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¿Será verdad el amor por Tantauco?

Hace un par de meses recorrí parte del Norte Chico debido a la famosa floración del desierto chileno. Nos desviamos algo de la ruta clásica para irnos más al norte, al Parque Nacional Pan de Azúcar, porque nos dijeron que en una de sus playas había sido visto el playero ártico, un pájaro que vuela todos los años desde Estados Unidos pero que pocas veces llega a Chile. Como nunca lo habíamos visto, partimos. Al acercamos a la entrada oficial, de repente, nos encontramos con una multitud de gente, un par de arcos inflables de color fluorescente y mucho entusiasmo. Un “evento”. Mientras avanzábamos lento en nuestro auto, se interpuso en el camino una mujer con una polera, también fluorescente, y un walkie-talkie en la mano. Algo desconcentrada, y con un ojo puesto en la multitud, nos dijo que no podíamos pasar: la carretera (pública) estaba cerrada. Nadie podía entrar al parque, ni acceder a la principal carretera de Chile, simplemente, porque ella lo decía. No había ninguna autoridad. Ni Carabineros ni el Presidente de la República. Nada. Nos bajamos y explicamos que eso no podía ocurrir, que para cerrar así una carretera debía haber algo oficial, no una mera actividad de gente entusiasta. Fuimos al centro de informaciones de Conaf.
“Si al Presidente Piñera de verdad le interesa nuestra naturaleza, como en teoría lo simboliza su compra del Parque Tantauco, no le costará mucho darse cuenta de que la Conaf es una vergüenza, y que no es complicado mejorarla y profesionalizarla.”

 

El guardaparques, despreocupado y sin levantarse de su sillón, nos dijo que había una carrera de bicicletas. Vaya novedad. Un grupo de ciclistas aficionados, sin autorización, dejaba a todo Chile, e incluso a nuestra amiga que venía desde Irán, sin carretera, parque ni pájaros. Conaf no tenía opinión y el encargado, al parecer, prefería escuchar la música y al animador invitando a comprar cervezas. Insólito. Luego de unos minutos empezaron a aparecer desde el norte los ciclistas —más parecidos a una prieta que a Mark Allen o Bárbara Riveros—; desde el sur, más autos como el nuestro. Había incluso un camión-casa gigante, lleno de alemanes, que sin aviso alguno vio cortada su ruta. Sólo cuando el atochamiento creció los organizadores se dieron cuenta de la payasada que estaban haciendo y nos dejaron pasar.

¿Es así como se custodian nuestros parques nacionales? Un chiste. La Conaf está abandonada y sin recursos. Para qué recordar su capacidad de reacción ante los incendios del verano pasado en el valle central, o el deplorable estado de los senderos del “parque más importante de Chile”, el de Torres del Paine, el cual visité el otoño pasado. Las diferencias que nos separan a los senderos e instalaciones de otros países son abismantes. No sólo del «Overland Track» en Australia. También de El Chaltén, en Argentina. Si al Presidente Piñera de verdad le interesa nuestra naturaleza, como en teoría lo simboliza su compra del Parque Tantauco, no le costará mucho darse cuenta de que la Conaf es una vergüenza, y que no es complicado mejorarla y profesionalizarla.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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