Convención, ¿circo o coreografía?

Los magos, prestidigitadores y estafadores lo saben muy bien, para engañar a una persona hay que generar un distractor. En las películas, es típico que alguien o algo distrae a los custodios mientras los cómplices dan el golpe. 
 
Lo que más ha llamado la atención del trabajo de esta Convención ha sido el impostor Rojas Vade; el dinosaurio y la tía Pikachu; el cantante de ‘plurichile es tu cielo azulado’; los desvaríos de Stingo; los reclamos por la comida de la machi y suma y sigue. Si uno se quedara solo con eso diría que en realidad esto fue un circo. Un extravagante espectáculo de variedades de discutible calidad y que una vez concluido nos habremos olvidado de él, como nos pasa en general con las malas experiencias. 
 
Pero no hay que distraerse ni dejarse engañar. Detrás de los payasos estaba el señor Corales, que sabe que el circo tiene una coreografía; que es un negocio y como tal debe funcionar y cumplir su propósito. 
 
Acá, detrás de los payasos, acróbatas y magos, que nos distraían, había mentes jurídicas e ideológicas trabajando cuidadosamente para articular un texto que en la periferia se viera bonito y convocara almas inocentes y que en su columna vertebral asegurara que si una mayoría circunstancial se hace con el poder, no lo suelte más. 
 
La columna vertebral de esta Constitución la da la combinación de una Cámara única de diputados con un poder fortalecido y un Presidente que queda preso de esa Cámara, que implica que cuando el Presidente sea de izquierda actúe al unísono con la Cámara y cuando el presidente no sea de izquierda, terminemos tipo 18 de octubre, con una Cámara que le niegue la sal y el agua al Presidente. Esa cámara tendrá escaños reservados y con su sistema de elección permitirá que Santiago y seis comunas populosas dominen la política chilena. 

“A esta Convención le entregamos una República soberana, unitaria, democrática y libre, y nos devolvieron una plurinación, dividida en etnias y territorios que será administrada por una superestructura burocrática ineficiente; carísima de mantener y controlada por el fanatismo político.”
 


Los coreógrafos saben que nuestro sistema eleccionario siempre le ha dado mayoría a la demagogia y la inmadurez en la Cámara Baja, y que sus contrapesos han sido el Senado, la Presidencia, el Tribunal Constitucional, el Banco Central y el Poder Judicial. El Senado, que contrarrestaba el poder de Santiago, lo suprimieron y lo reemplazaron por una Cámara Regional mutilada versus el actual Senado; la Presidencia la debilitaron; el TC lo jibarizaron y reemplazaron por un tribunal que ladra y no muerde; el Banco Central lo desnaturalizaron exigiéndole que se preocupe del medio ambiente, y el Poder Judicial lo debilitaron, dividieron y capturaron políticamente el nombramiento y evaluación de los jueces. Un perfecto jaque mate a una república y a una democracia. 
 
La verdad sea dicha, a esta Convención le entregamos una República soberana, unitaria, democrática y libre, y nos devolvieron una plurinación, dividida en etnias y territorios que será administrada por una superestructura burocrática ineficiente; carísima de mantener y controlada por el fanatismo político. 
 
Tal claridad tenían los coreógrafos que los errores, exabruptos y extravagancias de los payasos podían quemar el pan en la puerta del horno, que ahora tenían que reparar el error y para eso —como me dijo un amigo—: ‘Son tan re cínicos esto compadres que en la ceremonia de clausura les faltó invitar a Los Quincheros’.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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