Del Chile Day al 21 de mayo: “Oh, my God!”

Nuestra Presidenta, con buena parte de la élite financiera, ha regresado de Inglaterra. El gobierno inglés no se veía tan aliviado por haber resistido una amenaza a su subsistencia como nación desde que hundieron al “Bismarck”.

Precedidos por su fama de haber paralizado la economía chilena en 24 meses, el despegue de nuestra Presidenta y su equipo del aeropuerto de Heathrow les causó a los ingleses la misma sensación que el silencio después del cese del zumbido de los Heinkels y Junkers en la Batalla de Inglaterra.

Nuestra Presidenta le habría explicado a su par británico cómo se podía alterar la paz social, desintegrar un sistema educacional y frenar una economía en dos años. En un emotivo discurso, le señaló que se sentía la Winston Churchill de la economía chilena, pero en versión mejorada. Porque su gobierno, además de ofrecernos sangre, sudor y lágrimas, nos agasajaba con estancamiento, cesantía y déficit fiscal.

En la delegación iba el ministro Valdés escuchando en sus audífonos su nueva y favorita melodía de los Beatles: “I am the taxman”. El ministro venía algo frustrado porque había querido exportar a los ingleses el concepto de “renta atribuida” y de crédito semiintegrado. Pensaba que si los ingleses eran capaces de manejar por la izquierda y entretenerse con el cricket, tenían la habilidad natural para entender nuestro nuevo sistema tributario. El Lord of the Exchequer, en un gesto muy diplomático, le habría comentado: “Gracias, pero no gracias”, evocándonos esa elegante definición británica: “Diplomacy is the art to tell a person to go to hell in such a way he looks forward to the trip” (La diplomacia es el arte de mandar una persona al infierno de manera que se muestre deseosa de hacer el viaje).

Y así volvió nuestra Presidenta a un nuevo 21 de mayo, en un discurso menos refundacional y más presidencial. La noté más calmada, más delgada y menos arrogante. Le hizo bien regresar de un país civilizado donde existe diálogo, sentido del humor y respeto por el prójimo. Parece que después de pasar la retroexcavadora se dio cuenta de que necesita reconstruir y gestionar sobre las ruinas, lo que es mucho más difícil. Se acordó de que gobierna para todos y los va a necesitar a todos para que le arreglen los autogoles tributario, educacional y laboral.

Pero más allá de las cifras -que podrían subir a internet y hacer un discurso de 20 minutos-, son buenas noticias que haya menos arrogancia y más humildad, menos ideología y más realismo, y más preocupación por el empleo que por castigar a los que emplean.

Ojalá en Inglaterra hubiera aprendido algunas cosas muy útiles como que no es necesaria tanta modernización constitucional para desarrollar un país. Los ingleses se las han arreglado lo más bien con la Carta Magna de 1215 y el Bill of Rights de 1689 para tener una democracia estable y un sistema de libertades que son la envidia del mundo libre.

Después de los saqueos de ayer en Valparaíso confiamos en que siga el ejemplo de Cameron después de los disturbios de Londres, en que respaldó sin remilgos a la policía y sancionó a más de mil manifestantes.

Finalmente, ojalá haya aprendido que leyes laborales antiempresa y antiempleo, promulgadas en Inglaterra después de la 2ª Guerra Mundial, postraron su economía, y enfrentaron huelgas gigantescas para derogarlas, lo cual Chile debe evitar.

Estoy seguro de que si nuestra Presidenta sigue el ejemplo inglés, con justa razón y sin falso orgullo, los ingleses querrán llamarse a sí mismos “los chilenos de Europa”.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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