Coronavirus, Ñuble y el estallido social

Probablemente, en los tiempos que corren, el sentimiento que debe imperar por la región del Ñuble es la desolación. Ese sentir de angustia, hundimiento o vacío. Los múltiples casos de coronavirus – y su rápida propagación por cierto- encendieron las alarmas en la población de la más joven región. Sucede que el Covid-19 tiene en la cuerda floja inclusive a las autoridades, pues buena parte del gabinete regional se ve hoy afectada por éste. La diferencia radica, en que la región tenga en consideración lo ya ocurrido, para no tropezar con la misma piedra. Allí está, entonces, la oportunidad de Ñuble.

Debe erigirse un principio moral, basado en un relato convincente, de que de esta crisis salimos juntos como personas y sociedad chilena.

La oportunidad consiste en hacer las cosas de manera distinta. Tomar seriamente el toro por las astas, con la decisión requerida de quien no vacila ni duda de su acción, y adoptar una campaña informativa, de autocuidado y respeto a las medidas sanitarias otorgadas de forma infranqueable. El aislamiento social y la prevención, se vuelven imprescindibles en el día a día.

Ocurre que en tiempos de crisis la moral escasea y, ante todo, debe erigirse un principio moral, basado en un relato convincente, de que de esta crisis salimos juntos como personas y sociedad chilena. Aquello debe guiar nuestro actuar en todo momento. De esto depende, en buena medida, que la población asienta y legitime las reglas que asimilaremos ante el nuevo escenario. Así las cosas, las reglas se volverán algo que seguir por convicción y no por imposición.

De tal manera que, recordando a Hannah Arendt al referirse a como entender el actuar y hablar en Grecia antigua, esbozó “contra los golpes del destino, contra las malas pasadas de los dioses, el hombre no podía defenderse, pero sí enfrentarlos y replicarles hablando, y, aunque esta replica no vence el infortunio ni atrae la fortuna, es un suceso como tal; si grandes palabras responden y reparan los grandes golpes de los elevados hombros, si las palabras son de igual condición que los sucesos, entonces lo que acontece es algo grande y digno de un recuerdo glorioso”. En consecuencia, no cabe más que recomponer las fuerzas, entablar un discurso firme anclado a la responsabilidad individual y el autocuidado, en que no solo se estará salvando la propia vida, sino que contribuyendo a salvar la de otras personas. Enfrentando así, la calamidad pública en una gesta digna de ser recordada como un enfrentamiento de palabra y acción, ante un mal que hoy nos pesa de sobremanera: el coronavirus.

Si las autoridades de Ñuble orientan su actuar bajo lo dilucidado anteriormente, habrán cumplido con su rol informativo de la magnitud del problema que yace ante sus ojos y a la adversidad de rearmar una región que, por momentos, creyó que se venía la noche. La verdad, es que este desafío recién comienza y queda mucho paño por cortar. Pero, como señaló Martin Luther King: “Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano”.

.

.

.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: