Buscar la fractura

El viernes 18 se desataron las peleas políticas más radicales que mi generación haya vivido. Decir fuera los militares significaba «que se maten todos», y pedirlos, «maten a todos». Saltos lógicos delirantes que remedan cuentos de nuestros padres: democracia versus dictadura. Vida versus muerte. Apareció una especie de necesidad. Hace unos meses, en el tiempo de las «antiguas prioridades», mucho se hablaba del aborto. Para mí era surrealista tener que repetir una y otra vez mi posición a favor. Había varios trastornados que «querían» que yo estuviera en contra. Simplemente lo «querían» y no paraban. ¿Es que la gente necesita enemigos? Las peleas de esta semana hacen parecer que existe la necesidad de fracturar, de odiar. Unos querían que fuese verdad la terrorífica reaparición de Tejas Verdes, y otros querían disparos y metralletas contra militares. Muy deprimente. Mi familia, después de 46 años, ya se puede juntar. Y justo hace unas semanas nos juntamos, quizás unos sentados más lejos que otros, pero todos invitados.
Las separaciones de miles de familias y amistades fueron por cuestiones de vida y libertad. Lo de hoy es diferente; no se pelea por vida o muerte, y estamos en democracia. No se justifica dividir ni violentarse así. Diferencias siempre van a existir, pero hoy tenemos políticos e instituciones para eso. Ya hay varios muertos, y extremar todo solo nos llevará al descalabro. Ya vivimos esta caótica semana. Fue difícil concentrarse, trabajar. Imposible leer. Para mi generación, los toques de queda eran ciencia ficción. Una semana encerrados hizo que muchos vecinos se juntaran, unos para defender sus casas, otros para simplemente pasar el encierro; esa vecindad que la metrópolis hace desaparecer. Las ciudades y parques que han sido abandonadas por una élite maravillada por las opciones de yogur en el supermercado y apesadumbrada porque todavía «todas las tinas de baños eran blancas y los teléfonos negros». La vida es dura para la mayoría de los chilenos y el Estado tiene que ayudarlos.
“La vida es dura para la mayoría de los chilenos y el Estado tiene que ayudarlos. Todavía falta mucho, pero hace treinta años era peor, para más chilenos y en dictadura”
Todavía falta mucho, pero hace treinta años era peor, para más chilenos y en dictadura. Hay políticos y empresarios que han robado, se han coludido y se han reído de nosotros, pero no todos. La élite tiene que soltar la teta, dijo hace tiempo Felipe Lamarca. Las injusticias tienen que terminar y la élite terminar con su desidia. Imponer culturalmente el pensamiento dicotómico —si no estás con nosotros estás contra nosotros, prohibido grises u otras opciones— ha sido por siglos la estrategia de los fanáticos, de los fascistas de izquierda y derecha. Hay que entender que no son pocos los que quieren polarizarnos. Y todos tenemos que ayudar a evitarlo.
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