Publicado el 01.10.2021

Debate de Cartas: Aborto y neoliberalismo.

El pasado 29 de septiembre, nuestro Director Ejecutivo Fernando Claro, escribió en El Mercurio una carta al director titulada “Aborto y neoliberalismo”, en respuesta a la carta “Evitar el nuevo triunfo del yo” de Daniel Mansuy en el mismo medio. A partir de esto se produjo un debate sobre la despenalización del aborto y el Neoliberalismo, que incluyó a más personajes del debate público como Agustin Squella y Antonio Bascuñan.

Revisa este interesante intercambio de argumentos sobre el tema:

Daniel Mansuy: “Evitar el nuevo triunfo del yo”

Publicada en El Mercurio, 28.09.2021

Señor Director:

Hoy se vota en la Cámara de Diputados el proyecto que legaliza el aborto sin expresión de causa hasta las 14 semanas de gestación.

Es importante no perder de vista las enormes implicancias de la medida. En concreto, autorizar esta clase de aborto supone negar que hay un “otro” involucrado, “otro” que merece respeto y cuya dignidad exige ser considerada a la hora de legislar. En otras palabras, este proyecto refuerza la idea según la cual solo existen el individuo y sus derechos, y que nada —ni la vida de un tercero inocente— puede interponerse en esa autoafirmación de sí.

Si acaso es cierto que existe algo así como el neoliberalismo, estamos sin dudas frente a una de sus manifestaciones culturales más explícitas.

En efecto, ese “otro” ha salido a tal punto del horizonte que ya ni siquiera hay un reconocimiento de la dimensión trágica de la situación (como lo ilustran a la perfección algunas intervenciones de parlamentarios favorables al proyecto). Los congresistas aún están a tiempo de evitar un nuevo triunfo del yo.

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Fernando Claro: “Aborto y neoliberalismo”

Publicado en El Mercurio 29.09.2021

Señor Director:

Estuve seis años estudiando Economía en la Pontificia Universidad Católica, una escuela lamentablemente más “Chicago” que la misma Chicago y nunca, pero nunca, se nos enseñó la palabra “neoliberalismo”.

Nadie entiende qué significa ese término porque se usa para describir un sinfín y contradictorio universo de significados y responsabilidades. Siempre lleva a equívocos, por más que quien la utilice tenga algo claro en su cabeza. De hecho, su significado original a principios del siglo XX es contrario a la mayoría de los que se le asignan hoy.

El punto es que ahora Daniel Mansuy le suma ayer, en su diario, otra responsabilidad a ese “neoliberalismo”: la ley de aborto. Lamentable. Estas retóricas solo ensucian la deliberación pública y generan diálogos de sordos. Falta que le asignen ser responsable por la erupción del volcán Chaitén o el hacer florecer el Desierto Florido —ver la delirante idea del Ministerio de Agricultura; esperemos sea algo acotado—. Ya me veo a Mayol escribiendo sobre esto y a otros criticando la soberbia humana de querer dominar la naturaleza desafiando a los dioses.

Ojalá, en todo caso, que se apruebe esa ley; ya está bueno con la incivilidad de andar persiguiendo a mujeres para encarcelarlas por tener otras creencias metafísicas. Nadie celebra un aborto, muchas veces una tragedia, pero hay mucha gente que cree que ahí no hay otro; menos al día después, a la semana o al mes. Y si sobre esto último hay tantas dudas, como las bibliotecas escritas al respecto lo reflejan, la solución es justamente lo que refleja esta ley. “Ante la duda, abstente”, dicen por ahí parece.

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Daniel Mansuy: “Aborto y neoliberalismo”

Publicado en El Mercurio 30.09.2021

Señor Director:

Fernando Claro sugiere en carta publicada ayer que, ante las dudas respecto del estatuto moral del no nacido, lo recomendable sería aprobar el aborto. Ya que no podemos ponernos de acuerdo, nos dice Claro, entonces dejemos que cada cual haga lo que desee.

