Campaña comunicacional exige orden en casa

Hay partidos oficialistas que a nivel continental respaldan la aspiración boliviana, pero a nivel nacional, la posición chilena, una contradicción que requiere explicación.

“Solo quien acepta la derrota como tal puede crear las bases para un triunfo futuro”, dice el escritor alemán Volkmar Frank. Por eso, adquirir conciencia de la derrota resulta esencial para litigar ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). La otra alternativa, es decir, maquillar como triunfo la derrota, es populismo, es engañarnos. Hoy corresponde que el Gobierno y la clase política asuman la derrota, la estudien y analicen, aprendan de ella y propongan una estrategia que nos evite repetir la experiencia.

Sin embargo, no solo sufrimos una derrota jurídica. Fue también comunicacional. Evo Morales transmitió al mundo su discurso, logró despertar compasión con Bolivia, atribuir su subdesarrollo a Chile, y tras el fallo salió jugando con técnica: mientras la Presidenta, rodeada de políticos, leía ante las cámaras unas cuartillas, Evo improvisó un inspirado discurso populista y latinoamericanista, a ratos magnánimo con Chile.

Fue también una derrota en el arte de las alianzas. Evo convocó a su país en torno a una causa que puede mantenerlo en el poder hasta 2030 mientras Chile apenas pudo disimular ese día su desconcierto y divisiones. Evo logró despertar solidaridad en el mundo, sumar personalidades -hasta al Papa- y agradeció el apoyo a agrupaciones chilenas. Nuestro país se vio solo, convencido de que la batalla se daba en torno al Tratado de 1904 y solo se desplegaba en la CIJ.

Y fue asimismo una derrota de imagen. Bolivia supo proyectarse internacionalmente como víctima y presentar a Chile como país abusivo. Chile no logró aclarar que fue Bolivia quien cortó las relaciones diplomáticas y ha rechazado el diálogo, ni supo publicitar las ventajas que brinda al tránsito y almacenamiento de carga boliviana, ni destacar que gran parte del comercio internacional vecino circula por puertos nacionales.

Son deficiencias que hay que superar, lo que llevará tiempo. Existe una deficiencia, en cambio, relacionada con la futura campaña comunicacional, que debe ser abordada a la brevedad: la incongruencia entre la posición de Chile y las divergencias que han mostrado y/o muestran en años recientes las fuerzas oficialistas respecto de Bolivia. Esto adquiere relevancia porque todo indica que el juicio acompañará al Gobierno hasta marzo de 2018.

En concreto: perjudica a Chile que figuras y partidos oficialistas hayan expresado o mantengan su respaldo a la aspiración boliviana. El ministro de Defensa, José Antonio Gómez, por ejemplo, aseveró en 2013, como candidato presidencial, que “a Bolivia hay que darle una salida al mar, incluso con soberanía”. Si bien Gómez se desmarcó de la afirmación tras asumir Defensa, su nombramiento arrancó aplausos a su par boliviano, fue celebrado por la prensa de ese país, causó sonrisas en el Palacio Quemado y seguro no pasó inadvertido en La Haya. El titular no encaja cómodamente con nuestra postura y representa un blanco ideal para campañas bolivianas.

Hay también parlamentarios oficialistas que respaldan a Bolivia. Camila Vallejo, diputada comunista, manifestó en 2013 estar “de acuerdo con una salida soberana al mar para Bolivia en el marco de una política de integración”. Su camarada Hugo Gutiérrez coincide: “Bolivia debe tener una salida soberana al mar, debe tener la posibilidad de tener un buen puerto frente al Pacífico”. En 2009 el senador del Movimiento Amplio Social (MAS), Alejandro Navarro, apoyó la exigencia de Fidel Castro de mar para La Paz, y en 2011 afirmó que “el acceso al mar para Bolivia es un imperativo ético y moral”.

Corresponde subrayar que algunas de estas declaraciones fueron morigeradas posteriormente y que a nadie puede negársele el derecho a pensar como estime pertinente. Por eso, tal vez la situación es más compleja con los partidos oficialistas que integran el Foro de Sao Paulo (FSP): Partido Socialista, Partido Comunista y MAS. Declaraciones de esa poderosa coordinadora de un centenar de partidos latinoamericanos que simpatizan con los regímenes de Cuba y Venezuela expresan su “apoyo al derecho boliviano de una salida soberana al mar como aspecto fundamental para la integración sudamericana y de la Patria Grande Latinoamericana”. Es decir, hay partidos oficialistas chilenos que a nivel continental respaldan la aspiración boliviana, pero a nivel nacional, la posición chilena, una contradicción que requiere explicación. Después de todo, en el FSP los partidos chilenos suscriben entusiastas declaraciones con la causa boliviana, el socialismo y la creación de una “Patria grande” latinoamericana, a la que deben supeditarse las naciones.

Si La Moneda se propone en esta nueva fase del juicio acompañar su labor jurídica con una imprescindible campaña internacional que divulgue la posición chilena, es prudente que exija a sus ministros, parlamentarios y partidos una identificación nítida y unívoca con Chile. Sin lugar a dudas, la diplomacia boliviana, más alerta y eficaz de lo supuesto, y respaldada por experimentados aliados bolivarianos, sabrá aprovechar toda incongruencia nuestra para mantenernos a la defensiva también en lo comunicacional.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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