Publicado el 28.09.2015

Rosende: “Todo sugiere que nuestro crecimiento a largo plazo será relativamente mediocre”

Por Sebastián Valdenegro Toro

La situación macroeconómica de Chile no es la mejor ad portas de la presentación del Presupuesto 2016, el más austero de los últimos años que se espera para este miércoles.

A la fuerte desaceleración del crecimiento, que se apresta a cumplir dos años, se le agregan presiones inflacionarias más persistentes de lo que el Banco Central preveía. Esto, sin mencionar el complejo escenario externo, con una fuerte caída en el precio de las materias primas en medio de señales de una eventual crisis financiera en China y de que la Reserva Federal de Estados Unidos suba pronto la tasa de interés por primera vez en casi una década.

Todos ingredientes de un cóctel que tiene preocupado a Francisco Rosende. El académico de la Universidad Católica advierte que la economía chilena está inmersa en un ciclo de “mediocridad” en el crecimiento, que amenaza con extenderse por un período importante si no se toman medidas.

¿Cuáles? Quien también fuera gerente de Estudios del Banco Central y decano de de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica, apunta a la mejora en las confianzas a nivel interno, para lo cual la moderación de las reformas y un mayor apoyo político al ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, son las condiciones claves.

¿Qué tan apremiante es la situación económica hoy?
– Veo un escenario complejo, tanto por lo que ocurre en el plano interno con una agenda de reformas que sigue siendo negativo en términos de su impacto sobre la capacidad de crecimiento de la economía, como por un escenario externo que continúa mostrando mucha volatilidad y no ayuda a recuperar un dinamismo mayor.

¿Ya podemos hablar de estancamiento?
– Más que ponerle un título, diría que estamos en un cuadro de pobres resultados macroeconómicos. La idea del estancamiento la suscribo en términos de que todo sugiere que nuestro crecimiento de largo plazo, más que un crecimiento puntual, se está instalando sobre niveles relativamente mediocres. En ese aspecto, plantea una preocupación de la que habrá que hacerse cargo a futuro en términos de cómo revertir esta situación y volver a un escenario donde se crece más rápido y las expectativas de consumidores y empresas se comienzan a cumplir de una manera más duradera.

O sea, más que estancamiento, estamos entrando en un período de mediocridad en el crecimiento.
– Esa es la percepción con la que me quedo, en el sentido de que uno podría pensar en el caso de una economía que puntualmente está afectada por un cuadro externo, o que está enfrentando alguna dificultad. Y que tan pronto se disipen las dudas en el barrio, volverá a su cuadro original de crecimiento.
Pero no parece ser hoy día esa nuestra situación, en términos de que las reformas que se han aplicado y las que se siguen discutiendo están provocando una consolidación de un escenario de bajo crecimiento, lo que a la larga tiene una serie de efectos negativos sobre la estabilidad política y económica.
Mi mayor foco de preocupación se ubica en las discusiones que hay en torno a materias como los tributos, el Código Laboral, el Código de Aguas e, incluso, los eventuales cambios a la Constitución. Hoy creo que nuestro PIB potencial está más cerca del 3% que del 3,5%.

Pero el gobierno se ha abierto a consensuar y moderar incluso algunas reformas.
– Pero definitivamente faltan señales. Lo que se requiere aquí es una revalorización del rol que tiene el sector privado y la economía de mercado en producir un desempeño satisfactorio de la economía.
Lo que se está viendo hoy, en distintas iniciativas, es la percepción de que el Estado puede hacer mejor las cosas, que el sector privado lo hace mal, que provoca resultados insatisfactorios para las grandes mayorías. Ese es un error conceptual y empírico enorme. De otra manera, no se entienden muchas de las reformas en las cuales hay un cuestionamiento persistente a la economía de mercado y a la empresa privada.
Uno podrá resolver algunas reformas o matizarlas a partir de tratar de generar acuerdos, pero si en esencia el proyecto es el mismo veo muy difícil que podamos reemprender el rumbo hacia un crecimiento más alto.

¿Cómo se perfila la actividad hacia 2016? ¿Habrá “motores” para crecer el próximo año? No habrá política monetaria ni fiscal expansiva…
– Yo veo muy improbable que haya un cambio en el ritmo de crecimiento en 2016, más allá de factores puntuales de un trimestre en relación a otro.
Efectivamente, el escenario externo no sufrirá cambios favorables en lo inmediato. Seguiremos con dudas en China, con un dólar alto y bajas en commodities.
En lo interno, lo que se esperaba como un cambio en la agenda producto de este segundo tiempo tras el cambio de gabinete ha tenido un efecto más bien tenue.
Por lo tanto, no vislumbro un cambio en la trayectoria de la inversión y en el gasto. Veo un PIB en torno a 2% el próximo año.