No resulta difícil advertir el escollo del argumento. Bajo esa lógica, por mencionar un ejemplo significativo, habría sido imposible abolir la esclavitud. Supongo que el argumento de Fernando Claro habría sido: no tengas esclavos si crees que tienen dignidad, pero no intentes imponer tu verdad a quienes discrepamos. En rigor, el debate público se vuelve inviable si seguimos su consejo. La discusión supone defender posiciones que se consideran mejores o peores, promover o rechazar cursos de acción y explicitar los argumentos que fundamentan cada postura —como hiciera Lincoln—.

En el caso concreto que motiva esta polémica, si hay duda razonable sobre la dignidad del no nacido, corresponde protegerlo en lugar de atentar contra su vida. Hay algunos dilemas morales que no admiten la neutralidad, y el aborto es uno de ellos. Defender la primacía absoluta de los deseos individuales —si acaso existe, el neoliberalismo consiste en aquello— puede ser lícito, pero no nos exime del deber de responder quiénes merecen ser considerados individuos titulares de derechos. Muy por el contrario, nos obliga a justificar cualquier exclusión de un grupo determinado de la comunidad humana.

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Fernando Claro: “Aborto y neoliberalismo”

Publicado en El Mercurio 01.10.2021

Señor Director:

El principio de abstenerse ante la duda se aplica cuando se busca proteger a un humano sujeto de derecho, incluso cuando existe una probabilidad de que esté ahí o allá. Ahora, la pregunta de cuándo el subgrupo (de edad) de la especie humana es efectivamente sujeto de derecho se responde, hoy, en función de un continuo biológico que parte desde la concepción. Si no, usar la pastilla del día después sería jugar a la ruleta rusa con un niño y, como legislador, habría entonces que prohibirla, poner penas de cárcel a las mujeres que la utilizan y desde ahí argumentar.

Así, en un Estado laico, decidir la fecha en ese continuo de tiempo no tiene solución más que aproximada, tanto científica como arbitrariamente. Una lástima, pero una desgracia para otras creencias. Por lo tanto, este principio no tiene sentido de ser aplicado para proteger células, o sangre para una transfusión, en función de que puedan estar acompañadas de un fantasma o no. Sí tiene sentido aplicarlo para proteger a una mujer hecha y derecha: no se le puede encarcelar por haber eliminado unas células que, tal como la sangre, puedan estar, quizás, y nadie sabe ni sabrá, acompañadas de un fantasma.

Respecto del ejemplo de la esclavitud que da Daniel Mansuy: no había duda. Otro subgrupo de la especie humana, las mujeres, al igual que los negros, tampoco eran sujeto de derecho en base a creencias similares e invenciones de dudas —y aún lo son en algunas sociedades—. Por suerte la ciencia, que eliminaba esa duda, y el liberalismo, reconocieron como iguales y sujetos de derecho a negros y mujeres.

Y en relación con el “neoliberalismo”, que Mansuy define como “primacía absoluta de deseos individuales”, diría que ni los “famosos neoliberales” como Hayek o Friedman, ni Lastarria, ni menos Roger Scruton (a quien Agustín Squella también acusó de “neoliberal”), defendían algo siquiera cercano a eso respecto de los deseos.

Justamente por esto último, y por lo que dije en mi carta anterior, es mejor evitar el uso de esa palabra, usada y abusada por quienes se ven forzados a argumentar sin ajustarse a la ciencia, la verdad y los hechos, e insisten en afirmar que vivimos en un infierno terrenal.

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Agustin Squella: “Aborto y neoliberalismo”

Publicado en El Mercurio 03.10.2021

Señor Director:

Compruebo con satisfacción que el neoliberalismo haya aparecido en el debate sobre el aborto. Todo un logro, puesto que tratándose de una de las versiones teóricas y aplicaciones prácticas del liberalismo, por lo demás muy exitosa en el último medio siglo, hasta hace poco se negaba su existencia como tal o se lo veía solo como una mala palabra que usaban los detractores del liberalismo en general (Vargas Llosa y casi todos nuestros neoliberales criollos piensan esto último).

Hemos avanzado entonces: ahora la discusión no es sobre la existencia del neoliberalismo, sino sobre quiénes fueron o son sus principales teóricos, cuáles los gobiernos que en Chile o en el mundo han aplicado o aplican lógicas neoliberales, y en qué consistiría su influencia en la despenalización del aborto.

