Axel Kaiser “El Papa y el capitalismo: un diálogo necesario”

En el marco de la visita del Papa Francisco a Chile, Ediciones El Mercurio presenta, este miércoles, el libro “El Papa y el capitalismo” de Axel Kaiser, a partir de las opiniones emitidas por el Papa – aunque con una mirada divergente – pretende contribuir al debate, en materia económica y social, entre Francisco, los miembros de la iglesia y el mundo laico. Presentamos aquí fragmentos de su libro.

Francisco y el capitalismo, según Charles Dickens

A ratos da la impresión de que Francisco cree en ese pasado romántico en el cual los seres humanos vivían felices en los campos, hasta que la revolución industrial los obligó a abandonar las hermosas y fértiles tierras para someterlos al castigo insalubre de la vida urbana. Este es, por cierto, un mito extendido en círculos socialistas, conservadores e incluso entre el público general. Uno de sus máximos propagadores fue nada menos que el notable novelista inglés Charles Dickens, especialmente a través de su obra Hard Times. En ella, Dickens trata de modo extremadamente negativo la realidad económica y social de la época de la revolución industrial en Inglaterra. Uno podría imaginar al Papa Francisco leyendo a Dickens y compartiendo un diagnóstico muy pesimista de lo que significó la revolución industrial, principalmente para los más pobres.
 
De hecho, Laudato si, es mucho más una condena del mundo industrializado que una crítica matizada. En Evangelii gaudium, Francisco confirma su condena al sistema económico moderno, de manera aún más categórica.
 
Del capítulo Laudato si, Capitalismo no.
 

Refutación de la “cultura del descarte”

El capitalismo, cree Francisco, genera miseria, exclusión y gente desechable. De hecho, en otra oportunidad, el mismo Papa afirmó que “el principal dilema ético de este capitalismo es la creación de descartados, para después tratar de esconderlos”. Hemos visto, sin embargo, datos de mortalidad que prueban que gracias a la revolución industrial y al capitalismo vivimos mejor que nunca en la historia y que era antes del capitalismo que la mayoría de la población mundial era realmente desechable. Pero debemos continuar refutando la tesis de Francisco, de que el mercado no beneficia a las mayorías y que quienes así argumentan creen en un “derrame” sin ningún fundamento real. Un estudio del académico de Yale William Nordhaus, publicado por el National Bureau of Economic Research en Estados Unidos, analizó las ganancias de empresas innovadoras -aquellas que excluyen la agricultura- en el período 1948-2001 en ese país. La conclusión es que los innovadores apenas retienen para sí un 2,2 por ciento del total del valor creado socialmente por sus empresas e innovaciones. El resto es riqueza para los demás. Bill Gates, por decirlo de otro modo, ha beneficiado y creado riqueza para la sociedad en cantidades mucho mayores que el beneficio que ha obtenido él. Nadie se ha hecho más pobre por culpa de Gates, pero todos nos hemos hecho más ricos gracias a él, porque sus innovaciones han permitido incrementar la productividad de toda la economía, llevando a mayores ingresos para todos nosotros. He ahí la potencia creadora del capitalismo.
 
Extracto del capítulo Del capitalismo como abuso, el mito del derrame y la “cultura del descarte”.
 

Errores de Evangelii gaudium

A diferencia de lo que cree Francisco, la economía de mercado no mata, sino que salva. Nos salva de la pobreza, de la desnutrición, del hambre y enfermedades, todo lo cual definía la vida de nuestros antepasados, y de lo que hoy una gran parte de la población mundial se encuentra libre. A pesar de ello, las críticas poco matizadas de Francisco al sistema capitalista no tienen pausa. En otra reflexión, el Papa critica las ganancias como motor de la actividad económica, afirmando lo siguiente:
 
“Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos, de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo, en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”.
 
