La desarreglada licencia

SEÑOR DIRECTOR

De la frase ‘las instituciones funcionan’ parece que pasamos a las instituciones no importan. El necesario justo medio, tan necesario desde un punto de vista político, no se asoma ni por si acaso en medio de la fogata donde se aglomeran muchos que parecen soñar con quemarlo todo.

Y esto no se trata de que hacer prevalecer un criterio de razonabilidad se convierta en un mecanismo de defensa del statu quo, que siempre puede ser reformado, sino que se trata de que sea el dique para evitar el reino de la arbitrariedad, tan visible en la violencia sustraída a toda norma de los encapuchados, los vándalos y saqueadores. Hoy varios parecen dispuestos a llevar a la democracia chilena a las máximas tensiones. Esto en términos estrictos se traduce en liberar de toda traba, escrúpulo y criterio todas las fuerzas posibles. Esconden una triste pretensión: subvertir todo orden jurídico y moral. Bajo una idea distorsionada de lo que es la política, comienzan a abrir paso a la antipolítica.

Entonces, bajo esa dinámica se puede pasar fácilmente de la barricada al saqueo, luego al enfrentamiento, y así sucesivamente. Muchos azuzan esos vientos de forma abiertamente irresponsable bajo la presunción de que así, mediante la violencia, harán crecer la democracia. No están entendiendo que la política no puede fundarse en la moral de la pandilla. Ese es el terreno fértil para los caudillos, los populistas y los déspotas. Porque la turba liberada de todo criterio no da paso al imperio de la justicia sino de la arbitrariedad. Ningún cambio es viable en ese terreno donde se prescinde de las instituciones, sobre todo políticas.

En estos tiempos, muchos parecen no ver el riesgo de pasar de una supuesta docilidad servil a la desarreglada licencia que, como diría Andrés Bello, se rebela contra la autoridad de la razón y contra los más nobles y puros instintos del corazón humano.

.

.

.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


Comparte esta publicación: