Boric & Petro lovers

Hay que sospechar de quienes se creen buenas personas y de quienes idolatran a otras. Qué decir de las que se dejan idolatrar. Y más sospechoso, o más mediocre, si es que idolatran a políticos. Poetas, rockeras o sacerdotes redentores de ricos, pero ¿a políticos? Un poco mucho. Hoy son menos los «Boric lovers», pero ahí siguen. Hubo muchos —como bacheletistas y piñeristas, menos intensos, eso sí—. Durante los pacíficos 2000, una de las primeras experiencias que tuve con idólatras de políticos fue en Melbourne, Australia. Era 2006. Todos mis amigos andaban locos con el documental de Al Gore y se habían vuelto adictos a Facebook. Les gustaban las manifestaciones alrededor de la Universidad de Melbourne, cerca del Town Hall, donde tomaron las clásicas fotos de los Beatles asomados desde un balcón, con Paul McCartney y boomerang en mano incluidos. Ahí, en una especie de barrio histórico, con pancartas y pitos, defendían a Latinoamérica del imperialismo yanqui —¡por suerte!—. Eran personas que no tenían absolutamente ninguna idea de lo que era el Cuzco o el mote con huesillos. Chávez era su referente. Varias veces fui a conversar con ellos. No entendían nada. Les expliqué que estaba destruyendo Venezuela con sus decretos, nacionalizaciones y violaciones a DDHH. Una vez, unos mexicanos con pinta de Karl Lagerfeld se asomaron para apoyarme; no ayudaron mucho.

«Yo espero poco o nada de los políticos, y menos de Boric, pero espero mucho más de la gente educada e independiente. Se decepcionaron, dicen, ¿decepcionaron de qué, digo yo?».

Al año siguiente, Chávez quitó concesiones y expropió a medios abiertos, coartando ya radicalmente la libertad de expresión —ojo con el informe recién salido «de Camila Vallejo» sobre «pluralidad de medios»—. ¿Alguien se imagina a un presidente expropiando o prohibiendo trasmitir a Canal 13, Biobío y Cooperativa? Chávez hizo eso en 2007. Boric celebraba sin pudor ese gobierno pasado 2016, bastante adulto y con la miseria ya esparcida. RD empezó a dividirse en 2014 porque seguían firmes con Maduro. Y los «Boric lovers», ahí siguen. Para qué detenerme en el amauterismo de su primer año, las vergüenzas que nos hace pasar como país, o enumerar todo lo que hace hoy, pero criticaba histérico ayer. ¿Cómo alabarlo tanto? Yo espero poco o nada de los políticos, y menos de Boric, pero espero mucho más de la gente educada e independiente. Se decepcionaron, dicen, ¿decepcionaron de qué, digo yo? Ahora le dan con Petro. Hubo un golpe de Estado en Perú y, de repente, Petro lo apoya. ¿Cómo es la cuestión con los golpes? Petro, de hecho, dijo que nuestro Rechazo había «revivido a Pinochet». ¿Qué le ocurre a ese señor? Ya visitó dos veces a Maduro en Caracas y en la Celac, con su discurso de 25 minutos de ilustre demagogia—con excepción del tema drogas— puso énfasis en el cambio climático y cómo éste causaba la inmigración. Debe estar caluroso Venezuela, reflexionando a la Gonzalo Winter. ¿Qué les pasa? Que se calmen los «Boric lovers». ¿Adónde están los sicólogos? ¡Hablen!

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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"La libertad no se pierde por
quienes se esmeran en atacarla, sino por quienes
no son capaces de defenderla"

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