Existen varios argumentos en esta parte de Evangelii gaudium que merecen respuesta. El primero es la idea según la cual la mayoría queda rezagada mientras unos se hacen más ricos. Hemos visto que este argumento tan común es falso, pues todos los datos muestran que el bienestar de las masas ha crecido como nunca en la historia de la humanidad en casi todas las regiones del planeta, y además, que los empresarios que logran innovar retienen apenas un 2,2 por ciento de la riqueza creada socialmente.
 
Extracto del capítulo La tiranía de las ganancias, el mal de la desigualdad.
 

Francisco y el atraso de Latinoamérica

La falta de conocimientos económicos lleva al Papa Francisco a hacer afirmaciones muy apresuradas. En una entrevista con el diario El País de España, el Papa sostuvo lo siguiente, para explicar el atraso latinoamericano:
 
“El problema es que Latinoamérica está sufriendo los efectos -que marqué mucho en la Laudato si- de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico fuerte, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que ‘esta economía mata’. Mata de hambre, mata de falta de cultura. La emigración no es solo de África a Lampedusa o a Lesbos. La emigración es también desde Panamá a la frontera de México con Estados Unidos. La gente emigra buscando. Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias”.
 
Esta visión de la realidad latinoamericana no es efectiva. Si hay algo que explica el subdesarrollo, la miseria y el populismo de nuestra región es, precisamente, la ausencia de libertad económica. Cuando hablamos de libertad económica nos referimos a un marco institucional en el que se asegure fuertemente el derecho a la propiedad privada, se mantengan impuestos razonables, regulaciones amistosas con el emprendimiento, inflación controlada, con baja cantidad de empresas controladas por el Estado, gasto público sostenible y amplia apertura comercial.
 
Extracto del capítulo Del liberalismo económico como causa del atraso latinoamericano.

 

Desconocimiento de las causas de la riqueza

Francisco no se muestra, por cierto, inconsciente de que la tecnología y los avances científicos son esenciales para la prosperidad humana. “La tecnociencia -dice- bien orientada no solo puede producir cosas realmente valiosas para mejorar la calidad de vida del ser humano, desde objetos domésticos útiles hasta grandes medios de transporte, puentes, edificios, lugares públicos. También es capaz de producir lo bello…”. El problema es que no parece ver la relación entre esos avances y el sistema de libre mercado, basado en instituciones que garantizan amplios niveles de libertad económica y acumulación de capital.
 
Extracto del capítulo El estiércol del diablo, el capital y la economía comunitaria.

 

La economía comunitaria

Es cierto que existe toda una tradición en la Doctrina Social de la Iglesia que habla sobre el destino universal de los bienes y la función social de la propiedad. De hecho, Francisco suele recurrir a ella. Pero esta tradición no significa que haya una oposición al capitalismo y a la más amplia libertad económica, para reemplazarla por una “economía comunitaria”, como postula el Papa Francisco.
 
Extracto del capítulo El estiércol del diablo, el capital y la economía comunitaria.

 

Comunismo y cristianismo

“La ideología marxista es incorrecta, pero en mi vida he conocido a tantos marxistas buenas personas que no me siento ofendido si me lo llaman”, dijo Francisco en una entrevista al ser preguntado por las acusaciones de marxista que había recibido de la derecha norteamericana, luego de la publicación de Evangelii gaudium. La frase debe sorprender a millones de católicos que siempre han sabido que el comunismo es el enemigo acérrimo del catolicismo y que sus resultados condujeron a la muerte de más de cien millones de personas. Por supuesto, Francisco no estaba aprobando los gulags ni los genocidios que hicieron los comunistas en todos los países en que tuvieron el poder, sino rescatando las buenas intenciones de comunistas que él había conocido y que le parecían “buenas personas”. La identificación de Francisco con los comunistas resultó aún más chocante para muchos católicos cuando fue preguntado por un periodista italiano poco antes de la elección de Donald Trump acerca de si él apoyaba una “sociedad de tipo marxista”. Francisco contestó:
 
“Son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan. No los demagogos, los barrabás, sino el pueblo, los pobres, tengan fe en Dios o no, son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad”.
 
Extracto del capítulo Comunistas: los verdaderos cristianos
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Publicado en El Mercurio, 07.01.2018

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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