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Publicado el 12.02.2018

Nicolás Ibáñez: “Está la convicción de que hay que dar la lucha por las ideas”

Hace cinco años el empresario creó junto a un grupo de sus pares la Fundación Para el Progreso, donde colaboran futuros ministros y asesores clave del nuevo gobierno de Sebastián Piñera. Aquí da sus razones para apostar a ser un protagonista en la discusión ideológica con la izquierda.

Por: María José Ahumada y Gloria Faúndez

Los pasillos de la Fundación Para el Progreso han sido en las últimas semanas un punto de encuentro entre futuros ministros del gobierno de Sebastián Piñera. El canciller, Roberto Ampuero, y el titular de Educación, Gerardo Varela, pero también el ministro de Defensa, Alberto Espina, han coincidido en las amplias oficinas ubicadas en Providencia. Preparación de todo tipo -incluido coaching y consejos diversos- se dan en el centro de pensamiento fundado por el empresario Nicolás Ibáñez, quien por estos días disfruta del inesperado impulso que su think tank tiene a partir de la designación del primer gabinete del presidente electo.

¿Cómo interpreta que los dos futuros ministros cuyos nombramiento más sorprendieron -Varela, en Educación, y Ampuero, en Cancillería- sean estrechos colaboradores de esta Fundación?
Significa que el gobierno ha reconocido que el ideario liberal clásico tiene que servir de orientación porque ese es el ideario que ha sacado de la pobreza, la inequidad y la falta de inclusión a los pueblos. Si queremos realmente transformar a este país en un país desarrollado no porque tenga miles de torres, sino porque hay una clase media sólida, donde hay niveles de inclusión social y de solidaridad propio de un país desarrollado, se requieren las orientaciones propias del liberalismo clásico y no la de un socialismo trasnochado.

Lo mismo vale para Ampuero en Cancillería…
Lo mismo. Mauricio Rojas trabajó en el programa de gobierno y ahora llega al segundo piso que probablemente es el cargo más importante de todos estos señores, es mucho más importante que Ampuero y que Varela. Tiene que ayudar al Presidente a entender esto del malestar del progreso. Él lo ha estudiado muy a fondo y entiende que ese malestar del progreso no se enfoca en destruir un modelo, sino que pide un gobierno que se hace cargo de cosas que a la gente le preocupan, le asustan, le molestan y hacerlo mucho mejor de lo que podría haberlo hecho la Nueva Mayoría.

La discusión de los últimos años ha estado tensionada por las críticas al denominado modelo considerado neoliberal.

El espectro filosófico ideológico en Chile paulatinamente transitó hacia una concepción claramente socialista colectivista de la sociedad que le abre camino a un Estado preponderante y que con la excusa de resolver las inequidades del modelo surge una visión muy atractiva donde se cuestiona todo lo realizado. Principalmente un cuestionamiento muy crítico a los gobiernos de la Concertación y se cuestiona completamente todo este concepto de ir perfeccionando las ideas predominantes que se habían instalado, digamos que en los 80 y los 90, y que produjeron lo que pudimos ver en este país.

Esta discusión se consolidó durante el primer gobierno de Sebastián Piñera. ¿Le parece que se pueda exacerbar en este segundo mandato?

El país estaba caminando en forma eficiente, ordenada, en un proceso de perfeccionamiento continuo con los gobiernos de la Concertación y había un supuesto en realidad bastante explícito de que el país tenía que crecer, que tenía que fortalecerse económicamente, introducir mejores niveles de inclusión y de equidad en la medida en que el país podía. Y había un supuesto de que el foco es la dignidad de la persona, es decir, es la persona la que tiene el derecho a desarrollar su propio proyecto de vida y el Estado puede, a través de políticas focalizadas de asistencia por un periodo delimitado de tiempo, en que las personas que no tienen acceso a bienes básicos, como la educación y salud, facilitar los medios para que esa persona pueda lograrlo. Nos empezamos a dar cuenta de que ese consenso se empezaba a minar mucho antes de este gobierno de Michelle Bachelet y la proyección que veíamos era algo como lo que efectivamente se vio en esta administración. El único error de diagnóstico que yo hice es -y creo que nos sorprendió a todos- la virulencia extremista, dogmática, autoritaria, eso es algo novedoso. Por primera vez nos encontramos con un gobierno desarrollando una ideología extrema, con una virulencia y extremismo, donde se presupone que todo tiene interés económico.

