Aún estamos a tiempo

El coronavirus (Covid-19) llegó a Chile y en particular a la región del Biobío con tres casos en Concepción- aunque también habría que sumar por proximidad territorial, otro caso descubierto en Ñuble- lo que trae complejas consecuencias.

Si bien la enfermedad se encuentra en estudio permanente, hay algunas luces respecto de ella. La tasa de mortalidad es de un 3.4% y se concentra principalmente en los adultos mayores. Su principal inconveniente es la fácil propagación que éste posee y que ha obligado a suspender eventos a nivel regional, nacional e internacional. Así las cosas, no es extraño que la Universidad de Concepción suspenda sus actividades el fin de semana, así como también se suspendió el Lollapalooza en Santiago.

Debiésemos seguir la implacable estrategia de Corea del Sur. El plan de acción, coordinado por el Ministerio de Salud surcoreano, se estableció desde el primer día: una amplia red de diagnóstico y la reducción de la tasa de mortalidad como objetivo.

El punto crucial de este virus, es que tiene puesto en jaque y al borde de paralizar a la agenda por completo. Los partidos de fútbol serán sin público, si es que se juegan, probablemente se tomen medidas con respecto a las clases, e inclusive el propio plebiscito de abril está contra las cuerdas de llevarse a cabo.

Esto no tiene relación, en modo alguno, con un intento del gobierno por aplacar movilizaciones. Por favor, la razón humana puede muchísimo más que eso. En consecuencia, a lo que realmente hay que apelar es a la responsabilidad individual. Un valor que parece ser difuso y escaso en nuestros días, pero que supone tomar en serio la magnitud del problema para toda la sociedad. De allí, entonces, que cada persona tome precauciones para evitar exponerse a contagio y aumentar la creciente alza del virus.

Evitar las aglomeraciones, reuniones y grandes eventos será la tónica de los días que vienen.

Además, ya que existe un amplio revuelo por Parasite, la exitosa película coreana ganadora del Óscar, debiésemos seguir la implacable estrategia de Corea del Sur. El plan de acción, coordinado por el Ministerio de Salud surcoreano, se estableció desde el primer día: una amplia red de diagnóstico y la reducción de la tasa de mortalidad como objetivo. A pesar de tener una alta cifra de casos diagnosticados (7.755, el cuarto mayor en el mundo), el número de fallecidos hasta el 11 de marzo era 63, lo que representa una tasa de mortalidad del 0,6%, menor que la de EE.UU., Italia e Irán. Sumado a un autocontrol y las medidas preventivas adoptadas por cada ciudadano del asiático país, han logrado mantener a raya a un virus del cual todavía no se tiene noticia de su cura.

El escenario para el país es claramente adverso. Desde octubre a la fecha, los disturbios, caos y destrucción que han azolado a esta larga y angosta faja de tierra, han elevado a 300.000 los despidos y aumentado la inflación como no ocurría hace 20 años. No es tiempo de vacilar ni de grandes dudas. Es momento de que cada uno actúe siendo responsable partiendo por sí y luego por la sociedad en su conjunto. Podemos ser un país que maneje bien la crisis que se avecina producto de esta pandemia, pero para ello se requiere la cabeza fría y estar a la altura de las circunstancias. Aún estamos a tiempo.

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