Alarmas en el mercado financiero

Hace pocos días el presidente del Banco Central, Mario Marcel, reconoció que “tenemos un cambio estructural en el mercado de capitales, producto de los retiros de ahorros previsionales”. Esto significa que el mercado financiero ha sufrido graves cambios en su estructura y en sus dinámicas de financiamiento, producto de la seguidilla de retiros de las AFP. Pues bien, la semana pasada, el Banco Central (BC) presentó el último Informe de Estabilidad Financiera (IEF), en donde se analizó a fondo los negativos efectos que han tenido los retiros previsionales sobre el sistema financiero. Lo preocupante es que el BC entregó una serie de advertencias y de alarmas respecto al estado de nuestro sistema financiero y que afectan la calidad de vida y la posibilidad de progreso de muchos chilenos.

Primero, en el IEF se puede constatar que los cambios estructurales negativos que está sufriendo el sistema responden exclusivamente a dinámicas internas o endógenas al país y que este deterioro ocurre en ausencia de una crisis en el exterior. Es decir, este desastre en el sistema financiero lo hemos generado nosotros mismos con nuestra demagogia y cortoplacismo político. Segundo, el informe advierte que los precios de los activos financieros han sufrido importantes variaciones —alta inestabilidad en la formación de precios—, y han sufrido de alta volatilidad en los últimos meses. Todo esto, producto de las fuertes tensiones de liquidez y escases en el mercado de bonos soberanos. Tercero, las tasas de interés de mediano y largo plazo han subido de manera significativa, con un especial acento en las tasas de largo plazo, afectando a los créditos hipotecarios y a las grandes inversiones (que son más sensibles a las alzas de tasas).

Desde el punto de vista de la estabilidad macroeconómica, el IEF deja en clara evidencia que, debido a la fuerte presión de la deuda pública y al deterioro de nuestra salud fiscal, la mayor incertidumbre política e institucional y a los retiros de los fondos previsionales, se ha generado un mayor temor en el mercado de capitales. La crisis política a ahuyentado a dichos capitales fuera del país, hacia Miami y otros mercados financieros más estables que el nuestro. De hecho, se ha reportado que la salida de capitales desde Chile se ha disparado. La expatriación de recursos en los últimos 24 meses (terminados a agosto del 2021) totalizan US$ 50 mil millones, los niveles más altos de fuga de capitales de las últimas décadas. El mismo BC ha reconocido esta expatriación de capital como algo histórico. La posible profundización de esta huida de capitales, producto de la Nueva Constitución y las próximas elecciones presidenciales, puede exacerbar aún más todos aquellos negativos cambios estructurales en nuestro sistema financiero.

Estas señales de alarma en el mercado financiero deberían ser motivo de preocupación para el futuro del país, debido a que dichos mercados van señalando hoy los pronósticos probables respecto al futuro.  El Premio Nobel de Economía de Chicago Eugene Fama ha señalado que los mercados financieros son valiosos predictores, ya que miran hacia adelante (son forward-looking): sus valoraciones hoy reflejan la información disponible y las expectativas respecto al futuro. En simple, los mercados de capitales son las alarmas más rápidas y confiables que tenemos hoy para obtener ciertas luces respecto al mañana. Entonces, si dichos mercados están sonando grandes alarmas de advertencias, esto debería ser motivo de gran preocupación.

Además, los cambios estructurales en el mercado de capitales impactan negativamente en la capacidad de financiamiento y dinamismo económico tanto de las personas, como de las empresas. Pues bien, como lo señalará Joseph Schumpeter, uno de los economistas más célebres del siglo XX, el sistema capitalista y el proceso virtuoso de la destrucción creativa se sustentan, no en la acumulación de capital, sino que más bien en el sistema bancario y de capitales que es capaz de introducir liquidez y créditos para promover el proceso de creación empresarial. Por desgracia, esto es precisamente lo que en Chile hemos estado destruyendo a través de los retiros, la fuga de capitales y de todo este cambio en la estructura del mercado financiero.

Con todo, dichos cambios han tenido efectos negativos en la capacidad de financiamiento de innumerables proyectos de inversión, como aquellos de infraestructura, maquinaria y de construcción, como también ha impactado negativamente en las posibilidades de obtener créditos hipotecarios. De hecho, según datos del INE, se ha reportado una baja de un 47% en permisos de edificación de obras nuevas, lo que señala una acelerada postergación de inversiones. Asimismo, el sueño de la casa propia se está haciendo cada vez menos viable en el país debido a las alzas de tasas. Un reciente estudio de Enlace Inmobiliario ha evidenciado una fuerte alza en los rechazos a las pre-aprobaciones de créditos hipotecarios, producto de los fuertes aumentos de tasas de interés y la reducción de los plazos de pago. Los más afectados de esta situación han sido los jóvenes y la clase media emergente.

En conclusión, a nivel estructural y de nuestro sistema financiero, le hemos pasado la retroexcavadora, dañándolo profundamente y retrocediendo su sofisticación. En solo pocos meses hemos hecho retroceder, el equivalente a una década de trabajo, la sofisticación de nuestro mercado de capitales. El reparar dichos cambios estructurales va a tomar un arduo trabajo de años o quizás décadas.  Respecto a la posibilidad de poder revertir estos cambios en el sistema financiero, el presidente del BC fue bastante pesimista: “el hecho de que se haya producido este flujo de salida de capitales de inversionistas locales, es un fenómeno que no va a ser fácil de revertir. Una vez que se abre ese mecanismo … no es muy fácil de revertirlo”. Le toca ahora a los candidatos presidenciales escuchar las alarmas que provienen de los mercados de capitales.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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