2021: convulsionado y digitalizado

Pese a los avances en la vacunación contra el Covid-19, el mundo no parece caminar completamente a “la normalidad”. En cambio, 2021 viene convulsionado, lleno de transformaciones que comienzan a anunciarse, y que modificarán nuestra forma de entender la vida y desarrollo de las sociedades. En particular, hay que poner ojo a dos tendencias: la primera es el cambio en los liderazgos globales, en América, Europa y Asia. La segunda es la digitalización de todo, pero dramática en educación, un tema clave para entender qué ocurrirá con las nuevas generaciones tras esta crisis. Estas dos claves globales afectarán desde países desarrollados, hasta pequeñas comunidades y -por cierto- Chile y Valparaíso incluidos.

Un cambio en el liderazgo global irrumpe en la forma en que las sociedades operan y se relacionan. La llegada de Joe Biden a Estados Unidos promete retornar a la tradición demócrata de Barack Obama, pero con un país mucho más debilitado internacionalmente. Alemania verá retirarse a su canciller por dieciséis años, Ángela Merkel, quien hasta ahora era de los actores democráticos mejor evaluados del mundo. Shinzo Abe, quien fue el primer ministro con más años en el poder en Japón, dejó el puesto en medio de la crisis de Covid-19, y Suga, una figura menos internacionalista, asume la dirigencia.

Más allá del G7, la democracia parece seguir retrocediendo para dar paso a inestabilidad y proyectos iliberales. China adquiere cada vez más poder y actitudes autoritarias internamente, pero también hacia sociedades democráticas como Hong Kong o Taiwán. Además, su jefe de gobierno, Xi Jinping, ya habla de “una nueva Guerra Fría”, como dijo la semana antepasada en la reunión de Davos. Mientras, las protestas contra Putin acusan a un dirigente que cada año se retira más hacia la seguridad de control autoritario para mantenerse en el poder. En suma, este año será clave en la discusión sobre modelos de desarrollo, la viabilidad de la democracia para enfrentar la crisis, y por supuesto las consecuencias que esto tendrá para Chile en todos los ámbitos. China es, después de todo, nuestro primer socio comercial y EEUU, el segundo.

Luego aparece la digitalización, que ha logrado reunir a grupos en el encierro, pero también extender las distancias. Ya existen ofertas laborales de empresas ciento por ciento digitales en todas partes del país, y del mundo. En el trabajo, la productividad también se mide digitalmente, y pareciera que las reuniones presenciales han terminado, y que surgirán nuevos debates sobre la posibilidad de contratar personas a través de las fronteras. Con esto, una persona viviendo en San Antonio o Concón, podría estar contratado en Europa, sin siquiera haber visitado el continente y menos conocer a sus compañeros de trabajo. Para los gobiernos, la digitalización de la vida supone un fuerte desafío fiscal, conceptual y cultural. Por ejemplo, se dice que estar encerrado en un país puede azuzar identidades locales, pero al mismo tiempo, la digitalización borra las fronteras físicas y culturales.

“Si algo le enseñó el Covid-19 al mundo, es que no existe país lo suficientemente pequeño como para desentenderse de lo que ocurre a escala global. Haber tenido esto claro el año pasado hubiera salvado vidas, y tenerlo claro en 2021, nos ayudará a prepararnos para un periodo caótico y en constante transformación, pero lleno de oportunidades”.

En ese sentido, la educación se verá desafiada en este segundo año de pandemia. Primero, toda una generación de niños vio fuertemente suspendidos sus estudios por más de un año, y expertos calculan que esto traerá fuertes consecuencias en el futuro próximo, tanto en aspectos psicológicos y sociales, como de conocimientos técnicos. La adaptación digital ha sido igualmente agresiva para los profesores -conozco muchos-, que además de enfrentarse a barreras tecnológicas, se enfrentan a la frialdad de las pantallas.

Segundo, muchas universidades mantendrán, al menos parcialmente, el formato digital, y con ello, darán la oportunidad a muchos de acceder a la certificación que ofrecen. Al mismo tiempo, centros de estudios en todo el mundo tendrán prácticas similares, compitiendo no solo con la oferta local, sino incluso con las lvy League. Dentro de todos esos cambios, quizá el más relevante será la diferenciación entre el rol de la universidad como centro de pensamiento crítico, y el rol de la capacitación y certificación, que hoy incluso ofrecen empresas como Google.

“Si algo le enseñó el Covid-19 al mundo, es que no existe país lo suficientemente pequeño como para desentenderse de lo que ocurre a escala global. Haber tenido esto claro el año pasado hubiera salvado vidas, y tenerlo claro en 2021, nos ayudará a prepararnos para un periodo caótico y en constante transformación, pero lleno de oportunidades”.

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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