Progreso: cuestión de criterios y razón

¿Por qué las personas tienen tan distintos diagnósticos y opiniones sobre el estado del mundo y el progreso de la humanidad? ¿Qué conceptos, criterios e ideas pueden ayudar a lograr una evaluación más precisa y una reflexión más inteligente sobre nuestro porvenir, apartando los prejuicios y combatiendo la ignorancia para aproximarnos más racionalmente a la realidad? Esta serie de Rafael Rincón-Urdaneta Z., Director de Estrategia y Asuntos Globales de FPP, ha sido elaborada con vocación de sentido común y pensamiento crítico. Y propone algunas claves útiles para estudiantes, profesores, analistas y líderes, entre otros. En esta segunda entrega veremos algunos criterios esenciales para evaluar el estado y el progreso del mundo.

Imaginen esta escena: Una paciente sin nombre se encuentra en el hospital en un estado gravísimo. Delira y tiene espasmos. Está fría y pálida. Urge adoptar medidas para salvarle la vida. Han llegado los resultados de los exámenes —análisis de sangre, radiografías, ecografías y tal— y se reúne el equipo de atención para decidir sobre los pasos a seguir. Pero hay un problema: solo un profesional de la medicina, el Dr. Rosling, es parte del grupo. El resto está conformado por personas de una diversidad absurda, o cuando menos disfuncional para el caso. Hay un sacerdote especialista en exorcismos, para quien la pobre mujer, como Linda Blair encarnando a Regan en la película El Exorcista, está poseída por Lucifer. Vade retro Satana! También hay un santero, coincidente en lo de la posesión, pero convencido de que el bicho es otro, un espíritu maligno de poca monta. Así que propone invocaciones diferentes para expulsar al indeseable inquilino. El otro miembro del tragicómico conjunto es una activista antivacunas y rabiosa opositora a la medicina científica. Su advertencia: tendrá que pasar sobre su cadáver quien intente acercarle una jeringa o algún fármaco a la desdichada paciente, que a estas alturas convulsiona mientras el exorcista la mira esperando que levante vuelo o tuerza el cuello. Los últimos miembros son un homeópata, un aprendiz de naturista con un manojo de hierbas bajo el brazo y un joven chofer de la funeraria que se equivocó de puerta y no tiene la menor idea de qué hace allí.

La discusión es de película y nadie está de acuerdo en el diagnóstico, menos aún en el tratamiento. Todos hablan jergas de oficio diferentes —el de la funeraria solo pregunta repetidamente a quién tiene que llevarse— y ni siquiera los exámenes con las pistas necesarias han ayudado a consensuar un curso de acción. Cada cual tiene una interpretación distinta de la realidad. El Dr. Rosling, desesperado, impotente y a punto de un ataque, agita los exámenes en el aire y llama a seguridad. ¿Creen que la dama en angustioso sufrimiento salga de esta? Si pudieran, ¿a quién le confiarían la autoridad para hacerse cargo?

Si Ud., como yo, le ha dado el mando al Dr. Rosling es porque valora el conocimiento, la ciencia y la razón. Y sabe que la primera información que tiene a mano es el cuadro visible —y penoso— de la mujer agonizante, los exámenes médicos y años de estudio y experiencia. Añada Google, inteligencia artificial y lo que quiera, pero lo primero es la vocación crítica y científica frente al problema.

El nombre de nuestro galeno no es casual. Es un homenaje a Hans Rosling (1948-2017), sueco, médico, fundador de Gapminder y autor del libro Factfulness[1], publicado en 2018 después de su temprano fallecimiento en pleno auge de su fama. Y viene a cuento en esta entrega porque uno de sus grandes aportes en vida fue combatir la ignorancia con una visión del mundo basada en hechos, en evidencia. Para esta serie sobre el progreso, de esta historia, del legado de Hans Rosling y de lo que he visto en las salas de clase como profesor universitario, quisiera rescatar justamente esa forma de ver y abordar las cosas. Y proponer, entre otros posibles, unos cinco hábitos y criterios de análisis que nos evitarán exabruptos, vergüenzas y situaciones no muy lejanas de nuestra caricaturesca y absurda escena hospitalaria.

