Winter Kast

Hay varias noticias que podrían dar a José Antonio Kast, líder del nuevo Partido Republicano, la oportunidad de mostrar posiciones e ideas: Osorno estuvo días sin agua —qué conviene: multas, Estado, concesiones o españoles—, el Presidente Piñera intentó viajar ‘como ciudadano’ a un seminario en EE.UU. —como la Presidenta Bachelet cuando se querelló ‘como ciudadana’ contra la revista Qué Pasa—, y varias otras más. Sin embargo, como al parecer no tiene mucho que decir, prefiere provocar. Prefiere luces y cámaras, un ‘político polilla’. En vez de hacer propuestas interesantes, llamativas, o al menos chistosas, Kast cae más bajo: divide a chilenos y promueve extremismos: propone botar estatuas de expresidentes.

Allende puede haber sido un buen o mal Presidente —pésimo diría yo—, pero lo fue, y elegido democráticamente. Y no mandó a desaparecer, matar ni torturar a nadie. Se puede tener posiciones y hay que discutirlas y confrontarlas, pero ¿para qué esa virulencia? ¿Para qué, por un par de cámaras y portadas, empeorar el ambiente y nuestro futuro?

Kast se las ha ingeniado para parecer un moderado en los modos. Sin embargo, eso le ha funcionado porque le gusta enfrentarse a personajes frenteamplistas como el diputado Winter, frente al cual hasta Florcita Motuda bordea la sensatez. Las performances de Winter frente a Kast recuerdan a un preadolescente peleando con sus padres para que le presten el auto en su lugar de veraneo. Es una especie de Catita, el personaje de la Francisca Fehuerhake, pero en versión masculina y hablando de alta política, mostrando un profundo sufrimiento por el prójimo arriba de un Land Rover y culpando al resto.

“¿Existirá algo más peligroso que el Estado diciendo qué es la Verdad?”

Los principios del partido de Kast, recién presentados, son todo lo contrario a la moderación. Son tenebrosos. Afirman creer en Dios y en la Verdad, con mayúscula. ¿Van a hacer las leyes según dijo Dios mediante sus Verdades reveladas? ¿Existirá algo más peligroso que el Estado diciendo qué es la Verdad? Kast no se da cuenta de que así como él cree conocer esa Verdad, mucha gente puede creer en otras Verdades. Y si un día sus secuaces logran imponerlas, eso será una semilla para que mañana lleguen otros y se las estrujen en la cara. La gracia es lograr que estas verdades convivan, no que se impongan. Nada que hacer, no les importa. Cristián Valenzuela, uno de sus fieles, dijo en T13 Radio que los padres necesitaban ayuda del Estado para mandar a sus hijos a dormir. No sé cómo padres que no pueden hacer dormir a sus hijos no necesiten ayuda para educarlos. Quizás después Kast nos diga también a qué colegio ir, qué estudiar y a qué hora rezar.

En España, y ante una confusión conceptual similar, John Muller y la editorial Deusto publicaron hace unas semanas un libro en el que explican por qué Trump no es liberal. Cuánta necesidad de algo similar hay por acá.

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