Y es en este marco que nace la Fundación Para el Progreso…

Mi amigo Dag Von Appen estaba preocupado de lo mismo, entonces dije ‘hagamos algo al respecto’ y vamos a luchar por la libertad. Somos un país libre, pero si esto sigue prosperando nos podemos encontrar con un problema mayúsculo, ¿acaso Venezuela no era luz para toda la región? ¿25 o 30 años atrás, un país pujante, universidades, gente superculta, grandes empresas, un desarrollo económico y social?, y resulta que todo eso se vino abajo. Argentina, Ecuador, Bolivia, qué pasa aquí. Entonces ¿esto puede pasar en Chile? y la reacción era ‘no, por ningún motivo, porque somos distintos y además hemos avanzado mucho’, pero ojo, nosotros con Dag decimos ‘no, no hay nada garantizado aquí’, esto se nos puede dar vuelta radicalmente.

En su diagnóstico estaba que existía una debilidad en la derecha para confrontar esta situación a nivel más ideológico. ¿Es eso?

Así es y veíamos que en el ámbito de las universidades, los consejos estudiantiles, centros de alumnos, federaciones, ¡qué se yo!, estaban también dominados por personas que habían sido formadas en este acervo ideológico y nosotros estábamos absolutamente inermes ante todo esto.

¿Por qué cree que los partidos no eran capaces de hacer frente a esta discusión?

Hay una gran carencia de los partidos políticos. La UDI en sus inicios tenía una vocación muy popular y de formación de gente y con un planteamiento ideológico claro y eso se fue perdiendo. Renovación Nacional también, pero con el tiempo se fue perdiendo. Hubo complacencia, así que se debilitaron los partidos políticos, se debilitaron ideológicamente y se debilitaron orgánicamente, como entidades. En cambio, la contraparte tenía un complemento muy atractivo, una solidez ideológica, una visión mesiánica de cambiar todo, algo muy atractivo para la juventud. Mucho más atractivo que ‘no toquen nada esto está perfecto, estamos bien encaminados, esto es lo lógico, esto es lo racional’. Eso es otra cosa que hemos aprendido, en el sentido que lo racional y lo lógico, los números, la evidencia, no importan, en esta lucha eso no importa. No importa si crecemos más o menos, eso no es el tema. No importa si el país tiene o no tiene recursos. Se han dado batallas, que es una batalla puramente ideológica que tiene que ver con sensaciones, percepciones, ilusiones, tiene que ver con el corazón mucho más que con la razón.

¿No considera que existe algún grado de realidad a las críticas al llamado modelo? ¿Cómo entiende que surjan expresiones como el Frente Amplio, por ejemplo?

Hay un surgimiento de una clase media. El propio éxito de este proceso de 30 o 40 años genera una revolución de expectativas y un malestar del éxito, entonces estamos mejor, pero cambiaron mis expectativas. El racionamiento es que lo que tengo es insuficiente y encuentro que lo que me está dando el Estado es ineficiente; encuentro que están abusando de mí, encuentro que me pasan cosas que yo no controlo y estoy endeudado y eso me genera incertidumbre. Fui a la universidad, pero tengo una tremenda deuda y no tengo claridad si voy a tener empleo o no. Se generan una serie de temores legítimos y propios de este proceso de desarrollo. Y quién me va a ayudar si fallo, no quiero volver a caer en la pobreza. Ahora dónde está el error de diagnóstico que, me imagino, los partidos de la Nueva Mayoría lo tienen superclaro, en que a pesar de ese temor las personas mayoritariamente no querían volver atrás en la idea de hacerse cargo de su propio proyecto de vida.

