El mito del Estado emprendedor

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Luego de la Gran Depresión que azotó al mundo en 1929, y especialmente después de la II Guerra Mundial, se instaló la idea de que el Estado debía dirigir y controlar la economía porque era el gran creador de valor. Así, se crearon grandes empresas estatales ineficientes y otras que lisa y llanamente solo perdían los recursos de quienes las financiaban: los ciudadanos. Eran enormes elefantes blancos que daban empleo unos años pero que luego terminaban siendo cooptadas por políticos. No generaban valor y se llevaban toda la plata de los contribuyentes que podía ser utilizada, por ejemplo, en servicios sociales. Excepciones hubo muy pocas y estos despilfarros se pagaban con dolorosas inflaciones y aumentos interminables de impuestos.

Esta idea, popularmente en esos años conocida en Latinoamérica como política de “sustitución de importaciones”, es la que se está instalando nuevamente en el mundo, especialmente después de la crisis subprime del año 2008 y ahora luego de la pandemia del 2020. A pesar de que los más diversos países mejoraron sus índices de desarrollo humano justamente después de que desaparecieron estas ideas durante los años 70, estas doctrinas vuelven de la mano de teóricas como Mariana Mazzucato, una economista italiana que escribió un libro llamado El Estado Emprendedor.

Este libro, escrito por McCloskey y Mingardi, rebate las ideas de Mazzucato, explicando por qué se basa en una teoría económica errada y obsoleta. Explica, además, que fueron las ideas de diferentes personas colaborando entre ellas sin la coerción del Estado las  que hicieron posible el desarrollo artístico, cultural y económico de los seres humanos en los últimos 300 años. Nunca el poder coercitivo del Estado, sino que la libertad de los seres humanos causada por la revolución política y retórica de la Ilustración.

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