Axel Kaiser en El País de Uruguay: «El Mercosur es un fracaso de política internacional»

Entrevista hecha por El País de Uruguay a Axel Kaiser, presidente del directorio FPP. Publicada el 30 de noviembre de 2022.

Abogado, escritor y docente universitario, el chileno Axel Kaiser (41) es cofundador y presidente de la Fundación para el Progreso, uno de los centros de estudios liberales más influyentes de Hispanoamérica. Ayer viernes, en un acto del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) en el hotel Sofitel, presentó su último libro, «El economista callejero, 15 lecciones de economía para sobrevivir a políticos y demagogos» (Ediciones El Mercurio). Kaiser ya ha publicado con gran éxito de venta «La neoinquisición» (Deusto, 2020), «La tiranía de la igualdad» (Deusto, 2017) y «El engaño populista» (Deusto, 2016), entre otros. En diálogo con El País, analiza la situación regional.

Apenas uno toma contacto con su libro El economista callejero, le queda claro que además de estar orientado a personas que no están familiarizadas con la economía, tiene una intencionalidad política.

— En un cierto sentido, que las personas a la hora de elegir a sus representantes, elijan a aquellos que son más serios cuando hablan de economía. En ese sentido tiene una intencionalidad política. Pero no ideológico, porque en realidad el libro contiene lecciones de cómo funcionan las cosas.

Otra cosa que llama la atención es que el libro propone lecciones «para sobrevivir a políticos y demagogos».

— Sí, los subtítulos son siempre complicados, igual que los títulos. Porque es difícil englobar todo lo que un libro contiene en un título o un subtítulo. Ahora, dicho eso, estamos en un mundo en que si bien hay algunos políticos que son más responsables, la gran mayoría no son muy responsables cuando se trata de economía. Prometen cosas que finalmente no pueden cumplir.

¿Qué propuestas considera que no son responsables?

— Derechos sociales garantizados para todo el mundo que en el largo plazo no son sustentables. Aumento de impuestos a empresas diciendo que los ricos van a pagar la cuenta, circunstancia que lleva a la fuga de capitales, a que se invierta menos y por lo tanto la cuenta también la paga el ciudadano común y corriente a través de menos empleo, menos salario, y menos bienes y servicios. Esta retórica de que el Estado va a resolver todos los problemas tampoco es algo muy responsable. Otro ejemplo es la inflación, las políticas expansivas de gasto que hicieron los gobiernos en Europa, Estados Unidos y muchas partes de América Latina durante la pandemia e incluso antes. Ahora tenemos un mundo sumergido en un problema inflacionario grave.

Era una salida rápida para una situación extrema.

— Era una salida rápida que yo discuto, y que algunos países no aplicaron. Por ejemplo, Suiza fue mucho más prudente y tiene tasas de inflación mucho más bajas que la UE. No era necesario abrir la válvula del dinero fiscal de esa manera, porque es dinero de los contribuyentes. México, por ejemplo, fue súper conservador. El presidente López Obrador, por mucho que sea de izquierda, hay que reconocerle que fue muy responsable fiscalmente.

Lo llevo a algo que usted dijo al principio, que los políticos plantean cosas que no son viables a largo plazo. ¿Por qué lo hacen?

— El incentivo que tienen los políticos es salir elegidos. Entonces sobornan a la gente prometiéndoles cosas gratis. Nosotros los ciudadanos tenemos que entender que nada es gratis. Si los políticos te están dando algo gratis es porque te lo están sacando del bolsillo izquierdo y te lo van a pasar el derecho, y en el camino se va a perder buena parte de lo que te sacaron. No hay cosas gratis, es una de las cosas que explico en el libro. Al final la pagas.

— El libro plantea «15 lecciones para sobrevivir a políticos y demagogos». ¿Cuáles destacaría como las principales?

— Hay una que me parece muy importante entre todas, que es la idea de que los precios son información. Cuando uno tiene una economía de mercado, los precios son la señal que se envía a todos los actores para asignar, invertir y explotar bien los recursos que existen y crear nuevos. Por eso es un problema cuando los gobiernos se ponen a fijar precios, porque alteran la señal que el mercado envía.

Por lo que me dice, siempre hay que dejar que el mercado regule la economía. ¿Qué rol le queda al Estado?

— Sin derecho de propiedad no hay mercado. Ahí está el rol fundamental del Estado. El Estado lo que tienen que hacer es garantizar que haya derechos de propiedad bien definidos, que se respeten.

A principios del siglo XXI la región vivió lo que se llamó «ola populista» o «progresista». Ahora algunos países de la región vuelven a tener gobiernos de izquierda. ¿Hay diferencia entre aquella primera ola con la situación actual?

— Hay una diferencia, que es que claramente el socialismo del siglo XXI tenía un líder que era Hugo Chávez, que además entra a gobernar Venezuela coincidiendo con la explosión de los precios de los commodities. Él estaba muy aliado con Cuba, era un delfín de Fidel Castro. Entonces se convierte en un fenómeno de atención global. Hoy no parece haber un líder claro que esté tratando de llevar adelante una revolución continental.

¿El socialismo del siglo XXI fracasó?

