“Anne with an E”: El ímpetu de la imaginación

“Anne with an E” es una serie que parece venir del pasado, de aquella época en donde “La casita en la Pradera” era un imperdible para ver en familia. Sin embargo, es a la vez muy actual y logra hacerse de sensaciones y de la curiosidad infantil de una huérfana con el sueño de ser novelista, para contar una historia que dejará a cualquiera viendo sus temporadas de corrido sin despegarse de la pantalla. En estos tiempos dónde las distopías y el terror están tan presentes en nuestra vida, Anne llega a dar una pausa y a disfrutar de aquellas cosas simples de la vida.

La cautivadora historia de Anne Shirley, basada en la obra de Lucy Maud Montgomery, inicia a fines del siglo XIX en la Isla del Príncipe Eduardo (Prince Edward Island). Muestra la vida de una pequeña huérfana que ha pasado por varias familias donde esperan que se comporte como una empleada, pero que además ha sido víctima de abuso sexual, bullying, y maltrato infantil. Sin embargo, en vez de “crecer rápido” para adaptarse a ese ambiente “pervertido por la adultez”, Anne (Amybeth McNulty) decide permanecer en su niñez y ocultarse de su realidad en historias escritas por ella misma. En estas imaginaciones se convierte en una princesa o una doncella con poderes. Sus historias, sin embargo, no le quitan el trauma de lo que realmente está ocurriendo a su alrededor.

Todo esto cambia cuando dos hermanos ya mayores, Matthew y Marilla Cuthbert, deciden adoptar a un niño que los ayude en las tareas de la granja en la que han vivido por décadas, Green Gables. Por error (o por el destino), la huérfana Anne, de 13 años, llega a vivir con ellos, y desde ahí todo se da vuelta. En vez de volverse otra “niña de trabajo” -y en parte gracias a su determinación por vivir su niñez e imaginación-, Anne pasa a transformar la manera en que los que la rodean ven el mundo. De ahí que comienzan a sanar los traumas, los prejuicios contra una “niña sin padres” y las relaciones que tiene con otros adultos en el pueblo.

Las lecturas de esta serie

Hay tres cosas que hacen de esta serie una gran entrega y un imperdible de fin de semana. La primera es la forma con la que la misma trata temas tan sensibles como el abandono y maltrato infantil, el racismo (y la esclavitud), la sexualización de la pubertad, o incluso, la muerte y la enfermedad. Puede sonar extraño que estos temas se traten en una historia tan colorida y con tono “inocente”, pero es precisamente la perspectiva de Anne la que hace que puedan darse esas discusiones de manera calma y con altura de miras.

La segunda es la manera en que Anne transforma el mundo a su alrededor incorporando lo más valioso de la infancia, imaginación, inocencia, creatividad y tristeza. Ninguna sensación pasa inadvertida en los capítulos. Entre su relación con sus padres adoptivos, la creación de un club secreto con sus amigas y las travesuras -que a veces se vuelven en conflictos importantes-, el espectador puede volver al pasado y ver con nostalgia la serie y sus encantos.

La tercera es el debate que establece sobre el conformismo y los cambios sociales empujados por el ímpetu y la creatividad. Anne logra “cambiar sus estrellas” siendo ella misma, intentando hacer las cosas bien, aunque a veces la realidad la aplasta. Esto es aún más impresionante si se toma en cuenta el contexto al que se enfrentaba como adolescente a fines del siglo XIX y en una era en la que emergieron grandes artistas (incluyendo la autora de la novela original), pero donde aún había fuertes imposiciones sociales sobre las mujeres.

Por último, aunque para algunos el final de la serie llega “adelantado” en comparación a la entrega original, se siente como una historia completa con resolución y muchísimas sorpresas.

“Anne with an E” está disponible en Netflix y tiene tres temporadas.

Puedes ver el trailer aquí.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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