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Un 13 de julio hace 23 años

Si preguntamos a cualquier persona acerca de alguna embarcación relacionada con Cuba, es probable que mencione al Granma o quizás el Pilar de Ernest Hemingway. Sin embargo, es posible que pocos, o casi nadie, piensen en un viejo remolcador con el nombre de 13 de marzo.

Con el fracaso y caída del proyecto totalitario en la Unión Soviética, se acabaron las subvenciones para el parasitario socialismo cubano. Obviamente, aquello no golpeó a las privilegiadas oligarquías dirigentes de la isla, pero sí implicó un duro período de escasez, de proporciones inimaginables, para muchos cubanos. Así, el agua con azúcar como desayuno se hizo habitual para el pueblo, no así para sus regentes socialistas. 

A mediados de los noventa se comenzó a hacer habitual ver, en los noticieros del mundo, la imagen de cubanos que, en una diversidad de materiales, se embarcaban desde el Malecón rumbo al mar Caribe con el propósito de llegar a Estados Unidos. Viajar y salir de la isla era un privilegio de los miembros de la aristocracia socialista, pero no del pueblo cubano en general. Por eso, frente al hambre y la miseria, la precariedad de las embarcaciones y la amenaza de tiburones parecían no importar mucho frente a la posibilidad de estar lejos del igualitarismo miserable del socialismo cubano. 

Durante 1994, el éxodo masivo se había vuelto incontrolable para el gobierno cubano, que colocaba enormes trabas para salir de la isla. En agosto de ese año, frente al flujo masivo de balseros, Fidel Castro anunció el retiro de los guarda costas, lo que incentivó a otros miles de cubanos a tomar lo que fuera, desde neumáticos hasta barcos de goma, para salir de Cuba. Algunos dicen que murieron alrededor de 2 o 3 mil personas en ese intento por llegar a las costas estadounidenses. La decisión del dictador cubano no era una muestra de buena voluntad, sino la forma de evitar un estallido social, la rebelión del pueblo contra sus supuestos protectores. Atisbos de aquello se produjeron durante el llamado Maleconazo cuando miles de jóvenes, de los barrios más pobres de La Habana, salieron a protestar contra sus adalides socialistas.

 

“debería ser recordado como muestra del alto costo que pagan las personas comunes y corrientes, cuando algunos prometen la justicia en nombre del socialismo.”

Un mes antes sin embargo, la dictadura cubana había intentado dar una advertencia brutal a los cubanos que quisieran salir. Un día 13 de julio, alrededor de 72 personas, incluidos varios niños, hurtaron un viejo remolcador de madera, con el propósito de escapar del hambre y la miseria. A siete millas de la costa, fueron atacados por barcos de una empresa del estado cubano que, con embestidas y el uso de potentes chorros de agua, hicieron que la vieja embarcación se hundiera durante la madrugada. 41 personas murieron, incluidos 10 niños. Sus cuerpos nunca fueron recuperados por la negativa del gobierno cubano que, por omisión, impidió su búsqueda. Otras 31 personas sobrevivieron y narraron no haber recibido ayuda durante el hundimiento, aun cuando había los guarda costas estaban cerca, escuchando los gritos de auxilio de mujeres y niños.

Lo que según la autoridad cubana había sido un triste accidente, en realidad fue una acción premeditada y vil contra personas que solo buscaban salir de un régimen vejatorio, que los obligaba a vivir bajo la miseria en nombre de la justicia social, la igualdad y el socialismo. Ese año 1994, durante la crisis de los balseros, alrededor de 37 mil personas abandonaron Cuba, escapando del socialismo.

Un 13 de julio como el que se avecina, hace 23 años, un viejo barco llamado 13 de marzo fue hundido, lleno de personas que solo buscaban su libertad. Quizás es menos célebre que el Granma pero es lejos más digno y debería ser recordado como muestra del alto costo que pagan las personas comunes y corrientes, cuando algunos prometen la justicia en nombre del socialismo. 

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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