Briones, el síndico

Heme aquí, escribiendo la enésima columna a favor de Ignacio Briones, formando parte de una comunidad que mira con muy buenos ojos la irrupción del ministro de Hacienda en la arena política y que lo señala como un revulsivo necesario para el durísimo segundo tiempo que se viene para el presidente Piñera y su Gobierno.
Y es que, nada más llegar, demostró que la política era lo suyo: claro, conciliador, pedagógico, sobrio y leal al presidente Piñera. Hay muchos que lo atribuyen a su formación en Francia y no me termina de convencer que SciencesPo en particular y el sistema universitario francés en general, puedan haber sido tan determinantes para forjar el talento político de Briones y, a la vez, tan poco generosos con otros chilenos que se han educado en la tierra de Descartes.
Creo que la diferencia más notoria del actual titular de Hacienda con sus predecesores no está en la procedencia del doctorado ni tampoco en las habilidades propias del hoy ministro, el mayor contraste está en el peculiar rol que le ha tocado ejercer en estos tiempos convulsos: más que un ministro de Hacienda, Ignacio Briones es el síndico de un Gobierno en quiebra. Por esta razón, los elogios a Briones no pueden traducirse directamente en reproches a Larraín, Velasco o Foxley, así como tampoco la reciente renuncia del director de Presupuestos Rodrigo Cerda puede interpretarse como un quiebre personal, más bien se trata de un cambio que se veía venir luego de aprobados los presupuestos. El prestigio y capacidad técnica de Rodrigo Cerda no han variado y no están en duda, lo que sí han cambiado son los tiempos y, frente a estos, corresponde renovarse.
“Más tarde que temprano volverá la derecha al poder y deseo que, para ese entonces, el talento político de Ignacio Briones no se haya consumido por culpa de un pragmatismo sin resultados”.
Un síndico tiene como misión liquidar los bienes y deudas de una empresa en caso de quiebra. Deben ser personas ejecutoras y con altas dosis de resignación, que, siguiendo el sabio consejo del Arcipreste de Hita, no dejan lo ganado por lo que han de ganar y, en estas circunstancias, Ignacio Briones lo ha hecho de forma estupenda, siguiendo esta clásica recomendación al llegar a muchos acuerdos en muy poco tiempo.
Sin embargo, conspira contra el buen ejercicio del síndico pensar que su actuar se desempeña en normalidad o que es posible administrar con éxito una empresa liquidándola. Si Juan Carlos Saffie hubiera seguido malvendiendo un Colo-Colo quebrado (por dirigentes que lo malgastaron) difícilmente la buena campaña de ese mítico plantel campeón hubiera sido sostenible en el tiempo y hoy hablaríamos del Popular como hablamos de Ferrobádminton, Aviación o el América de Rancagua.
Creo que esta advertencia le será muy útil al ministro Briones, confío en que sería todavía mejor ministro gobernando con ideas propias que administrando con cierta disciplina fiscal las ajenas. Más tarde que temprano volverá la derecha al poder y deseo que, para ese entonces, el talento político de Ignacio Briones no se haya consumido por culpa de un pragmatismo sin resultados por el que se han perdido tantos a costa del piñerismo; doctrina y práctica política que no ha sido otra cosa que renunciar al ser por el estar.
En definitiva, Briones lo ha hecho muy bien y espero que todavía no hayamos visto su mejor versión.
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