Boric y el indulto a los presos

Durante el último día hábil del año 2022, el presidente Gabriel Boric anunció que concederá un indulto a 13 personas que habían sido procesadas por la justicia como delincuentes. La medida fue inmediatamente celebrada por el Partido Comunista. El anuncio fue realizado de manera extraña el último viernes del año, de cara a un fin de semana de fiesta de año nuevo y en donde el domingo no había tampoco prensa escrita ni diarios —¿quizás para tratar de que pasara desapercibido por la ciudadanía cada vez más amenazada por la delincuencia? ––. Sin duda, la decisión del presidente de indultar a 13 delincuentes es incomprensible y causa desazón por dos motivos, que nos permiten señalar el por qué esta fue una pésima decisión política.

Primero, es difícil entender la voltereta ética del presidente, ya que fue el mismo Boric que en noviembre del 2021, cuando era entonces candidato presidencial, marcó distancia sobre los presos del 18-O en el contexto de la segunda vuelta. De hecho, en una entrevista en La Red declaró que «no se puede indultar a una persona que quemó una iglesia o una pyme, o que saqueó un supermercado». Lamentablemente, menos de trece meses más tarde, pareciera que la palabra empeñada del presidente no vale nada, pues acaba de firmar indultos particulares a 12 personas condenadas por distintos actos delictuales como: ataques incendiarios a la catedral de Puerto Montt, robos consumados, ataques al Registro Civil de Copiapó, y un homicidio frustrado de una policía de la PDI  a la que atropellaron (ver la lista de actos delictuales aquí). Por lo demás, en dicho ‘pack de indultados’, el presidente Boric agregó al exfrentista Jorge Mateluna, quien había sido condenado a 16 años de cárcel por un asalto a un banco en el 2013.

«Al revisar esta lista de delincuentes indultados es difícil no pensar que el presidente Boric no sólo es poco confiable como persona y autoridad, pues es incapaz de mantener su propia palabra empeñada, sino que además es impredecible pues es víctima de inconsistencias y contradicciones casi patológicas».

Al revisar esta lista de delincuentes indultados es difícil no pensar que el presidente Boric no sólo es poco confiable como persona y autoridad, pues es incapaz de mantener su propia palabra empeñada, sino que además es impredecible pues es víctima de inconsistencias y contradicciones casi patológicas: cambia de posición en función de cómo se levanta, y nos promete algo para luego hace lo contrario. En política cambiar de opinión es aceptable e incluso hasta necesario, pero hacerlo sin ningún fundamento después de que la ciudadanía te ha dado un voto de confianza es reírse en la cara del electorado. Con dicho actuar inconsistente es que se rompe el elástico político que sostiene la credibilidad de una autoridad, pues decir una cosa y hacer otra tiene un límite que después pasa la cuenta. Como diría Abraham Lincoln: «puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo».

Segundo, la decisión de indulto además ayuda a minar la posibilidad de levantar un acuerdo político amplio y transversal contra la delincuencia y la violencia que Chile tanto necesita. Recordemos que el país está sufriendo una escalada de la violencia y la delincuencia, sumado a una embestida del narcotráfico que ha crecido en los últimos años sin control. En este sentido, resulta incomprensible que el presidente haya anunciado 13 indultos en medio de negociaciones por un amplio acuerdo de seguridad, y en la misma semana en la cual Gabriel Boric declarara sentirse preocupado por la delincuencia ya que, en palabras del mandatario, «la violencia se esta naturalizando en el país» y que «había gente que se sentía con la facultad y la impunidad de poder destruir un local y que, si alguien los paraba, sencillamente desconocer todo tipo de autoridad. Creo que eso tenemos que recuperar».

Ante esta dualidad y ambivalencia incoherente cabe preguntarse: ¿es la misma persona aquel Boric que declara sentirse preocupado por la impunidad de la delincuencia y dos días después indulta a 13 condenados por la justicia? Pareciera que con esto el mandatario logra darse un gustito de fin de año y hacerle un guiño a la ultraizquierda octubrista, pero al costo de incentivar la violencia y tirar por la borda la prioridad numero uno de la ciudadanía: controlar y poner orden ante la escalada de delincuencia que sufre el país; dañando por lo demás su comunicación y relación con la socialdemocracia, con la oposición, con la policía y con la ciudadanía, echando abajo la tan necesaria agenda de seguridad. En simple, el año 2022 cerró con una amarga victoria tanto de la delincuencia como de la ultraizquierda que avala la violencia como fin político, y los grandes derrotados fueron la ciudadanía que esperaba que el presidente Boric estuviese a la altura de su cargo y de sus palabras. ¡Que amarga manera de terminar el 2022 y que mala forma de comenzar el 2023!

En síntesis, es preocupante el actuar del presidente, pues pareciera que no dimensiona los riesgos y daños que genera el ser completamente inconsistente en política: como bien nos enseña la historia de Chile durante los años 70’, la ambivalencia de cara a la violencia y el oportunismo político a nivel presidencial pueden terminar por reventar a la democracia. Un día vemos al presidente preocupado por la normalización de la violencia y por la debilitación de nuestras instituciones, pero al otro día lo vemos tomando decisiones que incitan la violencia y da señales de impunidad de cara a la delincuencia, contribuyendo así a debilitar aun más nuestras instituciones. Con esto Gabriel Boric sienta un mal precedente que ayuda a minar aun más su credibilidad y su autoridad, hundiendo de paso la ya débil figura presidencial y aportando su granito de arena a la crisis de autoridad que sufre el país. Ya no sabemos si confiar en un inconsistente y volátil presidente, ya que no sabemos siquiera si él es capaz de estar de acuerdo consigo mismo. No nos sorprendamos entonces si tanto nuestra crisis de autoridad y de seguridad como nuestra polarización política continúan agravándose en este 2023 gracias a nuestras propias autoridades electas. 

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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