¿Y esa es la clave del regreso de Piñera?

Esa es la clave del éxito de Piñera. El diagnóstico que hace toda esta gente del gobierno de la Nueva Mayoría en cierto sentido tiene razón, hay un malestar del éxito, pero del éxito, eso no significa que la gente esté dispuesta a sacrificar todo aquello que le permitió subir un peldaño, sino que ellos querían seguir subiendo los peldaños, pero ahora hay más temor, pero el cambio ideológico es que esto no hay que destruirlo, hay que cuidarlo, hay que perfeccionarlo, el Estado sí tiene un rol que jugar. La sociedad civil sí tiene un rol que jugar. Yo como individuo sí tengo un rol que jugar y no quiero que el Estado se meta a dictarme a mí lo que tengo que hacer.

¿Cuál es el rol que se le debe asignar al Estado?

Es un rol muy importante que es garantizar que tú puedas aportar. Lo garantiza porque tiene el monopolio de la fuerza, es decir, te garantiza tu libertad, para poder hacer lo que tú quieras en la medida en que no perjudiques la misma opción de otra persona de desarrollar su propio proyecto de vida. La primera e inalienable responsabilidad del Estado es garantizar la libertad y después tener una serie de cosas que incluye políticas sociales, porque no sacamos nada con tener la opción de libertad si, bueno, no tengo educación, por supuesto.

Usted ha dicho que los derechos sociales no existen. ¿A qué se refiere?

Los derechos sociales son una postura demagógica, muy atractiva en el sentido de que abre la ilusión de que hay algo que me pertenece y que me lo han quitado o que otra persona se ha apropiado de eso y, en definitiva, en nuestro mundo de los liberales pensamos que el único derecho que uno debiera tener es el derecho de libertad: hacer lo que yo quiero hacer, ojalá que el Estado no se meta ni en mi bolsillo ni en mi cama, yo sabré qué es lo que hago en mi plano personal. Puede haber en la derecha personas más conservadoras que digan ‘no, tenemos que dar una orientación, acerca de cómo te tienes que comportar, en tu calidad de mujer o de hombre, o en tu calidad de familia’ y eso en cierto sentido digamos que es normal, pero muy respetuoso en la medida en que no coarte mi libertad. La concepción de que hay un derecho y que necesito un tercero que me lo garantice es indigno. Lo que sí necesito es que nadie se apropie de mi espacio de libertad.

¿Cómo se explica usted que Piñera haya hecho suyo -por ejemplo- el tema de la gratuidad?

Yo creo que dado que la Nueva Mayoría y el Frente Amplio se la jugó por eso, yo diría que la plataforma política de un gobierno no puede basarse en un desmantelamiento de eso… diría que eso es una astucia política de dar por hecho que no se puede desmantelar esto y si se puede perfeccionar, perfecto.

¿Cuál cree que deben ser los ejes de la batalla con las ideas que se van a dar en los próximos cuatro años?

Los ejes son la libertad individual, la justicia, entendido entre la igualdad ante la ley, un Estado más eficiente, la modernización del Estado al servicio de las personas. En el centro de todo este planteamiento está una concepción de la dignidad de la persona que está alineada con los ideales del liberalismo clásico, que toma a la persona como el punto central, pero que entiende que la persona es también un ente social, que le preocupa más allá de sus intereses personales lo que pasa a su alrededor, por lo tanto, el bien común es el que obtenemos en comunidad y no lo que dicte un grupo de intelectuales en el gobierno, un poco lo que planteó Michelle Bachelet: no me importa que usted tenga la razón o no tenga la razón, que los números no cuadran, mire esto hay que hacerlo así, porque eso es lo justo, lo apropiado.

