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Publicado el 13.11.2017

Niall Ferguson “No pretendamos que la revolución tecnológica no tiene costos. Hay costos reales”

Por Luis Alberto Pino Gumucio – Publicado en El Mercurio Valparaíso, 12.11.2017

En el colegio Hogwarts, Harry Potter se termina de convertir en un mago, digamos, profesional. Allí, el personaje creado por J. K. Rowling, acaso uno de los fenómenos más notables de la literatura juvenil contemporánea, crece, sufre y experimenta la felicidad, pasa todo tipo de trances, amplía su mundo interior y exterior. Potter, en suma, madura.

“Hay una razón por la que las películas de Harry Potter son tan populares”, afirma el historiador británico Niall Ferguson, uno de los intelectuales públicos liberales más influyentes del mundo, antes de comenzar “formalmente” esta entrevista y a propósito de su experiencia como padre de cinco hijos.

“Para los niños, Hogwarts no se trata de magia, sino del hecho que es un internado”, asegura. Y sigue: “Los internados debieran ser universales, todos los niños y niñas de 13 años debieran ir a un internado. Debería ser un sistema universal, sería muy bueno para la sociedad porque sería, también, bueno para los niños de familias pobres, quienes estarían en la misma situación (que el resto). Creo en el internado universal para adolescentes. Es una solución radical, pero cortaría muchos problemas sociales”, asevera.

¿Es esa, acaso, una idea liberal?

-Podría serlo. Si piensas sobre nuestro sistema actual, son los niños de las élites los que van a los internados. Pero los niños que necesitan ir a un internado son los niños de las familias más pobres. Necesitan una oportunidad de escapar de la pobreza de sus padres y de los problemas sociales. Si lo piensas, es algo muy igualitario. He apoyado esfuerzos de internados británicos para que tengan becas para niños pobres y creo que el 10% o 20% de los estudiantes en los internados de élite debería provenir de clases trabajadoras. Creo en la movilidad social, esa es la solución a todos los problemas con los que luchamos; no se trata de nivelar hacia abajo, la solución es dar movilidad a personas que nacieron en familias pobres y que tienen talento.

REDES SOCIALES

Ferguson visitó esta semana el país con motivo del quinto aniversario de la Fundación para el Progreso, centro de pensamiento abocado a la difusión y educación en Chile sobre el ideario liberal. Autor de 14 libros y académico en las universidades de Stanford y Harvard, este intelectual de origen escocés se ha transformado en un referente mundial del liberalismo.

En su último libro, The Square and The Tower -que aún no tiene traducción al español-, sostiene que han sido siempre los creadores de redes (networkers) los verdaderos ejecutores del poder de la influencia, aún al costo de trastocar el orden jerárquico de toda clase de organizaciones. Y esto, en pleno Siglo XXI, con la irrupción de las redes sociales en internet, no tiene pocos y hondos efectos para la democracia liberal.

¿Cómo diría que las redes sociales y los cambios en la relación entre lo que usted denomina influenciadores y jerarquías han impactado en las formas más tradicionales de poder?

– Es un profundo desafío a las estructuras de poder establecidas. Si te fijas en los partidos políticos o en los gobiernos, lo que heredamos fueron instituciones de los siglos XIX y XX, las cuales son muy de arriba hacia abajo. Denomino a esto el problema de la vieja organización, aquella en la que en el muro de sus oficinas está el organigrama que muestra al primer ministro, al presidente, al presidente del directorio o al jefe del ejecutivo, en la parte superior, y luego toda la cadena de mando hasta las líneas de la parte inferior. Ese es el modelo de los siglos XIX y XX, el de una organización jerárquica. Yo soy el jefe, así que doy órdenes y las bases de la parte inferior hacen lo que les dicen. Este modelo es realmente militar, así es como funcionan los ejércitos y es como los ejércitos tiene que funcionar, ya que la defensa y la guerra requieren un comando de control centralizado. En un mundo interconectado en redes, en el que los tipos que están abajo se pueden comunicar entre ellos y pueden enviar información que vaya más arriba que sus superiores inmediatos, el organigrama jerárquico es una representación engañosa de cómo funciona una organización. La red social te muestra, por ejemplo, que el director ejecutivo o el presidente no son tan influyentes, porque no tanta gente, en realidad, se comunica con el tipo que está en la parte más alta. Hay, en realidad, dos gráficos: el viejo organigrama y y el de las redes. Vivimos en un tiempo en el que las tecnologías empoderan las redes, en el que es fácil para las personas más junior (de una organización) comunicar que el jefe es un imbécil. Esto hace que sea muy difícil transmitir desde la parte más alta hasta la más baja sin que el enemigo diga ‘esto es tan estúpido’. Así que aquellos que continúen operando con organizaciones de los siglos XIX y XX seguirán siendo sorprendidos por gente que los desafía mediante la explotación de las redes sociales y la tecnología. Creo que es por eso que (Donald) Trump ganó y que el Brexit ocurrió. Y creo que no hemos terminado con las sorpresas, ya que esta tecnología todavía está corriendo y tiene camino por recorrer, así que la disrupción de las jerarquías continuará.

