Convención de melamina

“Producir eventos” era lo único que sabía hacer bien el gobierno, pero lo hizo mal. Raro. O más bien, patético. Chile pendiendo de un hilo y se dan estos lujos. Les salen perfecto los shows sobre “liderazgo, emprendimiento e innovación”, pero, de repente, son incapaces de coordinar una mísera Convención. Fue un augurio esa carpa de melamina, más propia de liquidación primavera-verano que de una inauguración de acto republicano. Y ojo, no es un menosprecio eso de “producir eventos”, ya que gracias a esa capacidad de todo hombre de acción es que andamos vacunados. Como nunca hoy los chilenos somos en algo envidia del mundo entero —pero inexplicablemente encerrados—.

Por mientras, los comunistas y vándalos chantajean a la Constituyente con violencia política. Patéticos los pusilánimes de la Convención que agachan el moño, pero más grave que los energúmenos logran su objetivo —y peor, los Constituyentes que los apoyan—. Y todo esto agravándose gracias a que el gobierno no puede instalar micrófonos ni computadores. Deprimente. Empezó además el gallito entre todos los poderes del Estado. Ojalá que Jaime Bassa, nuevo vicepresidente —un mini Atria elegido en vez de él por no tener su exabruptos impetuosos y soberbios—, olvide su rol de taquillero e insidioso, como cuando decía que los fondos de pensiones no existían. La historia de Chile lo observará, al igual que a su presidenta Elisa Loncón, que ojalá también se quede con su primer discurso —sin refundaciones— y olvide su segundo, así como también su confusión sobre los dos tercios, que no los inventó Jaime Guzman ni nadie por el estilo —otro de los mitos instalados por Fernando Atria en su tenaz apostolado por el país—. Y ojalá se alineen con Carmen Gloria Valladares, liderazgo y símbolo que salvó del colapso a la decadente sesión inicial bajo la melamina.

“Elisa Loncon es de Traiguén, ciudad frontera donde confluyeron mapuches, chilenos, colonos, los fierros de la industria del tren y el trigo, y la primera Alianza Francesa de Chile. Una ciudad simbólica que habrá que superar, rescatando lo bueno y eliminando lo malo de su historia. Un simple pugilato con el pasado no nos permitirá digerirlo, decía un sabio”

Elisa Loncon es de Traiguén, ciudad frontera donde confluyeron mapuches, chilenos, colonos, los fierros de la industria del tren y el trigo, y la primera Alianza Francesa de Chile. Una ciudad simbólica que habrá que superar, rescatando lo bueno y eliminando lo malo de su historia. Un simple pugilato con el pasado no nos permitirá digerirlo, decía un sabio. No hagamos como el profesor Cristóbal Orrego que a propósito de la elección de Loncón devino en humorista al decir que los cristianos “liberaron” de sus prácticas barbáricas a los indígenas. Me imagino la liberación que debe haber sido para un Chono incursionar en las meditaciones ignacianas o para un mapuche rezar el Ángelus. Quizás también los liberaron recordándoles que no se les ocurriera decir que la tierra giraba alrededor del sol o que un Canelo era sagrado, ya que ya habían matado a varia gente por decir cosas así. Nada de esparcir ideas raras. A lo mejor en eso creían los niños indígenas recién encontrados en Canadá. Es sabido que los niños tienen su etapa metafísica.

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