Datos de un terremoto educacional

Es vergonzoso. En medio de unas peleadas elecciones presidenciales, un plebiscito en el que se decidía el destino de nuestra Carta Fundamental, el desconfinamiento (acompañado por la vuelta a clases presenciales) y cese del uso de mascarillas, luego de una larga pandemia y la escalada de violencia que nos afecta a nivel nacional, pareciera que a algunos –y por suerte no a todos– se nos olvidó que las medidas tomadas para contener la crisis sanitaria tienen consecuencias, hasta hoy, también fuera del plano económico.

Desde hace unos meses el tema ha tomado fuerza, y más ahora que el Ministerio de Educación (Mineduc) presentó las muy solicitadas cifras de deserción escolar. Y es que, a nivel global, las medidas de aislamiento han dejado una crisis educacional a su paso. Según el Mineduc, más de 50 mil estudiantes abandonaron el sistema escolar durante el año 2022 y hay casi 1,3 millones de alumnos que registran inasistencia grave. Si bien la deserción escolar antes ya era un problema, según el Centro de Estudios del Ministerio de Educación, el número de niños que de un año a otro pasaron a no estar matriculados es un 24% mayor a la cifra previa a la pandemia.

«Según el reporte de monitores de escuelas en pandemia, publicado por la Universidad de Chile en octubre de este año, 7 de cada 10 directores perciben un deterioro del bienestar emocional en los estudiantes de enseñanza media».

¿Cuál es el motivo del aumento en estas cifras?¿Qué factores han motivado el abandono del sistema escolar y el alza de inasistencias? La verdad es que hay pocos datos al respecto, y parece ser que la causa es multifactorial. Para poner un poco de contexto, según un estudio publicado el 2018, 8 de cada 10 estudiantes que desertan lo hacen por causas ligadas a la pobreza. Según el reporte de monitores de escuelas en pandemia, publicado por la Universidad de Chile en octubre de este año, 7 de cada 10 directores perciben un deterioro del bienestar emocional en los estudiantes de enseñanza media y, según el Mineduc, este año aumentaron en un 43% las denuncias por maltrato físico y psicológico entre estudiantes respecto al promedio del 2019 y 2018. Otro informe, presentado por la fundación Presente, indica que el 44% de los apoderados no cree que la asistencia a clases de sus hijos influya en el cumplimiento de sus sueños y 52% de los estudiantes cree que faltar a clases no afecta en lo que quieren lograr con sus vidas.

Con los datos ya presentados, ¿es la crisis económica el factor determinante por el cual ha aumentado la deserción escolar? ¿Qué tanto de la inasistencia escolar es motivado por el aumento de violencia física y mental dentro de los establecimientos? ¿Cuánto de la inasistencia se debe a las enfermedades respiratorias?

La verdad es que es necesario hacer una estudio profundo al respecto, sin embargo, dadas la amplitud y la urgencia de la crisis, es necesario implementar programas de reinserción escolar al mismo tiempo. También se deben mantener y perfeccionar evaluaciones como la docente y el Simce, con tal de tener una mayor cantidad de datos respecto a la crisis que hoy sufrimos. Y, al mismo tiempo, hacer un llamado a la sociedad civil y a las organizaciones públicas y privadas para levantar datos y concientizar a la ciudadanía respecto a esta problemática.

Cada vez que hemos sufrido catástrofes de esta magnitud, ha sido el fortalecimiento de alianzas público-privadas lo que nos ha llevado a superar de buena forma la crisis. Tal vez no sea necesario inventar la rueda para salvar a esta generación de estudiantes.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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