 

Cuidado con las ideas preconcebidas

¿Cuántas veces no ignoramos planteamientos contrarios a nuestras creencias, o descartamos una prueba que atenta contra una idea preconcebida, fija en nuestras cabezas? Hace un tiempo atrás en Malmö, Suecia, en una conversación con Johan Norberg, el autor de Progreso: 10 razones para mirar al futuro con optimismo, surgió este tema. «Es increíble la cantidad de gente que realmente cree que los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres», dijo. «La verdad es que la primera parte de esa afirmación es cierta, pero la segunda está completamente equivocada», completó enfáticamente. Y así explicó cómo el mundo se ha enriquecido, y cómo particularmente la población más necesitada lo ha hecho a gran velocidad. Y es que si en 1820 más o menos 94% del mundo vivía en extrema pobreza y en 1990 la proporción era de 34%, para luego llegar a un 9.6% en 2015, pues no hay manera de sostener que los pobres son cada vez más pobres.

Más aún, un estudio de Brookings Institution titulado A global tipping point: Half the world is now middle class or wealthier, a cargo de Homi Kharas y Kristofer Hamel, dice que para septiembre de 2018, según sus cálculos, más de 50% de la población mundial —unos 3,8 mil millones de personas— vivía en hogares con gastos discrecionales suficientes como para ser considerados de «clase media» o «ricos».[2]

Así, el rezo de que los ricos son cada vez más ricos y que los pobres van de mal en peor es simplemente una idea preconcebida, una de esas que se graban en la mente con la misma facilidad que se graban —y repiten— los eslóganes.

“Hay algunas ideas preconcebidas que caen con «trampas» diseñadas para confrontar a las personas consigo mismas y hasta con el sentido común.”

Hay algunas ideas preconcebidas que caen con «trampas» diseñadas para confrontar a las personas consigo mismas y hasta con el sentido común. En una universidad chilena, en las clases de una asignatura sobre política e instituciones que yo dirigía como profesor, solíamos discutir sobre los mejores y peores sistemas políticos y económicos, y sobre los países más prósperos y prometedores para vivir. Había en el ambiente un cierto sentimiento —muy de estos tiempos— anticapitalista, receloso del libre mercado y antiliberal. O «antineoliberal», para usar el término popular. Así que les planteaba «maliciosamente» un ejercicio, una situación ficticia en la que los estudiantes debían listar unas 5 o 10 alternativas de países a donde emigrarían en caso de que tuvieran que hacerlo, como hoy lo hacen los venezolanos huyendo de la hecatombe chavista. Los resultados eran perfectamente predecibles: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia, Japón, Nueva Zelanda, Suiza, Dinamarca, Noruega, Alemania, Estonia, Suecia, los Países Bajos… y así. Era como leer los primeros lugares de los índices de libertad económica de Fraser Institute o Heritage Foundation. La «trampa» es efectiva y los resultados demoledores. El desconcierto era general.

Esto de las ideas preconcebidas podemos extenderlo a muchas situaciones y temas. A veces las personas creen y repiten irreflexivamente lo que escuchan o leen, o están predispuestas a pensar que las cosas están o estarán peor de lo que demuestra la realidad, sea por generalizaciones, por proyecciones de sus experiencias o por sesgos ideológicos. O acaso por pura y simple deshonestidad intelectual. Así, abrir la mente a la posibilidad de que los hechos vayan contra lo que pensamos, o a que nos veamos descubiertos actuando en dirección opuesta a lo que profesamos, es el primer hábito útil para analizar el mundo con claridad. Algo parecido sugiere el Prof. Steven Pinker, citado en la primera entrega de esta serie, en el capítulo sobre la «progresofobia» de su libro En defensa de la ilustración.

