Debate constitucional

Llega hasta tal punto la banalización del debate constitucional que hoy los partidos gobernantes aprueban el ingreso de un proyecto de reforma por sus “efectos electorales”.

Esto sólo profundiza y agudiza la sensación de vacío en que se encuentra nuestro debate político, pues no interesa la discusión de fondo -en sí ya mezquina y sobreideologizada-, sino que se opta por un pragmatismo exacerbado, en una desespera búsqueda por obtener más votos. En ese ambiente, ¿cómo pretenden hacer una reforma constitucional a largo plazo que sea un fiel reflejo de nuestras tradiciones y que fomente un desarrollo institucional positivo?

La reducción de la actividad política al exitismo electoral es una de las grandes crisis que vive nuestra democracia, donde partidos y dirigentes sólo piensan en su eternización en el poder, mas no el desarrollo de valores y principios de una política responsable.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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