Becas Chile: pura música

“Física, química y biología”. Los representantes de este famoso trío de asignaturas escolares fueron los pocos que celebraron el cambio anunciado a la política de Becas Chile: el programa que envía chilenos a estudiar al extranjero podría focalizar sus recursos aún más, pero no en función de pobreza o excelencia académica (cuestión sensata por su relativa objetividad en función de las metas que busque la política), sino privilegiando a quienes elijan salir a estudiar “áreas prioritarias para el país”, definidas por algunos miembros de Conicyt. ¿Es posible que un consejo de sabios, o burócratas, sepa qué necesita el país? ¿No hubo una época en que se gastaban recursos de todos los chilenos en potenciar la industria de automóviles, porque unos sabios insistían en que era lo que convenía (fabricando autos caros y malos)? ¿No es más probable que estos sabios elijan áreas según sus intereses sectoriales?

Vale la pena considerar el histórico reclamo de los representantes de las humanidades en contra de Conicyt por haberlas relegado constantemente en el diseño de las políticas de investigación (en beneficio de las llamadas “ciencias duras”). ¿Qué va a ocurrir con las humanidades? ¿Por qué mejor no priorizar que cada persona elija libremente dónde puede ser un mayor aporte en función de la excelencia académica de su carrera, universidad y programa? Estas celebraciones no parecen casualidad: otros que celebraron fueron los del mundo de la “innovación y emprendimiento”, los mismos que hace un tiempo quisieron llevarse Conicyt del Ministerio de Educación al de Economia para hacer justamente lo mismo: privilegiar áreas prioritarias para el país, que ellos en teoría ya conocían. Ustedes se imaginarán cuáles.

“¿Es posible que un consejo de sabios, o burócratas, sepa qué necesita el país?”

En días en que volvemos a la moda de malinterpretar frases como que “todo lo demás es música”, ¿qué pasará entonces con los músicos? ¿Cuán “prioritarios” se considerará a filósofos, pintores y poetas? Estas no son ideas nuevas. Ya en 1933, Jenaro Prieto reclamaba que teníamos “muy mal ojo para hacer economías”. A pesar de que “entre el personal del Ejército, el elemento que contaba con mayores simpatías de parte del público era incuestionablemente el de las bandas militares”, estas últimas fueron cuatrocientas “de las seiscientas cuarenta plazas suprimidas para encuadrar los gastos del presupuesto”. La polémica política-musical, al parecer, no es tan nueva.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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