 

Lo más importante: el big picture

«Hay que ver el big picture, no las cosas pequeñas», «Lo importante es el big picture para entender el conjunto», «¡Enfócate en el big picture, no en los detalles!». Se trata de un concepto muy común en la jerga del mundo de la estrategia y se le escucha bastante en los ámbitos de la política, la economía o los negocios. Ver el big picture es ver la totalidad de una situación para apreciar más claramente su forma, su estado y ciertas tendencias. Es usar una perspectiva global para comprender un asunto en su amplitud. No se puede apreciar un bosque viendo individualmente un árbol o un grupo limitado de ellos. No percibiremos la belleza y contenido de un mosaico con la vista fija en una de sus pequeñísimas piezas o en esos minúsculos detalles que podrían parecernos «imperfecciones». No podemos evaluar correctamente el estado general de una casa si nos enfocamos en una ventana rota o en un enchufe que no funciona bien. Asimismo, no lograremos un balance del progreso del mundo si vemos hechos o momentos aislados, sin contextualizar, conectar, ampliar el foco.

“no lograremos un balance del progreso del mundo si vemos hechos o momentos aislados, sin contextualizar, conectar, ampliar el foco.”

Volvamos a Rosling por un instante. Uno de sus más conocidos y populares trabajos es un video publicado en 2010 por BBC y titulado Hans Rosling’s 200 Countries, 200 Years, 4 Minutes – The Joy of Stats. Hoy, con casi nueve millones de visualizaciones, sigue siendo muy bueno para mostrar, con estadísticas y datos de expectativa de vida e ingreso, el increíble y rápido progreso de la humanidad en tan solo 200 años. El colorido despliegue de círculos de tamaños variables, cada uno representativo de un país, refleja avances, contratiempos e incluso tragedias humanas tan graves como las dos mortíferas guerras mundiales del siglo XX. Estas aparecen en pantalla como dos golpes que ocasionan caídas seguidas de recuperaciones. Si viéramos solo eso, la distancia entre países prósperos y pobres y la existencia aún de naciones atrasadas, quizás podríamos decir que el mundo es un espanto. Sin embargo, el big picture —para comenzar, la totalidad de los 200 años abarcados— nos indicaría que hay una clarísima tendencia positiva y que el progreso de la humanidad es tremendo, sobre todo comparado con los siglos anteriores. Una línea ascendente con algunos descensos que no afectan la orientación positiva general de la tendencia sigue siendo, en el big picture, una línea esencialmente ascendente (para ahondar en esto, y en la lectura de estadísticas y datos, recomiendo leer en detalle el ya citado Factfulness).

Otro ejemplo: Tomemos un país bien evaluado en el Índice de Desarrollo Humano como Singapur, que ocupa el lugar noveno de la lista. Un dato o la nota de un año no nos dice nada de su progreso, pero si vemos el cuadro que recoge los puntajes desde 1990 —el big picture o panorama del periodo— nos daremos cuenta de que ha venido subiendo aceleradamente, de poco más de 0,7 puntos hasta 0,932 (el máximo es 1). Si vemos el cuadro correspondiente a Venezuela, 0,761 puntos no nos dicen mucho, pero si miramos la historia completa notaremos que el país venía ascendiendo desde 1990, para luego entrar, más o menos desde 2011, en una línea plana que acusa estancamiento. Luego hay descenso muy acentuado desde 2014. Su posición en el lugar 78 del mundo puede ser inquietante, pero su caída lo es aún más. El éxodo desesperado y masivo de venezolanos en todas direcciones hace que los datos cobren aún más sentido.

Ver el big picture no solo nos permite apreciar, como en el caso anterior, tendencias, sino también la importancia relativa de algunos elementos o factores con respecto a otros. O, mejor dicho, con respecto al conjunto total. Si revisamos para cada país el reporte Doing Business del Banco Mundial, encontraremos una gran gama de indicadores específicos. Los países son evaluados en cada uno de ellos y las notas pueden ser dispares, cualquiera sea el resultado final. Que un indicador aparezca bajo el nivel ideal o perfecto, o más bajo que otros, no significa que, en la totalidad, Nueva Zelanda, Singapur o Georgia no sean excelentes lugares para hacer negocios, inmensamente superiores a Yemen, Venezuela y Somalia, ubicados en el foso del ranking. Al revés también funciona: un indicador alto aislado, sin acompañamiento visual del resto, no necesariamente significa un éxito absoluto. Y, por cierto, el solo reporte Doing Business, el PIB per cápita, la tasa de alfabetismo y la tasa de crecimiento, por sí solos, desconectados del panorama, no nos dicen todo lo necesario de un país o del mundo.