El rol del ministro Valdés

El ministro de Hacienda ha hecho un esfuerzo por contener las expectativas y priorizar los recursos. ¿Es suficiente?

– Veo al ministro en un cuadro complejo. Por un lado, tengo la mejor opinión profesional de Rodrigo Valdés y me parece que entiende muy bien cómo funciona la economía y los costos que se pueden ocasionar sobre el funcionamiento de la misma con iniciativas mal diseñadas.

Pero, por otro lado, tengo la percepción de que hay grupos muy ideológicos dentro del gobierno que no están dispuestos a moverse un ápice de una agenda ideológica. En ese sentido, el ministro queda al medio, y si no cuenta con un apoyo muy fuerte de la Presidenta, simplemente lo que se está haciendo es avanzar más lento pero no se está revirtiendo el rumbo.
Yo confío, a estas alturas con menos expectativas de las que tenía hace algún tiempo, que la reforma laboral no sea un proyecto anti empleo, que no sea una reforma que exacerbe la conflictividad laboral y que se puedan generar cambios sustanciales en el proyecto original. Pero no es lo que se está viendo en este minuto.

¿Le falta más apoyo político al ministro en esta “cruzada” por dar gradualidad a las reformas?
– Esa es la percepción que queda desde afuera. Tengo la impresión de que el ministro entiende muy bien la forma en que funciona la economía, conoce la experiencia de países que adoptaron reformas parecidas a las nuestras.
Hoy Valdés enfrenta grandes obstáculos para introducir cambios importantes desde el propio gobierno. Es cuestión de ver las declaraciones de algunos personeros del propio gabinete y lo que plantea, por ejemplo, la presidenta de la CUT, que tiene mucha influencia en el diseño de algunas políticas, sobre todo la laboral.

REFORMA LABORAL: “RÉGIMEN PARA LAS PYME ES UN PARCHE CURITA”

¿Cómo vio las indicaciones presentadas a la reforma laboral? Al parece, los cambios finalmente no dejaron contento a nadie…

– Se intenta matizar algo que hoy día, desde el punto de vista técnico, es negativo para la economía. Yo creo que aquí se está protegiendo a un grupo de trabajadores en desmedro de la mayoría. Esta no es una agenda pro igualdad, es una agenda pro desigualdad.
Desde el punto de vista técnico, lo que hay aquí es un fortalecimiento casi monopólico de los sindicatos, un desbalance notable en la capacidad de negociación de las partes en las negociaciones laborales, lo que en definitiva sólo va a aumentar la conflictividad, y eso no puede ser bueno.

Pero hubo cambios que moderaron el proyecto, como el régimen especial para las pyme.
– Sí, se buscó subsanar algunos efectos colaterales sobre las pyme, pero este es un problema sobre la economía. No pensemos en ir a resolver problemas grandes con parche curita.
Aquí, probablemente se hace un poco menos mala la reforma, pero sigue siendo mala.

¿El régimen para las pyme es un parche curita?
– Definitivamente. Lo que hay es una agenda que fortalece los sindicatos como un objetivo en sí mismo, y eso no puede ser un objetivo en sí mismo, el objetivo debe ser tener condiciones de crecimiento del empleo, que los trabajadores puedan verse representados, que las remuneraciones guarden relación con la productividad.
Al percibirse que esta reforma provocará efectos no despreciables sobre el funcionamiento de la economía, se incorporan estos cambios que quizá para algunos sectores serán algo menos malas. Pero no cambian el juicio: la reforma sigue siendo mala.

¿Se logró el objetivo que buscaba el ministro Valdés de equilibrar el proyecto?
– Creo que el ministro sigue luchando por hacer algo menos malo, pero -en definitiva- lo que tenemos es una reforma que difícilmente puede clasificarse como pro empleo.
Lo que podemos tratar, en este contexto, es buscar que la reforma sea menos anti empleo de lo que hoy es. Pero bajo ningún contexto esta reforma es pro empleo.

¿Fueron una derrota para el ministro estas indicaciones?
– No quiero hacer un juicio político, pero desde el punto de vista económico, es un mal resultado. Esta reforma es mala para la inversión, mala para el crecimiento y mala para el empleo.

Publicado en El Diario Financiero, 28.09.2015

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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