— Fracasó en el sentido de que no pudo conseguir nada de lo que prometió. Terminó en lo que algunos anunciábamos que iba a terminar: miseria, destrucción económica, gobiernos autoritarios, dictatoriales.

¿Y ahora?

— No van a tener el boom de commodities. Será mucho más difícil sustentar políticas populistas.

¿Cómo observa estos primeros meses de Boric en Chile?

— Han sido un desastre. Él llega al poder prometiendo una limpieza de la corrupción, y estamos viendo que están en las mismas prácticas de corrupción. Segundo, desde el punto de vista económico, se ha empecinado en reformas de impuestos. Él está con el Partido Comunista en el gobierno, y por lo tanto han creado mucha ansiedad en los inversionistas, que no ven con buenos ojos lo que está ocurriendo, y eso viene a empeorar un país que ya venía en decadencia por más de diez años.

Usted ha dicho que Chile va camino a ser «otra nación fracasada». ¿Por qué?

— Chile ya fracasó. El discurso igualitario, anti mercado, anti capitalista, estatista, de lucha de clases que se metió en nuestro país, lo arruinó. Este daño que se ha causado ya no es reversible.

Pero esta situación no es achacable solo a Boric …

— No, claro que no. Boric contribuyó a este desastre. El prometió que iba a sepultar el neo liberalismo. ¿Qué significa eso? Sepultar las instituciones que permiten el progreso. Listo. El país se acabó. La gente no lo quiere aceptar, pero el Chile modelo se acabó. Lo destruyeron sus elites, su clase política, también la centroderecha, Sebastián Piñera y todos ellos. Lo destruyeron sus elites intelectuales. Y también en parte sus elites empresariales. Siempre hay excepciones en todo esto, claro.

Uruguay ha planteado al Mercosur que le dejen negociar acuerdos de libre comercio con otros países. ¿Qué opina usted?

— El Mercosur es uno de los ejemplos de política internacional más fracasados de la historia. Es inconcebible que teniendo la posibilidad de tener mercados abiertos con todo el mundo -como lo tiene Chile, que es una de las cosas buenas que tenemos, que este gobierno de Boric también quiso destruir y no pudo-, no se abra. Uno de los pilares del desarrollo económico de Chile, que aún se mantiene y es algo que nos va salvando, es el libre comercio.

En Uruguay miramos con mucha atención lo que pasa en los dos vecinos más grandes: Argentina y Brasil. ¿Cuál es su lectura de la situación en Argentina y su proyección para el próximo año electoral? ¿Y qué se puede esperar del gobierno de Lula en Brasil?

— Argentina va a tener un cambio de régimen, inevitablemente. Mi ideal sería que ganara Javier Milei para ser franco …

No creo que vaya a pasar.

— Probablemente no. Pero la pregunta está qué tan profunda van a ser las reformas que aplique el nuevo gobierno. Porque Macri en su primer gobierno no sirvió para nada. Fue más de lo mismo. Sí hizo algunas cosas más cosméticas, pero no hizo reformas muy estructurales ni de fondo. Tampoco era fácil hacerlas. Pero en el gobierno que viene van a tener que hacer reformas de fondo. Recorte de gasto fiscal serio, sacar empleados públicos, ordenar las finanzas de los traspasos del gobierno central a las provincias, dolarizar la economía. Hay gente que se opone a eso, pero si no dolarizan la economía Argentina está condenada para siempre a un ciclo inflacionario. Ya no pueden quedarse en el eslogan de que hay que cambiar; eso ya no sirve. Ahora hay que operar, y no es una cosa con bisturí, es una cosa con hacha.

¿Y Brasil?

— Lula está trabado por el Parlamento. Tiene un país dividísimo, 50 y 50. Parte con una oposición enorme, eso es muy bueno. Y por lo tanto algunas de sus promesas no las va a poder imponer, va a tener que buscar negociaciones y consensos. Yo diría que Lula no va a hacer absolutamente nada para mejorar las condiciones económicas y social de los brasileños. Pero no va a hacer todo el daño que podría haber hecho. Va a hacer algo de daño, pero no mucho.

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Uruguay, el faro de la región

Usted ha dicho que Uruguay es hoy el país modelo en la región. ¿Qué le ve?

— Es un país que tiene una tradición política de estabilidad por mucho tiempo, no tiene una izquierda refundacional con posibilidades de poner en jaque todo el modelo económico, social y político, como sí la tuvimos en Chile. Es un país que tiene un gobierno que es muy pro inversión, pro ideas de libertad económica. Es un país bastante seguro dentro de lo que es América Latina, y ha enviado la señal de que quiere ser próspero, de que quiere jugar en las grandes ligas, de que quiere atraer a la gente talentosa, a la gente con capital, básicamente a los que mueven el dinamismo económico-social hacia arriba. Es una filosofía del éxito y no del fracaso. Nosotros teníamos eso en los 90 en Chile, pero abrazamos la filosofía del fracaso, del Estado grande, de redistribuir mucho dinero, de atacar a la gente con recursos, de hacer lucha de clases, y destruimos el país. Uruguay también tiene un Estado que cumple su rol social, y está perfecto. Pero en la medida que haya un equilibrio, el país va a seguir siendo el faro de América Latina.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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