La perspectiva del big picture es aplicable a infinitas situaciones o asuntos: el estado de una empresa, las proyecciones de una industria, la estrategia de largo plazo de un partido político o corporación, las instituciones de un país, los grandes cambios, los fenómenos globales, la historia, los avances. Lo más importante es, como se dijo antes, que los momentos, detalles o puntos específicos no nos distraigan ni nos impidan ver el cuadro completo… el panorama.

¡Evidencia, por favor!

Sí, parece una perogrullada, una obviedad, pero la observación atenta y el uso riguroso de la evidencia no es la regla. Dése una vuelta por las redes sociales o reúnase con sus amigos a conversar sobre el estado de la educación y de la cultura, o de la seguridad y la economía, y encontrará miles de personas haciendo afirmaciones categóricas sin base en la evidencia o con lecturas amañadas de ella. Incluso hábleles de medicina, del ambiente o de la existencia de vida extraterrestre y fantasmas. Verá con asombro la cantidad de mitos y creencias que circulan por ahí, tantos sin respaldo por los hechos.

La evidencia es vital en el método científico porque es la prueba de algo. Es información que puede sustentar una hipótesis o una teoría. El Diccionario de la Real Academia Española la define como la «certeza clara y manifiesta de la que no se puede dudar» o como la «prueba determinante en un proceso». Por eso, para atrapar a un criminal se recolecta evidencia —cabellos, rastros de ADN, el arma homicida, los cartuchos percutados, el martillo ensangrentado— y se combinan con el móvil y la oportunidad, entre otras cosas que quedan para los especialistas en la materia. Los estándares metodológicos para descubrir la causa de una enfermedad, correlaciones o el funcionamiento de un sistema incluyen la recolección de evidencia. Incluso, como sugeriría Karl Popper, el ejercicio de dura y exigente crítica para intentar refutar y poner a prueba las hipótesis.

Cada dato, cada estudio, cada índice, cada estadística, siempre que sea de buena calidad, es importante para componer la evidencia de algo. Hay quienes dicen que son «solo números» o registros abstractos, pero resulta que detrás de cada dígito que marca la expectativa de vida, el alfabetismo, la libertad o la alimentación hay personas de carne y hueso que han experimentado cambios tremendos en sus vidas.

Ahora bien, la «evidencia» —así, entrecomillada— puede ser usada de manera selectiva, amañada e incluso maliciosa. También se puede ignorar o usar antojadizamente para argumentar a favor de las más exóticas tesis. Las teorías conspirativas son un buen ejemplo: el hombre nunca llegó a la Luna; la Casa Blanca organizó el 11S para justificar la guerra; el Holocausto nunca existió y es una mentira de los judíos; las vacunas provocan autismo. Cosas así… y para todas hay «pruebas». También se pueden elaborar teorías pseudocientíficas como el terraplanismo, con un lenguaje lleno de referencias rebuscadas y de datos cuyo uso sobrepasa los niveles máximos de absurdo que podemos imaginar. «Gracias por la mención, Pedro. La gente cree que la Tierra es plana e inmóvil porque así lo indica el método científico y la simple observación. La Tierra bola, en cambio, está basada en teorías que jamás se han comprobado y en imágenes fraudulentas creadas por ordenador. Saludos»[3]. Eso escribió Oliver Ibáñez, un terraplanista muy activo en redes sociales. Así, la fuerza de gravedad o los eclipses lunares no significan nada. Y como el agua no se pega a una pelota de tenis girando, pues la Tierra no podría retener agua en los océanos si fuera redonda.

