Déjà vu

La descentralización se ha vuelto un déjà vu. Deja una sensación de que, al parecer, se ha escuchado o visto antes. ‘Similitudes que soñás, lugares que no existen, pero vuelves a pasar’, diría Gustavo Cerati. Ha vuelto a resonar en razón de que, desde La Moneda, presentarán una ley corta con la cual producir modificaciones al actual diseño de los gobernadores regionales.

El Subsecretario de Desarrollo Regional (Subdere) Claudio Alvarado, junto a un Consejo Asesor transversal en representación política, lograron acuerdos respecto de materias grises o difusas. Temas como auditorías, traspaso de competencias, funciones de gobierno interior y emergencia, son algunos de los puntos que cuentan con luz verde para su posterior aprobación en el poder Legislativo. El nuevo cargo tiene por delante un desafío encubierto.

Deberá enfrentar los micro centralismos que cada región posee. Al respecto, el ex presidente Ricardo Lagos señala en su libro ‘En vez del pesimismo’: ‘Chile tiene ocho grandes ciudades donde vive casi el 55% de la población. Representando el 65% de su economía. Santiago, Gran Concepción y Viña del Mar-Valparaíso, por si solas tienen más del 45% de la población y aportan más del 55% del PIB’.

La descentralización deberá partir por casa y en cada región. Al interior de ellas mismas existe una alta concentración y es un fenómeno preocupante del cual no escapan las capitales regionales.

Así las cosas, la descentralización deberá partir por casa y en cada región. Al interior de ellas mismas existe una alta concentración y es un fenómeno preocupante del cual no escapan las capitales regionales.

Para ello, parece necesario comenzar a repensar sus facultades, en aras de problemáticas como la distribución de presupuestos regionales, desarrollo de proyectos y la concentración de población, etc. Variables que inciden en destrabar la excesiva centralización del país y el progreso regional.

El cargo ha estado en constante revisión y no puede ser objeto de improvisación. A raíz de que no puede desaprovecharse una oportunidad de dar un paso en favor de empoderar a las regiones del país. De proceder a contrapelo, se juega con la posibilidad de generar una nueva frustración en la población de parte de nuestro sistema político. En tiempos en que la política se encuentra con altos índices de desconfianza y deslegitimada según la última encuesta CEP, se podría estar jugando con fuego.

Todo ello deberá ser abordado por el Congreso Nacional en marzo próximo. Queda un escaso margen de tiempo para las reformas de la ley corta y mucho paño que cortar. Es tiempo de sellar el proyecto de una vez por todas, otorgando certeza a electores y candidatos. Consensuar un diseño institucional que se haga cargo de los requerimientos de descentralización efectiva y de los desafíos que la tarea implica, cubriendo ambos frentes, es el reto a cumplir. El tiempo se agota.

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