Desde la perspectiva de la democracia liberal, ¿qué desafíos y riesgos implica esta situación?

– Número uno, poderes externos, los rusos, pueden fácilmente penetrar las redes. La seguridad en las redes es terrible. Es por eso que los ejércitos no se manejan como redes. Las redes son muy creativas, pero tienen una seguridad terrible. El riesgo número uno es que las redes sean penetradas por actores hostiles. Número dos, el hecho que en política no es necesariamente la verdad lo que es más probable que se viralice en las redes. Si estás en una red tratando de atraer seguidores o likes, la verdad no es necesariamente lo que tuiteas o lo que posteas en Facebook. Posteas lo que con mayor probabilidad atraerá atención, así que hay un incentivo para exagerar o simplemente para inventar, un incentivo para las noticias falsas. Las noticias falsas son visiones extremas y eso es, incluso, un peligro más grande que Vladimir Putin (el Presidente ruso). Esos dos peligros llevan a un tercero: si aquello en lo que crees es aburrido pero razonable, como que la economía de mercado funciona mejor, pero que hay un papel para el gobierno; si crees que tiene que haber algunas regulaciones ambientales, pero no tantas que maten tu economía; si crees que debería haber libertad de discurso, pero la pedofilia y el terrorismo no deberían estar online; si tus posiciones, digamos, son moderadas, estás en desventaja, porque es más probable que los populistas y los extremistas logren más atención que tú con tus posiciones moderadas y sensatas. Jeff Bush (rival de Donald Trump en la primaria republicana) tenía un montón de posiciones razonables; si leyeras lo que ofrecía, era bastante bueno, mientras que las posiciones políticas de Trump eran chifladas, como construir el muro, la guerra comercial contra China…, un montón de cosas que manifiestamente no van a ser fáciles de hacer. En este ambiente de falsas noticias y posiciones extremas, la política genuinamente práctica está depreciada.

Escuchándolo, pareciera que las redes y la interconectividad actuales fueran como la nueva bestia de nuestro tiempo y que aún no hemos encontrado la forma de controlarla . Incluso, en un reciente artículo para Foreign Policy, usted escribió que “no hay negocios que estén trabajando más duro en el mundo para eliminar trabajos como manejar un camión que los gigantes de la tecnología en California. Y ninguna compañía hizo más -aunque involuntariamente- para ayudar a los populistas a ganar en el Reino Unido y Estados Unidos en 2016 que Facebook”. ¿Hay algo en las redes que usted destacaría como positivo?

– Permítame distinguir entre bruto y neto. Todo fenómeno histórico puede ser objeto de un análisis costo-beneficio. Yo solía hacer esto con respecto al Imperio Británico. Mi argumento fue que muchas cosas malas ocurrieron, sin duda, como la esclavitud, la expropiación, pero también hubo beneficios. Diría que, puestas las cosas en su justa medida, el resultado neto fue positivo para la historia mundial. Hubo beneficios para la integración de la economía global, la inversión en infraestructura, la propagación de la alfabetización, la difusión de los valores británicos.

Y usted también destaca el hecho que nadie en las redes, en realidad, tuitea o comparte algo con lo que no está de acuerdo.

– A menos que tuitees algo para decir vaya idiota total que es esta persona, lo que después es retuiteado por pesonas que concuerdan en que esta o aquella persona es una idiota.

Un proceso de permanente autoradicalización, según usted.