Este aparente desvío del tema del progreso es para mostrar que, si cosas tan descabelladas como estas ganan seguidores, no es para nada sorprendente que algún político, intelectual u opinólogo de profesión hable contra la evidencia y los hechos diciendo, por ejemplo y como referimos antes, que en el mundo los ricos son cada vez más ricos y que los pobres son cada vez más pobres. O que sistemas como el socialismo han sido un rotundo éxito de progreso, aún cuando el experimento real más costoso y masivo —su implementación en tantos países— ha producido evidencia contraria en cantidad tan abrumadora que debería que bastar para convencer al más cabeza dura. Por esto es también importante el punto siguiente, sobre la lectura crítica de la información y los hechos.

La lectura crítica de la realidad

Durante años de trabajo en las salas de clase en la universidad escuché y vi de todo, como los anticapitalistas que emigrarían raudos a Estados Unidos, Australia y Canadá si Chile cayera en desgracia. O a Suecia buscando «el verdadero socialismo». Paréntesis: Esto no es muy distinto de lo que puede verse incluso en los más altos foros intelectuales, académicos y políticos. Así, conocí estudiantes brillantes a la vez que enfrenté desafíos en los que la desesperanza tentaba como el Diablo.

Junto a las ideas preconcebidas y los mitos sin fundamento, y como parte de la aún deficiente capacidad de pensamiento crítico que domina en nuestros entornos educativos (en todo el mundo), vi al menos tres problemas que quisiera tratar aquí.

Uno que atenta a diario contra la lectura clara de la realidad es, no la transmisión, sino el consumo irreflexivo de (malas) noticias, vía prensa, amistades o libros. O, lo que es peor, vía redes sociales —cuando los orígenes son sospechosos— en forma de noticias falsas o fake news. No voy a referirme a la noticias falsas, sino a aquellos hechos que son verídicos y que pueden afectar los diagnósticos sobre el progreso si no se les lee críticamente. Hagamos un ejercicio: Abramos varios de nuestros sitios web preferidos de noticias, vayamos a la sección de novedades del mundo y veamos qué nos salta a la vista. Les daré los resultados de la prueba rápida que he hecho mientras escribo esta parte con siete medios que suelo visitar. Es 28 de julio de 2019 y son las 19:25 horas:

  • Arab News (Arabia Saudita): Hay tensiones entre Irán y el Reino Unido por suceso en el estrecho de Hormuz[4] y los estudiantes turcos están recibiendo textos escolares que justifican los atentados del 11S[5].
  • L’Orient Le Jour (Líbano): Persisten redadas del régimen sirio en el noroeste del país[6] mientras la presidencia de Nigeria anuncia que ha prohibido un grupo islámico chiita[7].
  • La Nación (Argentina): Hay un tiroteo en Brooklyn, Nueva York, con saldo de un muerto y doce heridos[8]. El gobierno de Putin detiene al menos 1000 opositores[9] y Trump exacerba la retórica racial[10].
  • Il Corriere della Sera (Italia): Migrantes muertos en un naufragio en Libia son abandonados por horas bajo el sol[11] mientras otros que esperan en un campo para partir a Italia dicen que en África hay demasiada corrupción y no hay trabajo[12].
  • Hospodářské Noviny (República Checa): Avanza el sistema de crédito social chino, que recompensa o evalúa a las personas según su comportamiento en relación a las expectativas del Partido Comunista[13].
  • As-Sharq Al-Awsat (الشرق الأوسط , diario árabe basado en Londres): Caos, tensión y enfrentamientos armados en el sur de Siria en una guerra lenta de desgaste para el régimen de Assad[14].
  • Frankfurter Allgemeine Zeitung (Alemania): El grupo yihadista Boko Haram mata a 65 personas[15]

 

“Las buenas noticias no son noticias, reza un viejo dicho.”

