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Un nuevo mindset

Días atrás fue la segunda edición de SingularityU Chile Summit, un encuentro asociado a la Singularity University  (EE.UU) y de seguro uno de los más importantes del calendario chileno para tecnología y futuro.

Si tuviera que sintetizar el torbellino de ideas y de fascinantes previsiones, diría que el mensaje fue uno, claro y sonoro: urge reprogramar el mindset —la mentalidad— del liderazgo, pues la transformación que está demandando la realidad en la sociedad no es puramente tecnológica o digital. No es cuestión de nuevas leyes y de nuevos procesos en la empresa o en el Estado. No son smart cities, sitios web ni conectividad. Es, esencialmente, cultural. Y el punto más crítico se encuentra en la actitud.

Hace poco, en una conversación, un amigo conocedor de estos asuntos y viajero constante me habló sobre la abismal diferencia entre los líderes empresariales y políticos latinoamericanos —chilenos incluidos, por supuesto— y sus pares asiáticos (chinos, coreanos, singapurenses, indios). Los primeros, en general, tienen poco conocimiento y conciencia de lo que son e implican la era digital y la cuarta revolución industrial, y menos de cómo prepararse estratégicamente. Tampoco demasiado apuro ni ganas de abandonar la comodidad. Los segundos —dice mi amigo— muestran un apetito voraz por aprender, entender y tomar acciones. Así, los primeros reaccionan al fatal estímulo de la urgencia —normalmente cuando es demasiado tarde— mientras los segundos suelen enfrentar mejor la disrupción en sus ámbitos, con bastantes más posibilidades de salir con vida.

¿Cuáles son las claves de esta «reprogramación» de la mentalidad? Imposible en pocas líneas y pretencioso intentar responder con tips y eslóganes, pero propongo dos ideas:

Primero, hay que mantener las agendas públicas y privadas —política, de medios, empresarial, académica, cultural y de sociedad civil— activas con debates y estudios sobre los desafíos tecnológicos y las condiciones del país. Y corregir el foco de nuestras discusiones en materias tan cruciales como educación, trabajo y economía. Eso puede ir desde conferencias, publicaciones, discursos, programas educativos y capacitaciones hasta investigaciones muy precisas que ayuden a tomar decisiones. Y no se puede olvidar a la ciudadanía. Las posibilidades de comunicación son infinitas. El propósito es fomentar la conciencia —lo que en los mundos militar y policial llaman situational awareness— y estimular la apertura a los cambios. La Fundación País Digital, por ejemplo, hace un muy buen trabajo. También algunas empresas se han tomado en serio el asunto.

Segundo, la actitud del liderazgo debe pasar de la preocupación intermitente y la reacción de emergencia a la atención continua y la proactividad. Esto no es fácil, pero parte con un cambio en el discurso. No debemos hablar de «lo que viene» ni de los «desafíos del futuro». Es lo que está ocurriendo ya y los retos del aquí y el ahora. Los rigores de la disrupción ya tocan a muchos y no todos viven para contarlo, en los modelos de negocio, en el trabajo, en instituciones, en la educación.

Una nota optimista: El nuevo ministro de economía, José Ramón Valente, abrió el evento referido al inicio hablando de cuarta revolución industrial y de uno de los pilares del plan del gobierno entrante, la economía del futuro. Yo diría que «del presente», pero lo importante es que hay muy concretas acciones en marcha.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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