– Ves ese proceso todos los días. Las personas tienen sesgos cognitivos. Amamos la información que refuerza nuestra mirada previa, de manera que si creo que el Arsenal es el mejor equipo de fútbol, estaré muy dispuesto a ver evidencia de que se trata, en verdad, del más grande de los equipos de fútbol. Nunca miraría los destacados sobre una derrota del Arsenal, sólo los de una victoria. Y estoy seguro de que todos los fanáticos del fútbol son así. Ocurre lo mismo en el terreno de la política. Es terrible, hace de nosotros científicos realmente malos, ya que por naturaleza queremos que la evidencia confirme nuestros sesgos. Internet es una máquina gigante confirmando nuestros sesgos y Facebook y Twitter están diseñados para confirmar nuestros sesgos. El algoritmo está diseñado para eso, para enviarte tráfico que valida tus hipótesis. Muy rápidamente, en días de habernos unido a la red, el algoritmo aprende lo que no nos gusta, lo que compartimos, y sigue enviándonos más de esas cosas. Esto pasa muy rápido, en un período de tiempo muy corto, estás en un filtro burbuja o en una caja de resonancia. Y no te quedas estático en ese filtro burbuja que te hace moverte a lo largo de todo el espectro (político): si eres de izquierda desde el principio, seguirás siendo de izquierda años después porque el filtro burbuja te dirá que la clase dominante de la plutocracia está sistemáticamente estafando a los trabajadores, te enviará artículos del The Guardian, de The Nation, no te enviará artículos del Wall Street Journal, que dejará de existir para ti. Ese es un problema grande.

Esto me lleva de vuelta a mi pregunta sobre el impacto en la democracia liberal, porque la verdad es que suena todo terrible.

– Es mucho peor para la democracia liberal de lo que nos hicieron creer. Porque lo que nos dijeron en los 90 fue que internet es asombroso, que iba a empoderar a los ciudadanos normales y corrientes, a los internautas, que iba a exponer a las autoridades gracias a la transparencia que permitiría, que socavaría los regímenes autoritarios, que a los chinos nunca se les permitiría controlar internet. Bill Clinton dijo que si los chinos trataran de regular internet, sería una tarea prácticamente imposible. Creímos munchas cosas ingenuas en los años 90. Resulta que los chinos pudieron hacerlo, que lejos de exponer a los gobiernos, los puede empoderar, así como las noticias falsas y las posiciones extremas. Está empujando a las personas fuera de la democracia liberal, hacia todo tipo de ideologías extremas.

En linea con eso, usted advierte de la posibilidad de que el populismo, tanto de izquierda como de derecha, se transforme en un fenómeno global, lo que sería malísmo para la democracia liberal.

– Algo que hemos aprendido durante el último par de años es que los mensajes populistas, de izquierda o derecha, funcionan bien online. En parte por algo tan simple como que 140 caracteres, incluso 280 caracteres en Twitter, no te dan mucho espacio. No creo que John Stuart Mill se hubiera sentido muy cómodo en Twitter, pero otra cosa es para (Donald) Trump o Bernie Sanders, con mensajes populistas del estilo ‘es todo culpa de los ricos’ o es ‘todo culpa de los inmigrantes”. Este tipo de cosas parecen funcionar realmente bien en redes como Facebook y Twitter. Puede haber cierta autocorrección, no me desespero. Hay una oportunidad: si los liberales clásicos somos inteligentes, aprendemos a usar las redes sociales, quizás podemos simplificar los mensajes. La mayoría de mis amigos son terribles para simplificar mensajes, no se sienten cómodos sin 10 mil palabras y pies de página. Toda mi carrera he tratado de utilizar la TV, el periodismo, para argumentar de forma simple y fácil de entender. El liberalismo clásico no necesita ser complicado, no necesita ser aburrido. ¡La libertad es una idea bastante excitante en 1776!, lo suficientemente excitante como para gatillar una revolución que lidera a la Independencia de América. Sólo tenemos que recordarnos que los ideales de la libertad también se pueden viralizar.

Entonces, raya para la suma, ¿es usted optimista sobre el futuro de la democracia liberal?

– Soy optimista porque la historia te lleva a ser optimista: estamos mejor que en 1977 y mucho mejor que en 1917. Pero no es una línea lisa y una clave para subir es aprender de los errores. Necesitamos aprender que hay un montón de patologías que necesitamos curar. Si lo hacemos, podemos aprovechar las redes para fines positivos. Pero eso no pasará por sí solo. Digamos que soy optimista, pero en balance neto.

Las opiniones expresadas en la presente columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan las de Fundación para el Progreso, ni las de su Directorio, Senior Fellows u otros miembros.


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