Claro que también hay una que otra noticia no demasiado trágica o hasta «buena», pero la visibilidad y las proporciones raras veces son equivalentes. Así que si hacemos esto a diario nos encontraremos con que las «buenas nuevas» son relativamente escasas. En general, los medios reportan sobre el avión que se estrella, pero no sobre los miles que a diario aterrizan de manera segura. Reportan un asesinato, pero no vemos a un periodista en vivo, desde la calle, diciendo «Buenos días, les informamos que hoy no han apuñalado a nadie». O quizás algo como «Hoy no ha habido un tiroteo en esta escuela/un ataque terrorista en este aeropuerto». Las buenas noticias no son noticias, reza un viejo dicho. Lo que vemos día a día es lo que sale de la normalidad o lo excepcional, en algunos casos con algo sensacionalismo. Y a menudo es lo más relevante.

El punto es este: cuando leemos malas noticias que nos hacen pensar que al mundo se lo llevó quien lo trajo, no pensamos en las cosas buenas que están pasando cada minuto, como descubrimientos científicos, millones de personas que salen de la pobreza, avances médicos o nuevas soluciones ambientales.

Un segundo asunto de cuidado es el peso de la autoridad. Algo publicado en un diario prestigioso, respaldado por una organización o dicho por una persona famosa o respetada puede tener en nosotros un efecto peligroso, que baja la guardia y defensas de nuestro pensamiento crítico: «Claro, lo dice fulano» (puede ser el Papa). «Deberías leer su libro» (¿Naomi Klein?). ¿Recuerdan a los terraplanistas? Pues existe una conocida organización llamada The Flat Earth Society y en noviembre de este año habrá en Dallas, Texas, una gran conferencia internacional de terraplanistas. El ex arquero del Real Madrid Iker Casillas no cree que el hombre haya llegado a la Luna y el actor Mark Ruffalo duda del 11S porque «los edificios no caen así»[16]. La famosa actriz francesa Marion Cotillard, ganadora de un Oscar por su representación de Edith Piaf en La Môme, también expresó en una entrevista sus dudas sobre el 11S y sobre la llegada del hombre a la Luna[17]. Una vez más, así como existen estos casos, también hay reconocidos intelectuales, políticos o economistas cuyas teorías o interpretaciones no coinciden con la realidad, pero que tienen peso por su autoridad… y en ocasiones no los contrariamos porque no queremos parecer ignorantes o porque no tenemos argumentos mejores a mano.

“cosas que para nuestros ancestros eran definitivamente sueños, o ni siquiera podían imaginar, para nosotros son completamente normales.”

El tercer y último problema son los sesgos —todos los tenemos— a la hora de interpretar la realidad. Hay sesgos ideológicos, sesgos cognitivos, pero aquí quisiera referirme a uno en especial que el psicólogo estadounidense Jonathan Haidt trata dentro del «principio de adaptación» en su exitoso libro The happiness hypothesis. Dice: «Los juicios de las personas sobre su estado presente están basados en si éste es mejor o peor que el estado al que se habían acostumbrado»[18]. Para Haidt, es el cambio el que contiene información vital, no los estados fijos. Así, los seres humanos tomamos la adaptación a extremos cognitivos, y no solo nos habituamos, sino que además recalibramos. Creamos un mundo de objetivos que vamos reemplazando; luego de éxitos apuntamos más alto, y luego de algún gran retroceso apuntamos más bajo, moderamos nuestras expectativas. En suma, nos rodeamos de metas y esperanzas que nos dan satisfacciones o penas en relación con nuestros progresos. Si nos ganamos el premio millonario de la lotería, nuestro estándar de vida se incrementará y nuestras expectativas serán más altas. Nuestros «problemas» serán muy distintos a los de antes. En agosto pasado, Akash, un joven indio de 22 años, lanzó iracundo al río un BMW 3 Series. Quería un Jaguar y su padre «solo» le había comprado un BMW. No sabemos más antecedentes, pero claramente los problemas de Akash eran muy distintos a los de sus ancestros. Si nos empobrecemos repentinamente, nuestra nueva normalidad, al cabo de un tiempo, hará que ajustemos nuestras expectativas, y conseguir un modesto empleo que nos dé de comer probablemente nos dará una gran felicidad en el momento.

