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Patines para todos: El rol de la educación en el capital humano

El 2008 me tocó presenciar un entrenamiento de Rafael Nadal en Roland Garros. Era impresionante la pasión y el esfuerzo desplegados por alguien que ya lo había conseguido todo (tenía tres títulos ahí) y aspiraba a ser el mejor jugador de arcilla de todos los tiempos.
 
Luego de aplastar en la final de ese año a Roger Federer en tres sets corridos, el último 6-0, para el mallorquín vendría mucho más: triunfos, entrenamientos y otros seis títulos de ese Grand Slam, hasta completar este año la impresionante marca de 10.
 
¿Qué duda cabe que Nadal tiene un torrente de capital humano invertido en la práctica del tenis? La paradoja es que su talento y capital acumulado en este deporte lo invitaban a invertir más, no menos.
 
Es por eso que la educación (o entrenamiento) puede producir el efecto de aumentar la dispersión en la distribución de los ingresos (empeorándola en la visión de los igualitaristas), ya que el talento (heredado o adquirido) correlaciona positivamente con las horas de entrenamiento, y porque los retornos a educarse pueden ser crecientes. En otras palabras, la educación no es sólo un problema de oferta, también lo es de demanda.
 
Además de los ingresos, el incremento del capital humano mejora la salud de las personas, su estabilidad familiar, su capacidad de ahorro, de consumo, de educar a los hijos, en fin, de disfrutar de la vida.
 
Por ello, los retornos a la educación, que se estiman en un alto 10% para los países desarrollados, son aún mayores cuando se incorporan estos otros factores en la evaluación, llegando hasta un 15%, cifra que duplica los retornos esperados para capitales bursátiles.
 
Contra lo que se pensaba en los años 70, la rentabilidad del capital humano ha seguido creciendo. Un ejemplo: desde los 80 la brecha entre las remuneraciones de los trabajadores con y sin educación superior se ha duplicado en EEUU. Este cambio se explica por el progreso tecnológico, la globalización y la reducción del costo de las máquinas, tres factores que han aumentado la demanda por trabajadores calificados.
 
Si hubiera que destacar dos puntos clave en el capital humano, habría que recordar, primero, que sus cimientos (la educación preescolar) siguen siendo lo más importante para definir dónde invertir. El problema es que los pequeños ni marchan ni votan, por lo que, desafortunadamente, resultan postergados. En segundo lugar se debe tener presente que, en educación, el foco debe ponerse en la reducción y eliminación de la pobreza, más que en la desigualdad. En simple: patines para todos, aunque algunos corran más rápido que otros.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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