Brexit y los quesos belgas

Todo este asunto del Brexit me ha llevado a recordar mi pasado universitario y laboral. Pronto a cumplir 33 años, veo cómo varios compañeros de universidad que emigraron de Chile ya han terminado sus posgrados. Unos ya son profesores y otros siguen aún desempleados, pero unos pocos, de alguna manera —al menos para mí— han innovado y se emplearon en diferentes organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano del Desarrollo u otros. Estos últimos son los que más me han llamado la atención: luego de unos meses o más de un año trabajando por el “bien del mundo”, han, de repente, renunciado. Según ellos, se aburrieron de ver pasar el tiempo frente al computador. Se han ido luego de pasar el día haciendo nada.

Sorprendente o no, esto me recuerda a las diferentes comitivas de estos organismos supranacionales con las que me tocó lidiar trabajando para el Estado. Eran largas reuniones donde abundaban temas como la situación de Burkina Faso, unas anécdotas de Obama y su familia y lo especial de los diferentes climas que había en Washington. Al llegar a los asuntos que nos abocaban, las incomprensiones de nuestra realidad cultural e institucional de los “asesores” simplemente sorprendían. Asesorarnos y sentirnos asesorados era, por lo tanto, bastante difícil. No obstante, con dificultad, al final, algo se lograba, pero a costa de largos cafés y opíparos almuerzos donde el vino chileno y su relación precio-calidad era el gran tema en cuestión.

Estas experiencias me llevan a extrapolar a la situación en Bruselas. Me imagino cómo en Bélgica, país rico en quesos, cervezas y mostos varios, los funcionarios de la Unión Europea deben gozar el día a día. Ciudadanos de toda Europa deben compartir las singularidades de sus culturas y sus anécdotas de reuniones o encontrones con poderosos y multimillonarios que se pasean por Bruselas. Para qué decir la importancia de compartir datos de restoranes o paseos de fin de semana.

De esta manera, me imagino la impotencia que podría causar que estos asesores que recibíamos en Chile pasen, de un día para otro, a gobernar y no asesorar. Así, de alguna manera, se puede entender el fenómeno de ciertas pasiones que hizo despertar el Brexit.

 

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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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