Defensa de la geometría

Hace unos años, cuando la educación era el problema —parece que hoy ya no lo es—, hubo grandes discusiones acerca de la importancia de enseñar Historia, e incluso Filosofía, en los colegios. Los honorables diputados parece que estaban preocupados del pensar. Sin embargo, además de la deprimente desinformación que había, faltó quizás en esa discusión, o en una mucho anterior, la verdad, discutir la importancia de la geometría. A pesar de lo popular de la polera con el famoso dibujo de Leonardo sobre la simetría humana, creo que la geometría tiene menos relevancia de lo que merece. Y nos podría haber salvado del caos.

Al histórico error simétrico de pensar que las personas son malas cuando trabajan en empresas pero que, de repente, cuando entran al Estado, se transforman en ángeles preocupados por los demás —como en el Sename, tal vez—, se sumó otro: la violencia habría que aceptarla, ya que produce cambios (pero solo los que yo quiero). Bien vale la pena entonces salir a destruir la ciudad por mis causas. Esto olvida la simétrica conclusión de que eso valida la aparición de otros personajes, a veces con otras causas, a veces con otras armas, o a veces contra mí. ¿Y quién ganaría? Simplemente el más fuerte. El humorista Daniel Alcaíno justificó la violencia como ‘hecho de la causa’ debido a la ‘concentración de la riqueza’. ¿Deberían entonces sublevarse violentamente sus compañeros de set, ya que él se lleva casi todos los morlacos del programa con sus shows cuya única gracia es la desfachatez para decirle gordo al obeso, ladrón al embaucador y católico al católico?

La violencia habría que aceptarla, ya que produce cambios (pero solo los que yo quiero). Esto olvida la simétrica conclusión de que eso valida la aparición de otros personajes, a veces con otras causas, a veces con otras armas, o a veces contra mí. ¿Y quién ganaría? Simplemente el más fuerte.

Sobre esta mínima conciencia cívica escolar ya alegaba Joaquín Edwards Bello en 1930: “La verdadera causa que hizo ingobernable a nuestra patria [es] la excesiva instrucción superior y la escasa instrucción media [ya que] llenan al país de inútiles, descontentos y anarquistas”. Ojalá lo hubiesen leído Atria y compañía cuando, obsesionados con universidades y colegios privados, cayeron en otro error de simetría, o de lógica más bien. Dice la leyenda que un emperador romano hizo un concurso entre dos cantores. Después de escuchar al primero, le dio inmediatamente el premio al segundo. Es imposible que este cante peor que el primero, dijo. Así funcionan los ingenieros sociales. No hay que reformar, hay que retro-excavar porque es imposible que se logre algo peor. Grave error. Al reciente amarre y desfinanciamiento de las universidades que ha provocado la reforma estrella, ahora se suma un preocupante futuro para la educación escolar. Estudios preliminares presentados por Sylvia Eyzaguirre y Manuel Villaseca, del CEP, dicen que la reforma escolar perjudicó a muchos alumnos pobres, segregó más el sistema, e hizo crecer la participación de la educación particular privada del 7% al 10%. Las famosas buenas intenciones.

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