Baradit, empresarios y los tiempos

Volvió a aparecer en escena la frase «ya no están los tiempos» para justificar todo. El último que se lució con ella fue Baradit, el escritor que ha hecho de la moralina una profesión en las redes sociales al ubicarse en el pedestal imaginario que éstas otorgan para juzgar todo, absolutamente todo, sin matices ni contextos.

En las últimas semanas esa moralina carente de matices le cayó a él encima. Sus antiguos dichos y escritos, vulgares y decadentes, refiriéndose a mujeres reales, le costaron popularidad. Fue duro, dijo. Pero lo delirante fue que se defendió diciendo que había sido sacado de contexto. ¡Baradit! Un profesional de la descontextualización tendenciosa —porque no va a decir ahora que es Duchamp— y que utiliza con historias y héroes chilenos para, sin pudor alguno, confundir la mente de miles lectores y hacerse millonario con el capitalismo (editorial) que tanto critica. Él mismo, ¡pide ahora contextualizar sus dichos! ¡¿Qué diría Arturo Prat?! Y continúa su explicación: «El lenguaje hace diez años era diferente al de ahora. Ha cambiado rápidamente, hay cuestiones que todos pensábamos que eran normales», dijo.

¿Desde cuándo las palabras y frases que usó cambiaron de significado? Todo lo que dijo no ha cambiado ni un ápice, y es igualmente vulgar que hace diez años. Nada se ha transformado. ¿Cómo tan farsante? Una cuestión es qué tan graves sean sus dichos —o cuán literarios o de personajes literarios sean, cuestiones que tampoco lo son, por lo demás—. Pero que el lenguaje haya cambiado es otra cosa. La única diferencia es que ahora salió a la palestra.

“Ahora los pillan, antes no, ésa es la única cuestión”

Exactamente lo mismo ocurre en otros casos, ahora en la boca de empresarios. Han vuelto a aparecer entrevistas en las que algunos dicen que los tiempos cambiaron y que ya no se puede hacer lo que se hacía antes, refiriéndose a cuestiones aberrantes. Este tipo de explicaciones empezaron en 2011, después del escándalo de La Polar, cuando políticos y empresarios hablaron de que éramos un país al borde del desarrollo, en el que ya no se aceptaban estas prácticas antiguas y obsoletas. ¿Desde cuándo se ha aceptado estafar a los accionistas y a los clientes como lo hizo La Polar? Nunca, ni en el más libre o anárquico de los mundos.

Es cierto que en el pasado era socialmente aceptada la aberración de creer que la mujer tenía un rol específico en la sociedad, y es cierto que se permitía destruir humedales costeros y eso hoy es más difícil —aunque debería ser imposible—. Pero no ocurre lo mismo con estafas, acosos laborales y vulgaridades. Menos hace apenas diez años. Ahora los pillan, antes no, ésa es la única cuestión.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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