¡Cuídate de los idus de marzo!

Cuenta William Shakespeare que un vidente advirtió a Julio César del gran peligro que lo acechaba. Este último no lo tomó en cuenta. Más tarde, el famoso general romano sería traicionado, y víctima de un trágico asesinato.  –¿También tú, Bruto? – preguntó antes de morir.

Hacer un análisis verídico de los estragos reales producto de la pandemia se torna cada vez más complejo, sino imposible –Sísifo fue castigado por engañar para satisfacer su codicia–. Cada país cuenta con su propio método (algunos más confiables que otros sin duda). La forma más apta, sin embargo, es abarcarla desde un estudio interdisciplinario y transparente, cuyas conclusiones resulten valiosas para que el gobierno pueda actuar de la mejor forma.

Las fuentes oficiales son útiles como el principal indicio para dirigir nuestra conducta (podríamos excluir las cifras chinas y las de otra nación hermana bordeada por altas cumbres). Pero debemos rescatarnos de caer en lo que Friedrich von Hayek llamó la ilusión sinóptica, es decir, la convicción de que todos los hechos relevantes pueden ser conocidos por alguna mente, y que de ese conocimiento es posible construir el orden social.

El Gobierno debe dar libertad tanto a empresas como personas para que ellos definan cómo van a retornar al trabajo.

Luego de casi dos meses de parálisis algunas voces hablan del retorno a la actividad. Una «nueva normalidad» se avecina. El Gobierno avanza de forma correcta en ese sentido, pero para aflojar tensiones musculares debería tener presente la vital importancia de la fragmentación del conocimiento y de asegurar servirse al máximo de aquella. Cada quien es capaz de definir mejor cómo y cuándo retornará a la actividad (tomándose todos los resguardos contra imprudentes, aplicándose un control efectivo y sancionando fuertemente en caso de que sea necesario). Cada uno conoce de primera fuente su condición. Esta dispersión epistemológica puede materializarse en unos sólidos cimientos sobre la cual se empiece a erigir la confianza de los mandos hacía el actuar del individuo. Los resultados siempre generaran perjudicados –eso es inevitable–, pero el daño será menor que si la orden fuese tomada categórica y unilateralmente desde arriba (apliquemos el principio de mal menor).

Esta es la oportunidad de que los grupos intermedios demuestren responsabilidad para con ellos mismos y también respecto de terceros. Las condiciones sobre las cuales implementen su regreso serán clave para definir el curso que tome la pandemia.

– Los idus de marzo* ya han llegado– dijo César al encontrarse con el vidente, mientras iba camino al Senado. – Si, pero aún no han acabado—respondió este.

*Los conspiradores resolvieron matar a César en la sesión del Senado que se celebraría en los idus de marzo. Fuente: Secco Ellauri. (1972). Historia Universal – Roma. Buenos Aires: Kapelusz.

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