Boric y Schalper, neoliberales

Diego Schalper tildó de “neoliberal” al diputado Boric por haber votado a favor del aborto en tres causales. El problema es que mezcló una etiqueta, como la de neoliberalismo, con parte de los fundamentos del pensamiento liberal clásico, como el reconocimiento de la autonomía personal y el individualismo metodológico. Peor aun, los confundió con el egoísmo, diciendo que impiden establecer criterios de justicia y solidaridad. Eso es del todo errado.

En primer lugar, hay que decir que lo que propone como solución, la existencia de “redes de justicia”, se ajustaría más al concepto neoliberal, cuyo origen radica en la pretensión de conjugar la libertad económica con la ayuda social mediante un estado omnipresente. Pero tal como él dijo, el concepto es un equívoco que actualmente carece de contenido y es simplemente usado retóricamente.

En segundo lugar, Boric es la excusa de Schalper para cuestionar la noción de autonomía personal basada en el individualismo. Ese es el punto. Pero esto conlleva varias cosas discutibles. El individualismo plantea que las personas son las únicas que eligen fines y medios, es decir que ejercen su libre albedrío de manera particularizada. Nadie es manejado a control remoto por un tercero. Nadie transfiere su voluntad, espíritu o alma a otros, ni las comparte colectivamente. Tampoco estamos determinados. De acá surge la noción de autonomía personal. Esto es lo que rechaza Schalper, contraponiendo erradamente el individualismo a la solidaridad, confundiendo burdamente el reconocimiento de la autonomía personal derivado de éste, con el simple egoísmo.

Pero el individualismo no implica que las personas sean desalmadas, ni que no puedan asociarse y cooperar de manera directa e indirecta con otros. Tampoco impide ejercer la empatía, tal como han planteado muchos pensadores liberales, promoviendo el apoyo mutuo en base a su defensa de la autonomía personal.

En tercer lugar, el abogado olvida que solo a partir del reconocimiento de la autonomía individual de cada uno se pueden establecer y acordar criterios de justicia generales en una sociedad. Contrario a lo que él plantea, el reconocimiento de los derechos individuales, la libertad negativa, implica estar libres de la interferencia coactiva de otros. El criterio de justicia entonces sí existe y es la base del moderno contractualismo liberal.

Schalper podría explicar ¿qué criterios de justicia se pueden establecer obviando el aspecto individual de cada persona?

No se trata de vivir como si los otros no existieran, sino que se trata de no entrometerse e interferir en los proyectos de vida ajenos. Por eso, es errada la pregunta de Schalper: “¿no es individualista el afirmar que la libertad alcanza hasta para disponer y terminar con otras personas?”.

Finalmente, Schalper dice que la izquierda progresista ha reemplazado los criterios comunes de justicia por la -paradójica- defensa del individualismo. ¿Cuáles son esos criterios comunes de justicia que habría abandonado la izquierda? ¿Se refiere a aquellos surgidos desde una noción de clase? ¿O se refiere a aquellos basados en la supremacía de la fuerza para imponer fines? ¿O habla de algún otro en especial?

En el fondo, en su crítica al individualismo, disfrazada de crítica al neoliberal Boric, Schalper denota su rechazo a la noción negativa de la libertad. Paradojalmente, en eso coincide con aquel a quien critica. Sólo difieren en cuánto a los aspectos de su rechazo: Ambos probablemente creen que existe algo así como “libertades desbordadas”.

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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad de los autores y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.

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