A no confiarse

La disputa entre los alcaldes y el Ejecutivo viene haciendo ruido desde hace tiempo. Ahora se ha concentrado en los túneles sanitarios, zanjándose con un acuerdo entre ambas partes en mantenerlos, con los debidos resguardos para no producir más lesionados por el uso de sus químicos, pero el problema ya no radica allí, sino que en la falsa sensación de seguridad.

Las personas anhelan con ahínco, fuerza y hasta razón la seguridad, la certeza respecto de algo. Nada mejor que sentir confianza en que una cosa ocurrirá de un modo u otro. Pero, ocurre que aquello no es más que la excepción a la regla general y en este caso se replica el mismo fenómeno al interior de esta pandemia. La sensación de seguridad que puede otorgar cruzar el umbral de un túnel sanitario, puede ser nocivo como no tomar medidas para prevenir el contagio. Actúa como una falsa certeza que se nos presenta ante nosotros, en una actualidad en que éstas precisamente escasean más que nunca. No por ello, entonces, debemos confiarnos.

Para prevenir esta pandemia, se requerirá de ciudadanos alertas, que privilegien la prevención y el autocuidado antes que las falsas seguridades que algunos intentan implementar con tal de anotarse un punto y un aplauso en la esfera pública o en un matinal.

Para prevenir esta pandemia, se requerirá de ciudadanos alertas, que privilegien la prevención y el autocuidado antes que las falsas seguridades que algunos intentan implementar con tal de anotarse un punto y un aplauso en la esfera pública o en un matinal. En palabras del historiador Yuval Noah Harari: “la clave para derrotar las epidemias es una buena educación científica y sólidas instituciones independientes como universidades, hospitales y periódicos… Una sociedad que brinda a los ciudadanos una buena educación científica, y que es atendida por instituciones fuertes e independientes, puede lidiar con una epidemia mucho mejor que una dictadura brutal que tiene que vigilar constantemente a una población ignorante”. En aquello radica la diferencia de tener una población que, se informa y adopta medidas por propia cuenta, antes de que requiera de una sanción o una directriz emitida por sus gobernantes, a una que más se asemeja a un grupo grande de ovejas, que solo esperan que el pastor las dirija.

Todavía nos queda bastante tiempo conviviendo con la peste y ante la pandemia no pueden existir confianzas, por más bien que resulte una estrategia de combate a ella u otra, sino que debe primar una mirada crítica y preventiva en relación al fenómeno. Si tomamos esa distancia, se hace plausible que la sociedad gire entorno a un eficaz control de ella, sin tener que sacrificar sus libertades y derechos más básicos. Dando así en el clavo, en relación a un justo equilibrio basado en la prudencia.

No exponerse innecesariamente y adoptar todas las prevenciones posibles en nuestras actividades, debiesen ser las cuestiones que guíen el quehacer en los próximos días. Prescindir de ello, solo aumenta los riesgos de contagio y que la pandemia salga de total control, perjudicando a quienes menos medios ostentan para combatirla. En consecuencia, pues claro que la actuación de cada uno cuenta, ya que fácilmente puede influir en el buen o mal pasar de otros, y en aquella circunstancia, es donde marcará distancia el razonar de ciudadanos precavidos, críticos, juiciosos y prudentes en el prevenir del avance del virus que hoy nos asola.

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