Burros constituyentes

Con escandalera se viralizó el video de un burro resbalándose en un colegio. Las redes sociales, ese micromundo de santones odiosos, hirvieron con insultos. Aparecieron incluso unos sofisticados constituyentes —parte del mismo micromundo— diciendo que por eso mismo había que aprobar la propuesta que están escribiendo. Dijo Juan José Martin: «#APRUEBO para que el Estado y sus organismos promuevan una educación basada en la EMPATÍA Y RESPETO hacia los animales».

El colegio era del barrio alto, por lo que tenía corredores con baldosas elegantes. El pobre burro, apenas pisó el corredor, empezó a bailar una zamacueca que le hizo imposible mantenerse quieto. Terminó por echarse en el suelo, rendido. Le faltó tierra firme, rugosa, adonde calzar sus pezuñas, o quizás unas espuelas inclusivas, especiales para baldosas pijes. Todo ocurría con niños y sacerdotes en sotanas mirando y gritando sin saber qué hacer. Con algo de absurdo entremedio, entre angustia y desesperación, se ve a algunos intentando mover al pobre burro, ahí tendido, hacia tierra firme. Pero los constituyentes dicen que había maltrato animal y crueldad, quizás por el niño que iba arriba del burro, el pastor de la obra.

“Y hablando de modas: ¿También estarán mal las crueles costumbres de los pueblos originarios con animales? ¿O sus boleadoras y sus lanzas? Eso sí que habla de maltrato. Ni hablar de su machismo”

Hay que tener muy poco tema en la vida para ponerse así de grave por un burro resbalándose en Semana Santa. Fue incluso tendencia en Twitter por días. Realmente penoso. Quizás hagan lo mismo cuando vean el maltrato vegetal durante Corpus Christi: ahí profanan flores utilizándolas como alfombras. ¿O encontrarán inferiores a las alstroemerias? Yo no sé qué dirán de otro video viralizado, el de una orca lanzándose de cabeza hacia una playa para zamparse a unas indefensas crías de lobos marinos. Las zamarrea descontroladamente para luego volver mar adentro y disfrutar de su banquete. Y hablando de modas: ¿También estarán mal las crueles costumbres de los pueblos originarios con animales? ¿O sus boleadoras y sus lanzas? Eso sí que habla de maltrato. Ni hablar de su machismo.

El fin de semana, una subsecretaria, Javiera Petersen, parte de nuestro gobierno a la moda —que ahora, al revés de sus discursos anteriores, se opone a los retiros y nos abandona con las vacunas—, dijo que ya bastaba, que ya era hora e «importante separar esa idea de que la juventud y la inexperiencia van de la mano». Una idea copernicana, parecida a las que promueve la PUC-Villarica en su curso basado en «la teología de la liberación, los colectivos agroecológicos y las resistencias indígenas». Todo esto para potenciar la «politización y activismo que exigen atender solidaridades más-que-humanas [y] justicias multiespecie». Unos promotores de la paz y la ciencia. ¿Tendrán también Consejo de Ancianos —gente sin experiencia «a la Petersen»—, como varios pueblos ancestrales? Bonita irracionalidad y renuncia de una universidad.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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