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Publicado el 27.03.2019

Reseña “La democracia sentimental: políticas y emociones en el S. XXI”

¿Cómo se hace cargo el liberalismo de las emociones? ¿Cómo pasa de ser una corriente de pensamiento aparentemente fría, racional y calculadora, a una capaz de empatizar y hacerse cargo del ser humano en su complejidad? Estribando entre lo ensayístico y lo académico, con una prosa clara, el politólogo Manuel Arias Maldonado trae al castellano La democracia sentimental, una notable publicación con diversos avances teóricos que van desde la neurociencia, la antropología, la psicología, que busca explicar de forma integral al ser humano para afrontar los desafíos del liberalismo y la democracia en el siglo XXI.

“Para Arias Maldonado, el sujeto soberano y autónomo, dueño de sus pasiones, plenamente racional, propio del discurso ilustrado y liberal nunca ha existido”

Para Arias Maldonado, el sujeto soberano y autónomo, dueño de sus pasiones, plenamente racional, propio del discurso ilustrado y liberal nunca ha existido, y en su lugar siempre ha estado lo que denomina el sujeto “postsoberano”, es decir, uno en el que la actuación individual no estaría enteramente dominada por la razón, y que por lo tanto, la capacidad de agencia de los intereses humanos se encontraría limitada por las emociones.

La política del gráfico, la estadística, basada en evidencias y la pura comprensión racional, ya no son suficientes. Pero cuidado, el autor no trata de llevar al liberalismo a un desenfrenado uso de las emociones, cayendo en los mismos excesos y nefastas consecuencias de aquellos fenómenos que hoy asolan a las democracias occidentales, como la xenofobia o el populismo. Arias Maldonado propone un sujeto ideal al cual debería acercarce el liberalismo: el ironista melancólico. Un sujeto que entiende la limitada capacidad de la política para cambiar su vida, y por ende asume lo trágico y complejo de vivir en sociedad. Al mismo tiempo es reflexivo – de ahí lo irónico – que exige mejores condiciones políticas, sociales o económicas, asumiendo que la política por si sola no será la que los haga felices.

En definitiva, se propone un sujeto que mezcle el sentimiento de exigirle más a la política, pero con la capacidad de discurrir de forma consciente y racional sobre lo que es posible pedirle a esta.

Un libro de fluida comprensión, y de lectura obligada para aquellos que tienen una vocación política activa. Con una profunda reflexión, Arias Maldonado no es concluyente ni da una suerte de receta mágica para afrontar el desafío de compatibilizar liberalismo y emocionalidad. Deja planteadas muchas interrogantes, que esperamos puedan ser resueltas por el autor o por otros en el futuro, que inspirados en la tesis del libro, hagan sus aportes para generar una estrategia emocional efectiva que salvaguarde la democracia y el ideario liberal.

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Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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