¿Y cómo se enfrenta esa batalla?

Nuestra actividad está focalizada en la formación de jóvenes que van a influir en el país en distintos ámbitos: en la política, en la educación, en la empresa, en la sociedad civil, en el mundo filantrópico. Estamos concentrados en lo que ha hecho muy bien la contraparte, del mundo socialista colectivista. Nosotros pretendemos ser una empresa intelectual formidable, en el sentido de colaborar en la formación de jóvenes que puedan entender, que puedan fascinarse, que puedan representar los ideales de una sociedad libre y responsable. Algo que pareciera ser obvio y que nosotros lo dábamos por descontado y no había mucha preocupación, preocupación por las políticas públicas, sí; preocupación por la alta intelectualidad del mundo liberal, también; pero formar jóvenes que puedan representar estas ideas y que puedan llevarlos a los centros de alumnos o puedan, efectivamente, participar en el debate público, esos jóvenes que después se integran al mundo laboral o al mundo social y efectivamente representan los ideales de una sociedad libre y responsable, nadie se ha dedicado a eso.

¿Y cómo se entiende que futuros ministros hayan salido de esta fundación para colaborar con el gobierno si dice que la tarea principal no está ahí?

Yo diría que la pelea política a corto plazo no está acá, pero evidentemente que el Presidente Piñera a raíz de lo que pasó en su primer gobierno, mi interpretación es que los últimos años de su gobierno no fueron, desde el punto de vista político, acertados porque no hubo continuidad y si uno mira el espectro de las ideas de un marco ideológico más orientado a las libertades, se pasa a un marco orientado al asistencialismo, al dominio del Estado, a los derechos sociales y ese es un desastre político. Creo que él ha aquilatado todo eso y se nutre del diagnóstico ya compartido por nuestro sector, la convicción de que hay que dar la lucha por las ideas y que aquí hay una lucha ideológica muy importante, y que esto no es pura teoría, sino que hay visiones distintas y nosotros no estábamos mucho en eso, sino que principalmente orientado a la eficiencia, al crecimiento económico, a las lucas, a la pega y a la gente le importa que las cosas funcionen, pero también a raíz del progreso y el malestar del progreso entienden que aquí hay algunos argumentos, por lo tanto, ciertos vicios de libertinaje empresarial. Entonces sale Piñera con un planteamiento mucho más ideológico, orientado a las libertades y a los proyectos de vida personal, pero también incorporando elementos, yo diría, de solidaridad del Estado o de la sociedad intermedia mucho más presente.

¿Qué le parece que Piñera haya designado en el Ministerio de Desarrollo Social al aún presidente de la CPC Alfredo Moreno?

Moreno, como el presidente de los empresarios, en los últimos meses se ha dedicado básicamente a educar a los empresarios en cómo ser buenos empresarios, cómo tener mayor sensibilidad social, cómo obtener la legitimidad social para operar. Muy buena su empresa, muy necesaria su inversión, muy necesario que traiga nueva tecnología, muy necesario que se expanda por Sudamérica, porque eso nos posiciona afuera, pero eso no basta. Además hay que hacer las cosas y hacerlas muy bien, entonces la visión integral de un empresario moderno, que no solamente se preocupa de la eficiencia y ojalá repartir dividendos a los accionistas, que implica un retorno necesario del capital, sino que ir mucho más allá que eso. Moreno no ha sido el presidente de la Confederación, jefe de un lobby de empresarios, no ha hecho nada de eso, dejó eso abandonado, se ha dedicado a agrupar a los empresarios, a conectarlos con las comunidades y enseñarles en múltiples reuniones que ha hecho en todo Chile, así que él no ha sido el presidente de los empresarios, para nada. Me sorprendió que aceptara el cargo porque él estaba en esa cruzada personal de educar a los empresarios, pero creo que está muy bien seleccionado.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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