Es importante este principio porque los seres humanos hoy, en esta «nueva» normalidad de progreso del mundo, tenemos ciertas expectativas. Y cosas que para nuestros ancestros eran definitivamente sueños, o ni siquiera podían imaginar, para nosotros son completamente normales. A escala local o nacional, y en plazos más cortos, puede ocurrir lo mismo. Y los progresos que nos hicieron felices a nosotros o a nuestros padres años atrás, pues ya no proporcionan felicidad alguna. Los damos por sentado.

Cuidado con la nostalgia y la mala memoria

El cuarto y último aspecto problemático está compuesto por una dupla mortal que camina de la mano: la nostalgia y la mala memoria. Recuerdo haber hablado una vez con una mujer alemana que contaba con cierta nostalgia su vida pasada en la República Democrática Alemana (RDA). Añoraba su Trabi, sus certezas, elementos de su entorno social y las seguridades que disfrutaba. Era la perfecta expresión de la Ostalgie, un término que juega con las palabras alemanas Ost (Este) y Nostalgie (nostalgia). Ahondando en los detalles, noté que estaba consciente de las carencias y restricciones de aquellos días en la Alemania comunista. Y de la superioridad occidental. Pero una fuerza sentimental embellecía selectivamente aquello que hoy echaba de menos. El psicólogo Steven Pinker apunta en su libro En defensa de la ilustración que en nuestra memoria autobiográfica, así como podemos recordar los eventos malos y los buenos, los infortunios personales se desvanecen con el tiempo a la vez que este último cura la mayoría de las heridas.

“Nada es más responsable de los buenos viejos tiempos que una mala memoria”

Si eso es cierto, y considerando nuestras abundancias actuales y nuestra presente normalidad, tiene sentido el que embellezcamos el pasado y añoremos con romanticismo determinadas cosas y momentos. «Qué bello era cuando escribíamos cartas» (pero lo cierto es que jamás nos hemos comunicado con más facilidad, más rápido y a tan bajo costo como ahora). «Qué lindo era cuando la gente conversaba cara a cara y no miraba el móvil cada segundo» (si nos quitan internet y nuestros móviles nos volveremos locos y perderemos una cantidad que ventajas que solo valoraremos cuando no estén).

Así que, como alguna vez dijo Franklin Pierce Adams, «Nada es más responsable de los buenos viejos tiempos que una mala memoria».

Ver el mundo con claridad

Evaluar nuestros progresos no es (solo) cuestión de «ver el vaso medio lleno o medio vacío». No es una discusión sobre el optimismo y el pesimismo ni sobre si somos ingenuos, demasiado soñadores o apocalípticos.

Nuestras percepciones y valoraciones tienen consecuencias prácticas y por eso es importante que estén modeladas por el pensamiento crítico y la honestidad. Nuestras acciones, incluso las que creemos inocuas, tienen potencial de impacto social: elegimos gobernantes; influimos en nuestros amigos, familiares, estudiantes o audiencias; impulsamos agendas; hacemos activismo; proponemos ideas; diseñamos políticas; manejamos proyectos; emprendemos, etcétera. Por eso la calidad de nuestros diagnósticos es tan importante. Solo así podemos establecer el estado de las cosas, trazar directrices y tomar acciones coherentes, como quizás recomendaría Richard Rumelt, autor de Good strategy, bad strategy: The difference and why it matters.

Adoptar los criterios y hábitos que hemos explicado, y que de seguro no son los únicos posibles, puede ayudarnos enormemente a identificar más precisamente las prioridades, los desafíos y las oportunidades. El progreso es un descubrimiento constante, lleno de incertidumbres y retos emergentes, que demanda nuestro ingenio y nuestra creatividad. Sobre eso tratará la tercera y última entrega de esta serie.

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Bibliografía:

[1] El título completo del libro es Factfulness: Diez razones por las que estamos equivocados sobre el mundo. Y por qué las cosas están mejor de lo que piensas.