Y en cuanto a la afirmación de Fernando Claro acerca de la filiación que hago de Roger Scruton como neoliberal, haré una sola aclaración: sí, neoliberal, pero, sobre todo, un reaccionario.

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Antonio Bascuñan: “Aborto y conservadurismo”

Publicado en El Mercurio 04.10.2021

Señor Director:

La discusión que se ha dado en los últimos días acerca del aborto muestra dos conservadurismos bien diferentes: el de José Joaquín Ugarte y el de Daniel Mansuy. El profesor Ugarte argumenta dentro de un sistema bien ordenado de principios, conceptos y categorías. Eso transfiere la discusión a la validez de sus premisas. En ese nivel no se puede decir que cuente con recursos seguros. De Mansuy no se sabe cuál sea su horizonte de referencia, salvo por su hostilidad pueril a lo que él considera neoliberal.

¿Por qué cabría asignar personalidad al embrión o feto nonato? El solo argumento de la pertenencia a la especie humana es reconocidamente insuficiente, porque la dignidad personal del ser humano se afirma en ciertas propiedades que este posee. Es indispensable unir el argumento de la pertenencia a la especie a otras consideraciones. El sistema del profesor Ugarte provee esa conexión: la relación metafísica entre la especie, la forma y el alma racional. El problema es la actual validez cultural de ese sistema.

¿Mansuy es también un aristotélico-tomista riguroso? Si lo es, se cuida de mostrarlo, porque pasa por interlocutor dúctil en el mundo de la cultura posmoderna. Se refugia en el argumento débil del principio precautorio, sin reparar en la intensidad y selectividad de la carga que ese argumento impone a la persona embarazada.

¿Por qué cabría imponer a la persona embarazada el deber de tolerar el embarazo? El solo argumento de que de lo contrario se mataría al embrión o feto anidado es reconocidamente insuficiente, porque de la prohibición de matar a otro no se deriva el deber de tolerar la invasión del propio cuerpo para asegurar su supervivencia. El sistema del profesor Ugarte provee un fundamento: tanto la inclinación natural a la reproducción sexual como los presupuestos naturales de la presencia de seres humanos vivos en el mundo demuestran que el deber de tolerar el embarazo es una norma moral derivada del orden cósmico. De nuevo, el problema es la validez de ese argumento cosmológico en el contexto de una sociedad moderna, ordenada prioritariamente conforme a criterios de distribución de autonomía mediante prohibiciones de daño.

¿Mansuy también deriva imperativos morales del orden del cosmos? Si lo hace, lo encubre. Y de la manera más grotesca: calificando la decisión de interrumpir el embarazo como mera gratificación de un deseo. En el argumento del profesor Ugarte, al menos hay un reconocimiento de la dignidad asociada a la carga impuesta por el embarazo. En el de Mansuy, pura banalización. Misoginia pura.

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Daniel Mansuy: “Posición sobre el Aborto”

Publicado en El Mercurio 05.10.2021

Señor Director:

Agradezco los denodados esfuerzos del profesor Bascuñán por determinar la naturaleza de mi posición respecto del aborto. Si lo entiendo bien, su propio argumento se funda en una descripción del embarazo como una “invasión” del cuerpo, que puede ser rechazada sin expresión de causa. Sin embargo, en ese argumento subyacen ciertos supuestos que resultan al menos discutibles. Bascuñán concibe lo humano desde la óptica exclusiva de la autonomía (todo lo que atente contra ella será una “invasión”), pero también puede pensarse que nuestra autonomía no puede escindirse de un hecho elemental: somos animales dependientes.

Dicho de otro modo, nuestra autonomía es ciertamente un bien muy valioso, pero no se erige sobre la nada. Los hombres nos necesitamos, y hay razones para suponer que ese hecho funda algunos deberes recíprocos. Sobra decir que el feto —como el anciano y el recién nacido— ilustra a la perfección esa realidad. Hay en él una promesa de libertad, pero desde la total dependencia. El feto puede verse, más que como un invasor injusto, como un reflejo de la dignidad, que subsiste con mayor fuerza allí donde hay mayor dependencia (dicho sea de paso, puede notarse acá la paradoja en la que incurre la izquierda al asumir premisas tan radicalmente individualistas). No hay acá ningún desprecio por la mujer embarazada; muy por el contrario: si en ella reside el origen de la vida, deberíamos darle especial asistencia en lugar de descartar una vida humana.

