantasmas de gente que dejó de existir por cambios en la línea de tiempo, se enfrentan a una orden de deltas malignos que controlan la aún vigente Unión Soviética, y alteran la historia a su merced para mantenerse en el poder. Los deltas buenos vienen a ser los disidentes de las reales dictaduras izquierdistas. No es casualidad que en los agradecimientos, la autora dedique este libro “a todos los disidentes que luchan hoy contra los verdaderos Deltas Rojos de la tierra”.

Es fácil malinterpretarla y tomar esto como un libro de propaganda, pero hay que reconocer que esto ha sido una constante en la obra de Hannig: desde Allasneda, que sus villanos son un gobierno autoritario o fuerzas oscuras que amenazan la libertad de los personajes.

Más que a los gobiernos de izquierda, su crítica apunta a las autocracias, sean cuales sean. El tema de la libertad es transversal a todo el libro, así como el conflicto entre el bien y el mal, entendidos como algo universal y apolítico, como plantea desde el epígrafe del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn.

Destacar también el uso de epígrafes de la misma autora al inicio de cada capítulo, anunciando que tratará temas como el libre albedrío en las siguientes páginas o la relativización de la moral. Nadie es enteramente bueno o malo en los libros de Hannig, siempre hay distintas escalas de grises –evita las caricaturas con el mismo ahínco que se ríe de los clichés-, confiriéndole complejidad y un ágil desarrollo a cada uno de sus personajes, dando pie a desenlaces trepidantes e inesperados.

En suma, Deltas es una novela tan política como alucinante. Una historia de aventuras y de reflexión. Para correr y devanarse los sesos. Una distopía un tanto oscura, no recomendable en tiempos en que vivimos una real distopía –pensando especialmente en los melancólicos-, pero sí para los interesados en leer un interesante refresh del género, con experimentos narrativos y personajes que rompen la cuarta pared incluidos.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación:

 

"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

Súmate a la FPP Dona Suscríbete

 
Escríbenos a través de Whatsapp
¡Chatea con nosotros! 👋🏼