Caso Penta: Cambio en el equipo; sale el show entra el Derecho
Publicado el 16.03.2015

Caso Penta: Cambio en el equipo; sale el show entra el Derecho

Por: Gerardo Varela

Cuando la Corte Suprema acusaba a Allende de no ejecutar los fallos judiciales, éste le contestaba que la justicia chilena era lenta y que no estaba al servicio del pueblo. Don Enrique Urrutia, presidente de la Suprema, le contesta, en una famosa carta, que en los únicos países donde la justicia llegaba rápido era en los comunistas, donde la rehabilitación del condenado era post mortem.

Hay una razón por la cual la justicia debe ir a otro ritmo que la política, y tiene que ver con evitar el linchamiento. Un reality tipo Penta tiene un riesgo monumental de injusticia. El público no sabe Derecho, ve dos imágenes, escucha una cuña y se forma una opinión, sesgada. En todo show, el público quiere ver el desenlace y quiere verlo rápido.

Los sacrificios humanos, en aras de aplacar nuestros demonios, son tan antiguos como el hombre. Torquemada contra los herejes, Robespierre contra la nobleza, McCarthy contra el comunismo.

La historia está llena de condenas pedidas por la opinión pública. El caso Dreyfus en Francia, donde al antisemitismo francés le agregan el odio a Alemania para condenar a Dreyfus y rehabilitarlo años después. Si no es por Émile Zola y su “J’accuse”, capaz que hubiera muerto en prisión e inocente.

El “matrimonio Rosenberg” en EE.UU. Marido y mujer ejecutados en la silla eléctrica, acusados de espionaje para los soviéticos. El denunciante, hermano de Ethel Rosenberg, años después confiesa que mintió para salvarse él y su señora, que eran los verdaderos espías.

En el corto plazo, los jueces se ven influidos por la opinión pública. Hoy hay que sacrificar a alguien en el altar del abuso y nadie mejor que dos empresarios exitosos. Por eso es que el tiempo de la justicia debe ser lento y pausado, para que se enfríen los ánimos y ella pueda hacer su trabajo imparcialmente.

Por eso habla mal de un país, que acaba de aprobar una reforma tributaria que permite blanquear plata pagando un 8% de impuesto, que meta presos a quienes acaban de pagar 35% de castigo, porque contribuyeron a una campaña política.

Nada ofende más nuestro sentido de la justicia que la condena a un inocente, y por eso que el estándar de prueba es exigente, la prueba requerida debe ser rigurosa y no contaminada. Es preferible liberar a 100 culpables que condenar a un inocente, eso se llama “más allá de toda duda razonable”.

Yo tengo una cierta debilidad frente al poder del Estado, y por eso trato de tomar la posición del defendido y defender la presunción de inocencia.

Si siente que los acusados tienen muchos derechos, no vio el reality de Penta. El Estado representado por el juez y tres abogados (Fiscalía, SII y CDE), el acusado solo. A eso se le agrega la presión mediática y de los políticos oportunistas.

Todo el que conozca cómo funciona una gran empresa, sabrá que los dueños y directores deciden el “qué”, no el “cómo” se hace. En el caso Penta, resulta obvio que la decisión de ayudar o no a un candidato o partido la toman los dueños, pero el cómo hacerlo lo determina el que hace los pagos.

Chile debe ser el único país en que las contribuciones políticas se hacen contra boletas. Por eso Neruda decía que en Chile no habría revolución hasta que no se publicara en el Diario Oficial. En la contabilidad del fisco la boleta genera un ingreso. Si no es gasto para el pagador, el fisco cobra dos veces, por el gasto rechazado y por el ingreso del emisor. Por eso es dudoso el perjuicio fiscal.

Muchos sostienen que no es verosímil que Délano y Lavín no supieran la mecánica tributaria que usaba Bravo, y que la Presidenta no podía sino saber las reuniones y los negocios de su hijo. A mí me parecen verosímiles ambas ignorancias y no veo con claridad los delitos en ambos casos. Por el bien de nuestra clase política y empresarial, espero que la evidencia me dé la razón.

Aplicar el rigor de la ley no tiene que ver con condenas drásticas, sino que con respeto riguroso a la presunción de inocencia, a la letra de la ley y a la prueba rendida. Confío que en este caso se aplicará todo el rigor de la ley.

Fuente: El Mercurio

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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