Pero Bascuñán no solo desatiende estos datos banales. Además, no provee ningún motivo suficientemente fuerte como para excluir al feto de la comunidad humana. Se limita a afirmar que la dignidad solo puede afirmarse en conjunto con “ciertas propiedades” —que no se molesta en precisar—. Se trata de un argumento elástico, y que remite a dudosas condiciones culturales: ¿quién sería el encargado de determinar esas propiedades? ¿Cuál sería el catálogo, quiénes quedarían dentro? ¿No conduce esto a la justificación del infanticidio, defendido por Peter Singer?

Lamento, señor Director, no haber multiplicado en este texto las etiquetas y epítetos que tanto preocupan al profesor Bascuñán: intuyo que ese lenguaje oscurece más que aclara estas discusiones.

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Fernando Claro: “Aborto y neoliberalismo”

Publicado en El Mercurio 06.10.2021

Señor Director:

Agustín Squella describe al inglés Roger Scruton como un “neoliberal”, reflejando bien el problema al que me refiero cuando critico a Daniel Mansuy por utilizar esa palabra.

Repito: después de estudiar seis años economía en una “escuela neoliberal”, nunca, pero nunca, vi esa palabra. Es un término que nadie sabe qué significa y solo genera diálogos de sordos. Por lo general se emplea, además, para asignarle a ese “neoliberalismo” la responsabilidad por dramas humanos o derechamente intenciones diabólicas como estafar, destruir países (¿como EE.UU., Inglaterra o Argentina?) e incluso para explicar comportamientos individuales como los del “Pelao” Vade (no es broma) o la pobreza en Chile (¿haberla disminuido del 60% al 10%?) y las pocas librerías existentes en Chillán (¿comparado con los años 80?).

Mansuy dice que el “neoliberalismo” defendería la “primacía absoluta de los deseos individuales”. Ya dije que ni Hayek ni ningún famoso “neoliberal” defendía algo siquiera similar, y menos Scruton, a quien Squella cataloga así quizás porque el inglés escribía sobre estética, componía óperas o creía que la solución a la destrucción del planeta yace en las comunidades, similar a Elinor Ostrom, otra mujer quizás “neoliberal”. O a lo mejor lo dice porque Scruton se enojaba mucho con la arquitectura moderna y los edificios de Norman Foster. La verdad, ni idea.

Squella agregó además que Scruton sería un “reaccionario”. Hasta donde yo sé la Monarquía sigue vigente en Inglaterra. Quizás se refiere a que es un liberal-conservador que celebra la libertad económica en pos de cambios. Otra posibilidad es que Squella esté pensando en Francia, como para acercarlo a De Maistre, pero la verdad veo bastante alejado al ilustrado Scruton de este francés profundamente antimoderno, además de que se burla demasiado de los franceses y de sus ideas, a excepción de su comida y vinos —a lo mejor haber escrito el libro “Bebo, luego existo”, puede ser la verdadera razón—.

En fin, lo lamentable es que a Mansuy le dé con usar esa palabra inútil; ello solo rema a favor de los conspiranoides que, sin compromiso con la verdad, insisten en afirmar que vivimos en un infierno terrenal.

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Ignacio Walker: Sobre neoliberalismo

Publicado en El Mercurio, 07.10.2021

Señor Director:

El neoliberalismo es el reduccionismo economicista. Es pretender que la base de la vida social está dada por el individuo que interactúa en el mercado, en el punto de encuentro de la oferta y la demanda. Es entender que la sociedad no existe (Margaret Thatcher) y que el Estado es el problema (Ronald Reagan). Es la política del chorreo (trickle-down economics).

El neoliberalismo debe ser opuesto al liberalismo clásico. Este último es un planteamiento a la vez filosófico, moral, político, social, cultural y económico. El neoliberalismo, a diferencia del liberalismo clásico, es economicista y reduccionista.

