Artistas al ritmo de Giorgio

«Me da mucho temor, mucho temor, que sigan un poco… como bailando al ritmo del Giorgio Jackson», dijo la actriz Esperanza Silva en La Red. Le da miedo que los convencionales sigan bailando al ritmo de eso que «escribió en su libro, … y eso es lo que se ha visto adentro de la Convención». La Convención rechazó la norma que protegía los derechos de autor, inspirados quizás en la moda que han tomado Giorgio y sus amigos: despreciar el derecho de propiedad del conocimiento. «Hay que reformular esa idea, ese sentido común de que el conocimiento tiene propiedad», dijo su coautora. Incluso la ministra de las Culturas, Julieta Brodsky, andaba enredada con la idea: confundió los derechos laborales con los derechos de autor y, fundamentando en pos del acceso a la cultura, dijo que había que «ponerle límites a los derechos de autor».

Giorgio propone entonces regalar o desproteger las creaciones literarias, los inventos y, al final, todas las obras de arte, eliminando así esos demoníacos incentivos que existen para que proliferen las creaciones y vivamos en una sociedad vibrante y dinámica, y que permiten, además, que existan los pocos ingresos que reciben los artistas.

Giorgio propone entonces regalar o desproteger las creaciones literarias, los inventos y, al final, todas las obras de arte, eliminando así esos demoníacos incentivos que existen para que proliferen las creaciones y vivamos en una sociedad vibrante y dinámica, y que permiten, además, que existan los pocos ingresos que reciben los artistas. «Si me dan un sueldo de diputado feliz que me copien todos los libros», dijo un escritor cuando Giorgio partió pontificando sobre esto hace unos años. Habría que decirle que así cualquiera, que como él justamente no es artista, le es fácil ser generoso con obras ajenas. Es el clásico ataque contra los políticos populistas y demagógicos: fácil ofrecer regalos con la plata del resto, de los que pagamos los impuestos.

La verdad es que esto es peor, porque Giorgio nos engañó: él mismo ha dicho en entrevistas que no es generoso, y que por eso se autodonaba su sueldo, ya que se reconoce como un «hueón loco», que cuando hace asados entre amigos y tiene que hacer compras en comunidad, «me tengo que relajar, porque evalúo todos los precios. Y no es de cagado. Lo hago porque no puedo regalar». Su mejor amigo del colegio fue más tajante: él es «la persona más cagada del mundo», dijo en esa misma entrevista en El Sábado.

Giorgio nos engañó, tal como Boric el otro día, cuando expulsó a una mujer tratándola displicentemente de «socia» o ayer, cuando se rió de una periodista en su cara; o como los constituyentes, cuando nos dijeron que iban a unir al país pero lo segregan en miles de autonomías —¿la Araucanía no va a secesionar?—. O cuando dijeron que iban a desconcentrar el poder pero lo concentran en los diputados. Qué miedo. Éstos, sin Senado, ya no tendrán control alguno si se alinean con el presidente de turno, sea JAK, Piñera, Boric o Jadue. Un peligro. Sin ese control, con esa especie de ley habilitante que ya está aprobada en la Convención, podrán hacer que el Presidente haga lo que quiera sin pasar por el Congreso. A prepararse no más.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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