Parlamentarismo a la chilena

Desde el inicio de la crisis política hasta nuestros días, hemos comenzado a experimentar un parlamentarismo a la chilena. El poder se ha trasladado simbólicamente desde La Moneda a calle Pedro Montt s/n en Valparaíso. Ha sido el Congreso Nacional el que ha marcado la pauta. El acuerdo por la nueva Constitución y la paz (aunque de esto último tenga bastante poco avance), las acusaciones constitucionales contra el ex ministro del interior Andrés Chadwick y el presidente Piñera, son muestra de ello.

Parece ser que, de un tiempo a esta parte, los flashes, micrófonos y carpetas importantes se han radicado en nuestros congresistas. Ante un liderazgo presidencial inocuo, insípido, impredecible, equívoco y dudoso, han sido los presidentes de los conglomerados del oficialismo los que han tomado la batuta e intentado sacar a flote el barco. Dos de ellos parlamentarios.

“En abril, de resultar vencedora la opción apruebo, es muy probable que la institución de la Presidencia de la República, tal como se encuentra diseñada hoy, tenga presumiblemente los días contados”.

También han sido sus nuevos ministros que, con un aire fresco, dialogante e innovador, sortearon con éxito el paupérrimo espectáculo de la oposición en una semana de interpelaciones. En abril, de resultar vencedora la opción apruebo, es muy probable que la institución de la Presidencia de la República, tal como se encuentra diseñada hoy, tenga presumiblemente los días contados.

Existe un sentir y anhelo de trasladar poder desde esta última al poder legislativo, afín de obtener un mayor equilibrio entre ambos. Esto ha sido propiciado por el propio contexto nacional. Con todo, si se piensa en otorgarle un mayor poder al congreso, antes que eso es menester disciplinar la práctica parlamentaria. Citar al ministro Briones, para luego no comparecer, y casi poner término a la interpelación por quórum, es algo que solo la mezquindad de la izquierda puede hacer.
Esto retrasará el trabajo en las medidas de las urgencias sociales, que nuevamente, la llave de paso la tiene el poder legislativo. Parece prudente también prohibir el uso de carteles, finiquitar de raíz a las “barras bravas” de las galerías y las presiones indebidas de asesores a la legislatura.
Revisar lo que dice relación con asistencias y por supuesto con su tarea de abocarse principalmente a los proyectos de ley que dicen relación con las urgencias sociales y no a propiciar agendas aisladas y desconectadas de la realidad.
Antes de endiosar el parlamentarismo como el sistema político que podría darle cauce y salida a una crisis política, hay que tener en consideración las actuales falencias que posee su práctica en el día a día y la bajísima confianza de la población que reside en él. Solo un trabajo serio, dedicado y minucioso, que otorgue señales de compromiso político férreo con las prioridades que actualmente demanda el país- en materias como pensiones, salud y seguridad-, serán pasos adecuados para repensar el diseño político de nuestras reglas del juego en favor del Congreso Nacional.
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