Boric y el indulto: una bomba de tiempo

Gabriel Boric emplazó al Senado para que resuelva antes del receso legislativo el proyecto de indulto general por los hechos delictuales cometidos en el contexto de la insurrección de octubre de 2019 (Boletín N° 13.941-17). La urgencia del presidente electo es entendible: quiere que esta bomba no estalle en marzo y para esto necesita que desde Valparaíso la desactiven antes de que acabe enero. No deja de ser interesante observar que este potencial problema guarda directa relación con la repentina y traumática evolución que ha sufrido Gabriel Boric en este último tiempo.

Curiosamente, quien activó la bomba en cuestión fue el propio Gabriel Boric cuando ni aspiraba a ser presidente de Chile. Si en septiembre de 2020 descartaba de plano ser candidato presidencial porque le faltaba experiencia, un mes después firmó junto con los diputados Ibáñez, Winter y Yeomans el Proyecto de Resolución N° 1365 donde se solicitaba al presidente Piñera, entre otras cosas, crear una comisión «para trabajar en la elaboración de un proyecto de ley de indulto general a los y las condenadas por delitos asociados a desórdenes públicos, ataques a miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden y otros delitos que puedan dar origen a prisión política, cuyos hechos hayan ocurrido en el marco de las manifestaciones sociales iniciadas en octubre de 2019 hasta la fecha».

“Para Gabriel Boric, el proyecto de indulto no puede quedar para marzo porque prueba lo irresponsable que era antes de la campaña al promover semejante disparate jurídico y lo hipócrita que tuvo que ser durante las elecciones para exorcizar su merecida fama de extremo”

Como buenos niños mimados de la Concertación, los deseos manifestados en dicha resolución fueron correspondidos por los senadores Allende, Navarro, Muñoz, Provoste y Latorre, quienes en diciembre del 2020 presentaron un Proyecto de Ley a la medida de los solicitado por los diputados frenteamplistas. A tal punto, que lo expuesto en la moción parlamentaria, junto con hacer referencia expresa a la solicitud de Boric et al., se vale tanto de la deficiente fundamentación como de la torpe técnica jurídica mostrada en el Proyecto de Resolución (Recomiendo ver las presentaciones realizadas por Juan Domingo Acosta y José Miguel Aldunate ante la Comisión de Derechos Humanos del Senado).

Pero llegó el 2021 y ya nada sería lo mismo para Gabriel Boric. Se presentó en calidad de ‘sparring’ contra Daniel Jadue en las Elecciones Primarias y —para sorpresa de todos— derrotó al ‘retador’ por un amplio margen. Estoy seguro de que fue la noche del domingo 18 de julio del año pasado cuando Gabriel Boric se dio cuenta por primera vez de que podía ser presidente y que sus propias dudas en cuanto a si tenía la capacidad de ser el jefe de Estado de la República de Chile, aunque seguían plenamente vigentes, tenían que pasar a un segundo plano.

Gabriel Boric tiene que reconocer que parte de su triunfo electoral se debió a la necesidad de negarse a sí mismo. En primera vuelta esto se vio reflejado en su radical cambio de imagen y en segunda vuelta en su drástica mudanza de ideas, la que incluyó una nueva forma de ver el indulto a ‘los presos del estallido’.

Dijo el nuevo Boric: «No se puede indultar a una persona que quemó una iglesia o que saqueó un supermercado», pero el Proyecto de Ley que seguía promoviendo libraba de castigo a quienes cometieron delitos de incendio (artículos 474 y siguientes del Código Penal) o transgredieron las normas antisaqueos contempladas en los artículos 449 ter y 449 quater del Código Penal. En definitiva, con sus palabras decía que no se podían indultar y con su actuación parlamentaria hacía lo contrario. Hoy nos damos cuenta de que esto no fue una mera confusión: Boric le mintió al país por estrategia electoral y esto se evidencia con su reciente emplazamiento al Senado.

Para Gabriel Boric, el proyecto de indulto no puede quedar para marzo porque prueba lo irresponsable que era antes de la campaña al promover semejante disparate jurídico y lo hipócrita que tuvo que ser durante las elecciones para exorcizar su merecida fama de extremo. El tiempo corre y puede darse la posibilidad de que la actual legislatura no llegue a tiempo para evitar el que podría ser primer contratiempo de Boric causado por sus yerros de juventud.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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