«Con la economía me las arreglo, con la seguridad no»
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Publicado en La Segunda, 28.10.2020
Publicado en La Segunda, 28.10.2020 Sr. Director,
No son de extrañar los resultados del plebiscito del domingo. Frente al plano concreto del rechazo, identificable con una Constitución caricaturizada por una izquierda que jugó sola en la cancha cultural; el plano abstracto del apruebo tenía una ventaja estructural desde el punto de vista narrativo. El idealismo es mucho más potente que el realismo en términos de relato y esto se demostró contundentemente.
En ese sentido, lo realmente destacable de lo ocurrido en el plebiscito es que después de más de un año de acción política violenta, nuestra democracia aún puede canalizar institucionalmente demandas sociales que no pueden seguir instalándose a punta de matonaje. De esta forma, el verdadero desafío que tendremos en el proceso constitucional es ser consecuentes con la idea de que, además de votos, quórums y mayorías; la democracia se basa justamente en actitudes, valores y principios que configuran nuestros códigos de relacionamiento cultural frente al “adversario” político.
Si efectivamente queremos ponernos de acuerdo en un nuevo pacto social, antes del atrincheramiento ideológico, debemos entrar al proceso con una actitud de diálogo constructivo, escuchando e interpretando de buena fe al adversario, antes que invalidar de entrada sus argumentos, como pareciera ser la actitud hegemónica post 18 de octubre de 2019 (y en realidad, post eliminación del sistema binominal el año 2015).
El proceso constitucional solo será fecundo si su discusión se basa en un compromiso dialogante, basado en argumentos de razón y no en caricaturas que dividen al mundo entre buenos y malos. En ese sentido, la izquierda debiera empezar a reconocer los evidentes logros que nuestro modelo de progreso nos ha dado las últimas décadas (en vez de imputarles la culpa del “estallido”), mientras que la derecha, debe también estar dispuesta a transar en pos de la construcción de un Chile post-transición
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