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Pájaros y remolacha

Enrique Bunster, cronista del siglo pasado, dijo que el chincol era tan chileno que debería tener «el derecho a posarse sobre el Escudo Nacional, entre el cóndor y el huemul». Incluso ahondó sobre el intimidante gorrión europeo, invasor que amenazaba con erradicarlo, cuestión que no se cumplió. Se echan de menos estas crónicas que relevan a nuestros pájaros. Además, siempre es importante estar revisando el carácter de «ave nacional» de alguno de ellos. Puede que una solapada rebelión conservadora termine sacando al huemul del escudo, por promiscuo, y dejando a dos cóndores, por monógamos.

Quizás lo que falte es una revista de pájaros en Chile donde aparezcan estas reflexiones. Trile y Endémico son buenas, especialmente la última, pero generalistas. Mientras viví en Londres estuve suscrito a British Birds y Birdwatch, revistas de copuchas, polémicas, reseñas de libros y difusión científica acerca del mundo de los pájaros. Era emocionante verlas en el suelo, recién llegadas a casa (aunque incomparable con la ansiedad infantil de recibir a principios de los 90 las extintas Don Balón o Cazar & Pescar, que traía increíbles crónicas de la pesca de gigantes truchas en el Mapocho firmadas por un tal Amos Burn). Al llegar a Chile quise replicar las revistas británicas, pero fracasé. Quizás fue para mejor. Habría tenido que sufrir la inmisericordia del juicio público, las redes sociales y las buenas personas frente a un eventual y penoso cierre. ¿Habrá algo más insensible que cerrar una revista de pájaros? La fuga de lectores a internet, un mal manejo financiero o cualquier cosa que me obligase a cerrar me habría catalogado de mala persona, dañino, enfermo o inmoral.

Es otra consecuencia de la ambición de figuración moral, hoy tan de moda. Enojarse para sentirse bien. Tal como ocurrió con la revista Paula, cuyo lamentable cierre —o transformación— causó histeria en redes sociales. Qué más insensible que cerrar una revista femenina hoy en día. Hay que obligar al empresario a gastar plata como uno quiere. Esas son las ideas raras que se les ocurren a las personas hoy. Y ahora le tocó a lansa, una empresa menos taquillera, ya que la planta que va a cerrar sólo procesa azúcar. Lo insólito es que exigen el salvataje del Gobierno y éste quiere ceder. ¿Están a favor entonces también del polémico subsidio a las forestales? ¿O quizás, para salvarla, de dejar la “comida sana” y volver a comer azúcar? Además de dejar el vino para que las glamorosas viñas de hoy vuelvan a ser los campos de remolacha de ayer. No voy a ser yo —no soy jesuita— quien explique desde un pedestal las angustias de la cesantía o los matices del cierre de una revista, pero no se puede andar con ira por el mundo exigiendo al resto perder plata ajena. Si se puede alegar por tener botado el Bellas Artes, pero eso es porque es plata nuestra.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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