Progresismo violento

Hace un par de días se canceló una charla en la Universidad de Berkeley, en California. Los organizadores de la conferencia dijeron, de repente, que no patrocinarían “ningún evento con gente que utilizase lenguaje ofensivo contra comunidades que ya estuviesen siendo atacadas”.

“Es lamentable que en nombre de nobles intenciones, como la justicia e igualdad, se asome esta intolerancia oculta y disfrazada de lo contrario.”

Evento cancelado y a devolver la plata por los tickets comprados. En la conferencia, Richard Dawkins, el destacado científico, hablaría de sus memorias publicadas hace un par de años. Dawkins, dijo la radio organizadora del evento —la KPFA, una radio por la “paz y justicia social”—, habría utilizado lenguaje ofensivo contra los musulmanes, por lo que no participarían, financiarían ni lucrarían —sí, lucran— con un evento que promoviera sus visiones. Dawkins es quizás uno de los más famosos críticos de la religión y, por qué no, del cristianismo, y como tal, dijo: “Nunca había sido bajado de ningún evento en su vida”. Es, de hecho, un intelectual de culto de la izquierda, y principalmente de quienes inician sus caminos al ateísmo.

“¿Por qué está bien criticar al cristianismo, pero no al islamismo? ¿Por qué darle este privilegio al Islam?”, se preguntó Dawkins, además de insistir que no ha hablado ofensivamente contra el Islam, y sólo ha criticado ciertas prácticas, principalmente las relacionadas con su misoginia y homofobia. Pero la marea beata de lo políticamente correcto no se detiene.

Al parecer, el hecho de que este discurso de intolerancia y censura contra quienes piensan distinto haya sido uno de los catalizadores de la ascensión de Trump es algo que simplemente aún no entienden estos gringos. Se les olvida que clasificar de “facho” a quien ve fútbol americano, no lee el New Yorker o no adora a Obama es absolutamente contraproducente pero, peor aún, es un acto de real fascismo. ¿O nos olvidamos la violencia por el payaseo de un bus de color rojo hace un par de semanas? Es de esperar que, en Chile, por lo mismo, no terminemos elevando a un símil de Trump, aunque la verdad, si esta violencia sigue, no sería de extrañar. Es lamentable que en nombre de nobles intenciones, como la justicia e igualdad, se asome esta intolerancia oculta y disfrazada de lo contrario. Tal como dijo un prominente poeta actual —y de izquierda, por si acaso—: “Cualquier persona que se sienta del club de los buenos y que los otros son malos sólo porque no piensa como tú es un fascista. Veganos, feministas, jipis, mariguaneros, etc.”.

Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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