El neoliberalismo no es ni filosofía ni ciencia, es ideología. Entre nosotros, el neoliberalismo realmente existente, bajo el experimento de los Chicago Boys, tomó la forma del capitalismo autoritario (mercado más tortura). Desgraciadamente no es una metáfora.

Todo eso es el neoliberalismo.

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Agustin Squella: Lo que significa ser neoliberal

Publicado en El Mercurio 08.10.2021

Señor Director:

Dejando ahora de lado si Roger Scruton fue o no neoliberal, es raro que el lector Fernando Claro afirme que “nadie sabe qué significa neoliberal”. Bueno, que él no lo sepa, y que tampoco se haya encontrado con esa palabra en sus seis años de estudio en una escuela universitaria calificada como tal, son pruebas harto insuficientes para sostener que el neoliberalismo no exista como una de las versiones teóricas y aplicaciones prácticas del liberalismo. ¿No le dicen nada los nombres de Hayek, Becker, Thatcher, Reagan, Clinton y Pinochet? Si hasta gobiernos de la Concertación, si bien compensados con políticas sociales, aplicaron más de una lógica neoliberal.

En las últimas décadas se han publicado, dentro y fuera de Chile, numerosos libros sobre el neoliberalismo, y cuesta aceptar que sus autores hayan escrito acerca de nada, de algo que no existe, como las brujas, duendes y unicornios. Hay no pocos libros de historia del neoliberalismo y puedo dar fe de que no tienen sus páginas en blanco.

Si uno presume de ser liberal (como canta Serrat), ¿qué dificultad puede tener para reconocer que se identifica con una u otra de las varias versiones y aplicaciones de esa doctrina?

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Fernando Claro: Sicario y neoliberalismo

Publicado en El Mercurio 10.10.2021

Señor Director:

No tendría ningún sentido hablar de una “Travesía” si es que los miembros de la Escuela de Arquitectura de la PUCV no se reconocieran tanto en el término como en el hecho. Menos si se dijese que esas “Travesías” abogan por crímenes o renegasen de la poesía. Eso ocurre con el “neoliberalismo”: mentiras y contradicciones, como explica Felipe Schwember (viernes). Un ejemplo de esto es lo escrito por Ignacio Walker, epítome de las vagabundas ideas presentes en los “numerosos libros sobre el neoliberalismo” de los que habla Agustín Squella. Me concentraré en una.

Hace meses, acá, en su mismo diario, J. T. Vicuña, director del Servicio Jesuita a Migrantes, tuvo la desvergüenza de decir que el asesinato cometido por un sicario colombiano era en realidad responsabilidad de “la sociedad”. Una reflexión sensiblera propia de gente buena que solo evade el problema y, lo peor, que apoya la retórica que justifica destruir esa sociedad que se debería proteger y cultivar. Ahora, manifestarse en contra de esta aberrante afirmación no implica decir que la sociedad no existe, sino todo lo contrario. Andar culpando de cualquier cosa a “los ricos”, “los inmigrantes” o “la sociedad” solo difumina causas y responsabilidades, y ha sido históricamente una de las principales técnicas retóricas de quienes, a través de sus mitos y relatos, han destruido sociedades.

La sociedad no tiene responsabilidad de nada, porque no se le puede hacer responder por sus acciones ni está sujeta a la ley. Es, por lo tanto, una ridiculez sentirse bueno y pasearse por el mundo gritando cosas así. A esto justamente se refería Margaret Thatcher cuando dijo esa frase que Walker, de la misma sensibilidad estética que Vicuña, ahora califica como teoría fundamental del “neoliberalismo”. Dice Walker que esta ideología creería en la inexistencia de la sociedad. Esta afirmación es la más divertida de todas las de su carta (jueves). Sobre las otras vaguedades y confusiones conceptuales no me explayaré, pero todas demuestran lo deprimente y analíticamente inútil de ver esa palabra siendo utilizada para explicar fenómenos sociales, incluso por gente parte de la “Concertación neoliberal” que fue incapaz de defender sus luces y reconocer sus sombras ahora que se cae el país.

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.Ag

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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