[2] Kharas, H. y Hamel K. (2018). A global tipping point: Half the world is now middle class or wealthier. Brookings Institution. Recuperado el 29 de julio de 2019. Disponible en: https://www.brookings.edu/blog/future-development/2018/09/27/a-global-tipping-point-half-the-world-is-now-middle-class-or-wealthier/

[3] Recuperado el 29 de julio de 2019. Disponible en https://twitter.com/Oliver_Youtube/status/932665114414731264

[4] Oman not mediating, but in contact with all partiesover navigation in Hormuz (28 de julio de 2019). Arab News, Arabia Saudita. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en http://www.arabnews.com/node/1532036/middle-east

[5] Turkish students given text books justifying 9/11 attacks, slamming weak’ EU mirroring Erdogan views (28 de julio de 2019) Arab News, Arabia Saudita. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: http://www.arabnews.com/node/1532116/middle-east

[6] Syrie: les raids meurtriers du régime persistent sur le nord-ouest. (28 de julio de 2019). L’Orient Le Jour, Líbano. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en https://www.lorientlejour.com/article/1180732/syrie-les-raids-meurtriers-du-regime-persistent-sur-le-nord-ouest.html

[7] Nigeria: la présidence annonce l’interdiction d’un groupe chiite. (28 de julio de 2019). L’Orient Le Jour, Líbano. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en https://www.lorientlejour.com/article/1180711/nigeria-la-presidence-annonce-linterdiction-dun-groupe-chiite.html

[8] Tiroteo en Nueva York: un muerto y doce heridos durante un evento en Brooklyn. (28 de julio de 2019). La Nación, Argentina. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/tiroteo-nueva-york-muerto-doce-heridos-durante-nid2271994

[9] Putin se endurece con la oposición: 1000 detenidos en una protesta en Moscú (28 de julio de 2019). La Nación, Argentina. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/putin-se-endurece-oposicion-1000-detenidos-protesta-nid2271835

[10] Trump exacerba la retórica racial (28 de julio de 2019). La Nación, Argentina. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/trump-exacerba-la-retorica-racial-nid2271889

[11] Naufragio Libia, i corpi dei migranti lasciati sotto il sole per ore. (28 de julio de 2019). Il Corrirere della Sera, Italia. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://www.corriere.it/foto-gallery/esteri/19_luglio_26/naufragio-libia-corpi-migranti-lasciati-sotto-sole-ore-f04740b8-afa2-11e9-a962-3591a4d44a20.shtml

[12] I migranti nel campo libico: «Non torniamo indietro, in Africa c’è troppa corruzione e non c’è lavoro» (28 de julio de 2019). Il Corrirere della Sera, Italia. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://video.corriere.it/esteri/i-migranti-campo-libico-non-torniamo-indietro-africa-c-troppa-corruzione-non-c-lavoro/8413de00-af12-11e9-a3aa-bf10ee0de0b6

[13] Za špatné chování zákaz cestování i lepších škol. Čínský systém sociálních kreditů se má do roka rozjet naplno (28 de julio de 2019). Ihned, República Checa. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://zahranicni.ihned.cz/c1-66614780-za-spatne-chovani-zakaz-cestovani-i-lepsich-skol-cinsky-system-socialnich-kreditu-se-ma-do-roka-rozjet-naplno

[14] انفلات وتوتر في السويداء جنوب سوريا. (28 de julio de 2019). Asharq Al-Awsat, Londres. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://aawsat.com/home/article/1833581/انفلات-وتوتر-في-السويداء-جنوب-سوريا

[15] Boko Haram in Nigeria: 65 Menschen bei Anschlag getötet (28 de julio de 2019). Frankfurter Allgemeine Zeitung, Alemania. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://www.faz.net/aktuell/politik/ausland/65-menschen-bei-anschlag-von-boko-haram-in-nigeria-getoetet-16307333.html

[16] Mark Ruffallo questions 9-11 (3 de noviembre de 2007). Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?time_continue=93&v=eoQPR_lHL9k

[17] Marion Cotillard dérape sur le 11 septembre (2 de marzo de 2008). France24, Francia. Recuperado el 28 de julio de 2019. Disponible en:   https://www.france24.com/fr/20080302-marion-cotillard-derape-le-11-septembre-internet-cinema-video

[18] Haidt, J. (2006) The happiness hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom. Basic Books. Edición para Kindle. Pos. 1650

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Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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